Cómo influye la enseñanza municipal en el acceso a la educación superior

Los colegios públicos se anotan el menor puntaje promedio de PSU; sin embargo, el fracaso no dependería del tipo de sostenedor, sino de las desigualdades socioeconómicas que se producen entre alumnos.


Su madre la trajo a Chile con apenas 7 años. Su familia, en Perú vive en una situación vulnerable, “nosotras les enviamos dinero", nos cuenta; una inestabilidad económica de la que ellas se libraron, aunque pasaron por períodos de depresión emocional y violencia física. Hoy la vida sonríe a Carolina Bravo gracias, en gran parte, a la educación superior, pese a no tener los recursos necesarios para sostener los estudios de manera fácil.

Carolina Bravo, obstetra. Vive en Pudahuel. / Michael Brierley

Cursó la educación básica entre Ñuñoa y Pudahuel, no sin episodios de discriminación, pero el esfuerzo de su familia marcó la diferencia: "Mi madre se esforzó por conseguir una plaza en uno de los liceos emblemáticos", consciente de la importancia de una educación media adecuada para acceder a la universidad.

"Sus conversaciones (entre Carolina y los amigos del barrio) no eran las de ir a la universidad", como mucho se hablaba del instituto técnico, recuerda Blanca Aliaga, "entonces conocí a unas madres que me hablaron del Liceo Siete. Me levanté a las 5 y a las 4 de la mañana para ir a conseguirle una plaza". Entonces se sintió feliz de haber "descubierto a tiempo que había un mundo mejor" y orgullosa de "la perseverancia" de su hija.

Blanca llegó a nuestro país a consecuencia del terrorismo en Perú y la falta de oportunidades tanto para ella como para su hija. / Michael Brierley

Carolina se preparó para las pruebas de acceso tomando clases con un vecino ingeniero y consiguió entrar en el Liceo Siete de Niñas de Providencia (establecimiento municipal), donde hablar de la universidad "era un tema natural", recuerda. Sin embargo, "se notaban las diferencias con los chicos de comunas vulnerables", dice, aunque después "se nivelaban las notas".

"Si no hubiera estudiado Obstetricia, ¡no sé qué hubiera hecho!", confiesa Carolina quien trabaja hoy en el Hospital San José. / Michael Brierley

Tanto el liceo como la universidad "me cambiaron la vida", asegura Carolina con la determinación que todos la definen; y no sólo por las oportunidades laborales y económicas, sino "porque las amistades que hice en ambos lugares eran muy diferentes a las de la comuna". ¿En qué sentido?, preguntamos, "(ahí) había mucho vicio, mucho carrete, la mayoría de las chicas se quedaron embarazadas".

Carolina acompaña a Noelia a recoger a su hija de 5 años. Son amigas y vecinas desde hace 10 años. / Michael Brierley

Un entorno que ahora ve reflejado en su hermano, de 17 años, que "apenas sale", porque no se siente cómodo con  un ambiente "donde la marihuana es cosa de todos los días", así como las situaciones agresivas. Carolina Bravo es consciente de que su futuro podría haber estado vinculado a este ambiente de no haber encontrado mejores opciones de estudio.

"Carolina ahora tiene un trabajo estable que le permite soñar con otros proyectos. / Michael Brierley

Alexander Gavilán:
El apoyo es fundamental

Consciente de las ventajas de la formación superior es también Alexander Gavilán, aunque él se dio cuenta algo más tarde. Debido a problemas familiares, cambió varias veces de comuna y de colegios. Pasó por municipales y por subvencionados, hasta que a los 16 años "cometí el error de cabro chico y dejé la educación", afirma.

"Comencé a trabajar y me gustó tener mi propio dinero", narra pausadamente por teléfono. Con 17 años ya vivía solo, pero a los 21 (sólo con 2° Medio terminado) tuvo una crisis existencial y descubrió los colegios 2x1 del Hogar de Cristo. "La Fundación Súmate me propuso seguir estudiando”, comenta.   Ahora cursa su segundo año en Administración en Recursos Humanos.

" Un millón de cosas te da la educación superior", señala este joven de 25 años, quien prefirió no fotografiarse para este reportaje. "Mejores salarios, habilidades, perspectivas de superación personal", enumera.

"Es motivador que alguien te apoye", porque en general, "las familias con menos recursos tienen menos acceso a la educación superior, tanto por la escasa información como por los ingresos". Pero añade que el patrón puede romperse si "la persona quiere surgir".

Desigualdad de oportunidades

El motivo no tiene nada que ver con las capacidades intelectuales. "El 20% de los alumnos con mejor puntaje en la prueba PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, que mide los conocimientos de los alumnos al final de la educación obligatoria) ni siquiera rinden la PSU", explica la jefa de la División de Estudios de la Agencia de Calidad del Ministerio de Educación, Carolina Flores, sino que "depende de las oportunidades que has tenido en tu vida escolar".

