El frágil sistema municipal en la lucha contra la violencia hacia la mujer

El aumento de los femicidios ha puesto en alerta a las autoridades en los últimos meses; un debate que no está ajeno a las Elecciones Municipales si sabemos que una de las autoridades más cercanas a la que una mujer violentada puede acudir es el gobierno local. Pero, ¿es realmente una prioridad para los alcaldes y concejales? ¿cómo funciona el sistema para ellas?


Carmen, de 32 años, escapó de su hogar cuando su pareja la golpeó y quemó con cigarros. Se dio cuenta que podía terminar muerta. Pidió ayuda en el Centro de la Mujer de su comuna y el mismo abogado asignado la acompañó en todos los procesos de denuncia.

“Mi mayor miedo era perdonarlo. Volver. Que él me convenciera de que no me iba a hacer daño”, explica.

Su caso era extremo. Como medida de precaución se le entregó una pulsera de alerta por si el victimario daba con su paradero. