La deuda con la paridad de género

Paridad de género Sólo 43 comunas tienen una alcaldesa

La falta de financiamiento y apoyo, la escasa posibilidad de compatibilizar la vida laboral con la familiar y un espacio público dominado por hombres; son algunas de las razones que apuntan los expertos para explicar el déficit de participación femenina en cargos políticos. Una realidad evidente en las 345 comunas del país.


La paridad de género está instalada en el debate desde ya hace algunos años. Pero aunque han habido gestos a favor de ésta en el mundo público y privado, es un trabajo de largo aliento que sin duda surge con mayor fuerza en tiempos cercanos a elecciones, donde podemos analizar con más claridad la participación femenina en política y preguntarnos sinceramente ¿hemos avanzado?

Somos de los países de América Latina y el Caribe con menos mujeres en el Parlamento, pese a estar en una de las regiones con mayor representación femenina en la Cámara. Estamos al mismo nivel que los países árabes", afirma categóricamente la asesora de Género del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Elizabeth Guerrero.

La crítica es dura, pero los datos son contundentes. Sólo un 15,8% del Senado y la Cámara de Diputados está formado por mujeres en Chile; a nivel ministerial la diferencia es también notoria, sin embargo -como muestra el siguiente gráfico del PNUD- ha pasado de un 4% a un 23% desde la vuelta a la democracia hasta 2014.

En el plano comunal la tendencia es aún más baja, sólo 43 de las 345 municipalidades del país tienen alcaldesa; es decir, un 12,8%.

"Un porcentaje bajo sobre todo porque las mujeres son la mitad del país", apunta el director del Observatorio Político-Electoral de la UDP, Mauricio Morales, cifra que además no cambia desde 2004.

En el caso de los concejales, la representación femenina llegó al 25,2% en la última elección; lejos de la paridad, aunque más alto que los anteriores. La razón podría radicar en el sistema proporcional, donde se eligen entre 6 y 10 candidatos dependiendo del tamaño de la población; por tanto, la probabilidad de que entren mujeres es mayor.

Pero ¿por qué hay pocas mujeres en cargos electos?, la respuesta de Elizabeth Guerrero es directa y clara: "Porque hay pocas mujeres candidatas". Simple y llanamente.

Y, entonces, ¿por qué hay pocas mujeres candidatas? ¿Es cierto que a las mujeres les interesa menos la política? ¿Que votan menos? ¿Que militan menos? No. Todos son mitos.

Desde el PNUD aseguran que las mujeres votan en mayor proporción que los hombres (sin que el sexo del candidato sea un condicionante) y que militan casi de igual manera que ellos. Incluso, existen partidos donde el 60% de sus bases son féminas, como la UDI. "No es que no haya mujeres, es que no las ven", concluye Elizabeth Guerrero.

Jessica González, directora de Proyectos de Comunidad Mujer, define a los partidos como los "porteros que determinan quiénes compiten; y que tienen una estructura machista y jerárquica, con un dominio masculino, donde se reproducen los roles de género clásicos".

De nuevo, los datos muestran que, desde 1990 hasta 2010, un 18% de las sillas de las cúpulas de los partidos han estado ocupadas por mujeres. En el mismo período y atendiendo a cargos específicamente de presidentes o directores, hubo 28 representantes femeninas, frente a los 312 hombres.

Pero no sólo quedan fuera de la parte alta de la jerarquía, sino que el propio funcionamiento de los partidos "expresa estas construcciones machistas", añade la académica de la Facultad de Antropología de la Universidad de Chile, María Elena Acuña. Por ejemplo, "las mismas reuniones (donde se toman decisiones) son en horarios difíciles para las personas que tienen a cargo a otras", dice, y son generalmente ellas las que asumen esta tarea.

La senadora y presidenta del Partido Socialista Isabel Allende - que ha creado y apoyado varios proyectos en favor de la paridad de género- afirma que "si bien, históricamente, los partidos políticos han tenido una estructura organizacional masculina, esto ha ido lentamente cambiando, como lo demuestra el que así como yo, hoy hay muchas mujeres ocupando cargos de toma de decisiones en los partidos políticos tradicionales no sólo en Chile sino también en el extranjero".

"Sin dudas que estos son cambios lentos, que nos ha costado mucho introducir pues efectivamente el mundo de la política pertenece al ámbito público y la mayoría de las mujeres aún se insertan más en el espacio privado del hogar. Pero está cambiando", indica Allende.

"Los partidos políticos y el gobierno deben facilitar la incorporación de mujeres. Por ejemplo, la ley de cuotas es un paso importante para exigir a los partidos. Con esta exigencia estamos avanzando en fortalecer y capacitar a las mujeres que están dispuestas a militar y a ser candidatas", sostiene la parlamentaria de Renovación Nacional Paulina Núñez.

"No es culpa sólo de los partidos políticos ni culpa sólo de las mujeres. Necesitamos mujeres convencidas de que pueden optar a cargos de elección popular y que se pueda compatibilizar y para eso varias políticas públicas, familias y trabajo".

