Bandera Olímpica en Río

Bandera Olímpica en Río

Eduardo Paes trajo desde Londres el emblema olímpico con el que comienza la cuenta regresiva para Río 2016.

Alonso Sanchez
14.08.2012

El alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, llegó a Brasil después de su participación en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y consigo trajo a Brasil la Bandera Olímpica con la que comienza oficialmente la cuenta regresiva para la próxima cita deportiva en Río 2016.

Con el emblema en sus manos, Paes paseó la bandera por las calles de la ciudad para posteriormente llevarla a las manos de la presidente Dilma Rousseff en Brasilia.

Pese a que de momentos todo es alegría, un grupo no menor de personas se manifestó a la llegada del alcalde la ciudad ya que para la construcción de la Villa Olímpica, muchas familias deberán abandonar las zonas que habitan.

Incluso hay varias familias que ya tuvieron que mudarse más de 30 kilómetros para facilitar la construcción de la ciudad que albergará a los atletas dentro de cuatro años más.

Incertidumbre por demoras

Retrasos en las construcciones, presupuestos excedidos y aeropuertos, carreteras y líneas de metro saturadas dan la impresión de que Río, la primera ciudad de América Latina en organizar los Juegos, tiene aún mucho por delante si quiere realizar el evento con la misma calma y eficiencia que lo hizo Londres.

Parte de la preocupación tiene que ver con la sensación de que Río de Janeiro, pese a su larga historia como atracción turística, está todavía rezagada en términos de desarrollo.

Pese a un reciente boom económico, una lluvia de inversiones atraída por los eventos deportivos y la carrera por desarrollar enormes reservas mar afuera de petróleo al sur de las playas de la ciudad, la falta de desarrollo sigue siendo notoria.

"Brasil y Río tienen cuatro años para hacer todas esas cosas que no han sido hechas en 400 (años)", dijo Alberto Murray Neto, un abogado en Sao Paulo y ex miembro del Comité Olímpico Brasileño.

La tarea es enorme y millonaria

El Ministerio de Turismo brasileño espera casi 400.000 visitantes extranjeros durante los Juegos Olímpicos, además de cientos de miles brasileños que acentuarán la congestión de aeropuertos, hoteles, carreteras e infraestructura en general.

Mientras tanto, los costos de los proyectos relacionados con los Juegos se disparan, en la medida que el auge de las inversiones y los elevados impuestos y costos laborales de Brasil inflan el costo de todo tipo de productos, desde las grúas hasta los cocos que se venden en la playa de Copacabana.

El costo final de los Juegos, temen los críticos, podría exceder ampliamente la previsión de 29.000 millones de reales (14.400 millones de dólares).

Congestión

Los aeropuertos de Río de Janeiro, igual que en el resto de Brasil, están saturados y operan al límite de su capacidad debido a un aumento del tráfico aéreo.

Los planes para construir un tren de alta velocidad entre Río de Janeiro y Sao Paulo, la mayor ciudad del país, están retrasados y las autoridades reconocen que no estará listo a tiempo para los Juegos.

Y las calles de Río de Janeiro, apretadas entre las colinas y el mar, están congestionadas diariamente por el tráfico.

"Desplazarse por la ciudad ya es casi imposible en circunstancias normales", dijo Christopher Gaffney, un profesor de urbanismo en la Universidad Federal Fluminense. "No veo cómo pretenden agregar más usuarios", advirtió.

La capacidad de los hoteles de la ciudad es tan reducida que incluso, después de agregar 10.000 habitaciones cuya construcción está prevista para los Juegos, las autoridades pretenden alojar a los visitantes en cruceros anclados frente a la ciudad.

Los operadores de hoteles, igual que otras industrias afectadas por las carencias del sistema educativo de Brasil, se quejan de lo difícil que es encontrar personal calificado.

Y los consumidores, mientras tanto, temen que los precios se disparen.

El Gobierno brasileño tuvo que intervenir este año para obligar a los hoteles de Río de Janeiro a reducir los precios con miras a una conferencia de Naciones Unidas sobre medio ambiente realizada en junio en la ciudad. Los hoteles estaban cobrando hasta cinco veces más del precio normal de las habitaciones.

Y luego están los problemas sociales, que complican la planificación.

La construcción de nuevas carreteras y vías de tren para comunicar las instalaciones de los Juegos Olímpicos en los suburbios del sur de la ciudad atravesarán algunos de los barrios más pobres de Río de Janeiro.

Los residentes de Vila Autódromo, una favela de 500 familias, son algunos de las decenas de miles que podrían ser desplazados por los proyectos del evento deportivo.

"Estamos comparando un país desarrollado con un país subdesarrollado que aún tiene mucho por hacer", dijo Murray Neto, ex miembro del Comité Olímpico brasileño.

Fuente: 24horas.cl con información de Agencia Reuters.


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