La inequidad parte, entonces, en la educación básica y media; y tomando como referencia los resultados de la PSU, existen diferencias en los promedios de los establecimientos dependiendo del sostenedor. Si a esto le añadimos que los quintiles más pobres llenan las aulas públicas, la explicación parece evidente. Pero sacar la conclusión de que el fracaso está relacionado con el sistema municipal es erróneo.

" La educación pública no está en las mejores condiciones porque los municipios no han respondido de la mejor manera, pero, probablemente, porque no han competido en igualdad de condiciones" opina.

Manuel Sepúlveda, el director de Política Educativa de la Fundación Educación 2020

Según el artículo "Nueva Educación Pública: ley indispensable" publicado por Educación 2020, "mientras una comuna aporta $6.500 pesos por alumno al año, en otra el aporte anual llega a $1.500.000" por estudiante. Señalan, también, que un 20% de los municipios no cuentan con una persona exclusiva dedicada a dicha tarea y que el 40% de los DAEM o Corporaciones "no posee personal especializado en el área técnica pedagógica… y/o han sido contratados por razones clientelares".

Para solucionar el escenario, algunos apuestan por la ley de desmunicipalización, proyecto llamado "Sistema Nacional de Educación Pública" y que actualmente está en trámite en el Senado.

En el sistema de hoy la responsabilidad económica y técnico pedagógica de las escuelas y liceos viene desde el Ministerio de Educación. Sin embargo en algunas comunas, los municipios tienen la posibilidad de aportar recursos extraordinarios; lo que- aunque puede resultar beneficioso-provoca la desigualdad entre establecimientos.

Fuente: Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional.

La Asociación de Municipios de Chile (AMUCH) prefiere, en cambio, la descentralización y una mayor injerencia de los gobiernos locales, porque "la educación es un servicio más del municipio", explica el director de Estudios, Roberto Lagos.

Para AMUCH, la municipalidad "sólo es administrador" y los resultados deficitarios no se vinculan al tipo de sostenedor, sino que están relacionados "con los recursos insuficientes" entregados a las comunas.

Desde el Mineduc, Carolina Flores,  considera que “el problema no es de gestión municipal, sino de falta de políticas compensatorias".

"La calidad de la educación en el sector vulnerable tiene que ser, por definición, mejor que en los sectores no vulnerables" detalla Flores, "la alta segregación escolar significa que los niños vulnerables estén concentrados en ciertos sectores, lo que hace más difícil la tarea del municipio", gobiernos locales que, además, disponen de recursos concretos y que tienen que afrontar otras demandas, como sanidad, seguridad, áreas verdes, etc.

Existen algunas políticas como la Ley de Subvención Escolar Preferencial o el Programa de Acceso y Acompañamiento Efectivo para ingresar a la Educación Superior (PACE), "pero no es suficiente", concluye la experta.

Pero no todo depende de los recursos, sino que "el interés de la autoridad" es determinante en la gestión del área, dicen en Educación 2020, apoyar o no la 'desmunicipalización' no significa desentenderse de la tarea.

María José Castro:
No había dinero para la universidad

María José Castro, ingeniera Comercial. Vive en Puente Alto. / Michael Brierley

María José Castro, vecina de Puente Alto, completó la Básica en el colegio El Vergel de Providencia (municipal). "Era bastante bueno", afirma, "de hecho, cuando llegué a la Media, la mayoría de los contenidos ya los había visto. Las vacaciones no eran vacaciones", recuerda al comentar la exigencia del centro.

María José es Ingeniera Comercial y trabaja en una multinacional situada en el Parque Arauco. / Michael Brierley

Risueña y habladora cuenta que está acostumbrada a los trayectos largos desde pequeña, pues tras vivir en Providencia se cambió a un liceo técnico en Ñuñoa, para el que no tiene demasiados halagos. "Te enseñan (lo básico) para que cuando salgas a la vida no te pille volando bajo", explica.

Ni la exigencia en el Liceo Técnico era alta, "ni yo misma me sobre-exigí; me dejé estar", cuenta María José.

Su sueño era estudiar en la universidad, pero "no había dinero para pagarla", sus padres primaron la formación técnica "para que tuviera al menos un título profesional". Pero de nuevo el esfuerzo y el sacrificio de su familia dieron frutos. Con clases opcionales y la ayuda de amigos de sus padres, consiguió casi 700 puntos en la PSU y una Beca de Excelencia Académica; el pase definitivo.

Tarda dos horas en llegar de su trabajo a su casa, pese a ello, no se plantea aún vivir sin su familia. / Michael Brierley

En la carrera, notó diferencias con los alumnos que venían de liceos científicos-humanistas y matemáticos, donde "preparan para la PSU". "Matemáticas me costó, aunque contabilidad ya lo había visto casi todo".

Hoy lleva casi un año trabajando feliz en una multinacional. Es consciente de la puerta que se le abrió con su título universitario, pero es también ambiciosa. "Esto es solo el comienzo", dice con la ilusión de quien tiene aún muchas metas por seguir alcanzando. Por el momento, ya se plantea especializarse con un magíster en Control de Gestión.

Es la primera profesional de su familia; su hermano, ahora, sigue su ejemplo y retomó los estudios. / Michael Brierley

Valentina Muñoz:
No todos tenemos orientación

Valentina Muñoz, estudiante de Ingeniería en Biotecnología. Vive en Puente Alto. / Michael Brierley

De las desigualdades también es consciente Valentina Muñoz; hoy alumna de Ingeniería en Biotecnología, que cursó Básica y Media en el Complejo Educacional Consolidada de Puente Alto (municipal), comuna donde sigue residiendo.

Volvemos con ella a las aulas que la vieron crecer y de las que salió hace ya siete años. "Es un colegio exigente dentro de la comuna, pero no cuando lo comparas con los de otros barrios". Valora los esfuerzos de sus profesores para inculcarles "la puntualidad, el desplante en público, las técnicas de presentación", pero "daban poca materia y cosas fáciles".

Valentina sale del supermercado donde trabaja cuatro horas al día. "El horario es flexible" y no le entorpece los estudios. / Michael Brierley

El Complejo Educacional Consolidada tenía excelencia académica cuando Valentina salió de la universidad. Pero su experiencia no fue del todo satisfactoria: "Salí sin una buena base", dice, "pero no por el centro en sí, sino por el programa educativo de los colegios municipales".

" Los que vienen de colegios privados tienen mejor rendimiento, saben inglés e incluso parte de los contenidos del primer año (de la universidad) ya los conocen. Hay diferencias con los que llegamos de sectores como el mío, hasta si (los centros) tienen excelencia académica", asegura Valentina.

Las carencias radican también en la información. Valentina critica que fuera ya en la universidad donde se enteró de que existían las jornadas de orientación para indagar sobre las carreras.

Valentina Muñoz se decidió por una carrera técnica antes de la universidad para asegurarse de que "lo que iba a estudiar me gustaba de verdad". / Michael Brierley

"Aquí no es como los emblemáticos", asegura más resignada que indignada, donde "en 4° Medio te dan charlas sobre los estudios universitarios y van exalumnos" a contar su experiencia. En su caso, "una vez nos llevaron al DUOC", recuerda honestamente.

Cursó primero una carrera técnica y después trabajó, antes de volver a dar la PSU y convertirse en universitaria. No se arrepiente ni un momento de esa decisión, pues ahora está segura de que estudia lo que realmente le gusta y a lo que quiere dedicarse. Además, sus experiencias entre la escuela y la universidad le otorgaron un mejor colchón para afrontar la ingeniería.

 
Paga la universidad con un crédito, una beca, ayuda de sus padres y su trabajo, que combina con los estudios y el cuidado de perros callejeros de la comuna. / Michael Brierley

Una solución posible a un problema transversal

La calidad en la enseñanza es clave para optar por mejores oportunidades en el futuro, y en esto estamos al debe en Chile y no sólo en el ámbito municipal. "Es un problema transversal que requiere de políticas públicas", dice  Manuel Sepúlveda. El nudo crítico es "el nivel socioeconómico", agrega el experto.

El panorama queda claro al analizar los resultados de la prueba Simce, entre alumnos del sector municipal,  del privado y subvencionado; encontrando “diferencias de hasta 25 puntos", explican desde el Mineduc.

Aislando el componente socioeconómico, "esa diferencia se reduce a 5 puntos", asegura Carolina Flores, e insiste que "comparado el quintil más pobre con el más rico, hay una diferencia de 110 puntos SIMCE. ¡Es más que la diferencia (educativa) entre Chile y Finlandia!", exclama.

La llamada educación inicial podría ser la solución para emparejar el terreno, según lo afirma la subdirectora Ejecutiva de Elige Educar, María Paz Medeiros: "Entre los 0 y los 4 años es cuando mayores estimulaciones se generan en los niños y es ahí donde hay que entregar mejor educación; sobre todo en niños más vulnerables, para reducir las brechas socioculturales".

Una luz de esperanza que- junto con más  recursos y oportunidades para los sectores vulnerables- puede marcar la diferencia en vidas como las de Carolina, Alexander, María José y Valentina.

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