Alerta en Brasil por violencia en favelas de Río a meses del Mundial

Alerta en Brasil por violencia en favelas de Río a meses del Mundial

Los tiroteos diarios y la reciente muerte a manos de la policía de dos supuestos narcotraficantes están afectando a dos de las favelas de Río de Janeiro

Camilo Bravo
21.01.2014

A sólo cinco meses de que Río reciba a visitantes por el Mundial de fútbol, y a dos años de que la ciudad sea sede de los Juegos Olímpicos, las comunidades de Pavão-Pavãozinho y Cantagalo se preparan para lo que los residentes temen sea el regreso de una lucha interna de décadas por el control del lugar entre pandillas armadas y policías.

Las comunidades, que se extienden por las colinas cerca de los prósperos distritos costeros de Ipanema y Copacabana, figuran entre las favelas más emblemáticas de Río. Las dos favelas son señaladas por las autoridades como un éxito en la campaña para expulsar a los delincuentes de estas zonas usando una fuerte presencia policial.

Últimamente, sin embargo, la violencia en ambas favelas se ha reavivado.

"Pensábamos que las cosas habían mejorado", dijo Alzira Amaral, presidenta de la asociación de vecinos de Pavão-Pavãozinho, un denso muro de casas mal construidas que asciende una empinada cuesta cerca de la costa atlántica.

"Ahora, no sabemos qué pensar", agregó, lamentando el retorno regular de los tiroteos.

Se suponía que las pacificaciones allanarían el camino para el desarrollo de áreas desatendidas de Río, la segunda ciudad más grande de Brasil y un área metropolitana donde residen 11 millones de personas.

Las autoridades locales, petulantes durante un auge de una década que se esfumó justo cuando la pacificación tomó lugar, prometieron liberar las favelas de criminales y revertir décadas de abandono.

CULTURA DE VIOLENCIA

Hasta la fecha, 36 áreas han sido "pacificadas". Más de 9.000 policías patrullan las favelas, con 1,5 millones de habitantes. El éxito inicial en expulsar a las pandillas fue celebrado, pero las pacificaciones también fueron criticadas por meramente desplazar a los criminales a otros barrios.

Y ahora, el crimen, junto con un creciente malestar, está volviendo a las zonas pacificadas. Los residentes, que otrora recibieron con los brazos abiertos a los policías, están cada vez más decepcionados por lo que ven como una falta de inversión pública clave que se suponía seguía a la pacificación.

Mientras tanto, la policía enfrenta una reacción en contra en las favelas ocupadas debido a la opresión, violencia y otros supuestos abusos a los derechos humanos. Oficiales corruptos en Rocinha, otra conocida favela, fueron arrestados el año pasado por la tortura y desaparición de un albañil que a su juicio tenía vínculos con narcotraficantes.

Los narcos, al sentir el creciente descontento, han ordenado a las pandillas que recuperen territorios.

"Los criminales creen que ahora es el momento de contraatacar", dijo Alba Zaluar, antropóloga en la Universidad Estatal de Río de Janeiro. "Debido a la tensión y el enojo presentes en estas comunidades, es más fácil para las pandillas regresar e imponerse a través de una probada y verdadera cultura de violencia", agregó.

Pavão-Pavãozinho y Cantagalo, hogar de más de 10.000 personas entre ambos, fueron "pacificadas" en el 2009. Los residentes despertaron un día con la llegada de cientos de policías que establecieron una base en el área y la patrullan desde entonces.

Durante tres años, su presencia elevó las esperanzas de que las comunidades estuvieran listas para la transformación, pese a las cloacas abiertas y el servicio intermitente de agua y energía.

En octubre pasado, una pandilla armada se enfrentó a una patrulla de la policía en Vietnã, un intranquilo grupo de casuchas ubicado cerca de la colina de Pavão-Pavãozinho.

En un tiroteo, un policía mató a un sospechoso e hirió a otro, el supuesto líder de una banda de narcotraficantes. Se cree que este hombre se está recuperando pero la policía no lo sabe con seguridad.

Tiroteos esporádicos siguieron a la balacera de octubre hasta comienzos de este mes, cuando pandilleros y la policía comenzaron a enfrentarse diariamente. Además de las balaceras, los barrios enfrentan ahora con frecuencia explosiones de bombas caseras y granadas.

El viernes, la policía mató a un sospechoso que en su opinión era un capo de la droga de Cantagalo. Pandilleros, usando una táctica de los viejos tiempos, bajaron a Ipanema la mañana siguiente y ordenaron a las tiendas que cerraran en honor a su camarada caído.

El teniente Fabio Azevedo, subcomandante de la unidad de pacificación en las dos comunidades, dijo que los enfrentamientos eran parte de la ley de oferta y demanda.

Con pocos escondites restantes cerca de puntos turísticos, las pandillas ahora están restableciendo espacios desde donde vender drogas.

"Están tratando de volver, pero no los vamos a dejar", dijo Azevedo a Reuters.

Fuente: 24Horas.cl con información de Agencia Reuters.


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