Diputada Paulina Núñez

El factor
Dinero

Al estar más alejadas de las redes de poder, las mujeres tienen más dificultades para financiar sus campañas, algo que para el académico de la UDP Mauricio Morales constituye la segunda causa de la sub-representación femenina. Las mujeres se postulan "cuando sienten que hay un apoyo", reafirma la asesora de Género del PNUD.

Al obstáculo monetario, se suma que "su sueldo es menor, entran más tarde en el mundo laboral, tienen más interrupciones en su vida profesional", recuerda Acuña. Barreras que se añaden a un terreno ya suficientemente hostil.

Los expertos cuenta la "autoexclusión" como una razón más del fenómeno, pues la carrera política de ellas suele ser más corta por falta de conciliación de su vida laboral y familiar, en un escenario donde las leyes de cuotas han llegado "20 años tarde", señala Jessica González.

En enero de este año se aprobó la indicación de paridad de género en la Ley de Partidos Políticos, para fomentar la representación femenina en cargos, tanto dentro de las formaciones políticas como en las elecciones Parlamentarias.

Por otra parte, se estableció un bono de 500 UF para los partidos por cada mujer electa y se aumentó la devolución por voto obtenido de 0,03UF a 0,04UF, tanto si salen victoriosas del sufragio como si no.

"Los hombres desarrollan más redes en el ámbito económico financiero y por lo tanto pueden tener más acceso al apoyo monetario que requiere la participación en los procesos electorales. Aún cuesta mucho que los hombres entreguen su apoyo preferencial a una mujer pero eso también ha cambiado, aunque sin duda queda mucho por hacer para asegurar la paridad en los cargos de representación política y esto empieza en los partidos".

Senadora Isabel Allende

Tres caminos
para llegar a la paridad

La deuda con la paridad de género

El director del Observatorio Político-Electoral de la UDP, Mauricio Morales, explica que existen tres caminos para trabajar por la igualdad en las instituciones políticas:

1La primera vía es el modelo que siguen países industrializados avanzados, como Dinamarca, donde "por la propia inserción de las mujeres al mundo laboral, han pasado a formar parte de la política como un paso natural del proceso".

2El estilo latinoamericano, por su parte, progresa hacia la igualdad "mediante leyes de cuotas, pero con sistemas de listas cerradas", que favorecen a las mujeres puesto que se vota a una formación y no a una persona.

3El tercer caso tiene que ver con la historia del país. "Cuando en la transición a la democracia", dice Morales, "hay grupos femeninos que trabajaron" por cambiar el modelo anterior, "esto se traduce en mayor presencia femenina en el Congreso".


Los expertos consultados valoran los recientes pasos dados en nuestro país, pero aún falta "generar las condiciones para que la mujeres lleguen a los espacios públicos y visibilizar su capacidad en la toma de decisiones", indican desde Comunidad Mujer. Además, los sistemas electorales de listas cerradas o los proporcionales, en lugar de mayoritarios, "son más amigables con las mujeres", apunta Elizabeth Guerrero.

Paulina Núñez afirma que "contar con estamentos de mujeres" puede ser un aporte. "En RN desde que asumió la mesa de Cristián Monckeberg formamos el estamento de mujeres y nos preocupamos de que hubiera uno en cada región. También es importante realizar capacitaciones y fortalecimiento a la labor que cada mujer haga en el partido para que se decidan ir de candidatas".

"Pasen a las alcaldías y se apliquen en todos los niveles donde se eligen representantes. El cambio será muy a largo plazo, con el riesgo de continuar ideologías dañinas para nosotras".

María Elena Acuña, antropóloga y doctora en Estudios Americanos

Por su parte Isabel Allende comenta que una buena medida es "tener cuotas de representación para asegurar que las mujeres vayan en todas las elecciones internas de los partidos".

"Hay muchas otras medidas que se pueden tomar, por ejemplo, establecer nuevos código de ética que aseguren el respeto a las mujeres y a la diversidad. Si no hacemos cambios fundamentales en el modo de participar al interior de los partidos corremos el riesgo de la obsolescencia", sentencia la senadora.

La ausencia de mujeres en las instituciones implica un sesgo en la toma de decisiones, pues falta la visión y experiencia femenina, y dificulta "que la equidad de género esté en el centro de debate político", confirma Acuña. Además, la no presencia de mujeres es un 'mal ejemplo' para las generaciones futuras: las niñas requieren de modelos femeninos para interesarse y participar en la política.

La deuda con la paridad de género

Algo queda claro de la discusión:
la paridad debe importar a hombres y mujeres, para avanzar hacia una sociedad más justa e inclusiva, donde las instituciones reflejen la diversidad de su sociedad en todos los cargos públicos y políticos. Un escenario, por el momento complejo; pues más de la mitad de la población se encuentra representada de manera deficiente, paradójicamente, en uno de los 19 países del mundo gobernados por una mujer.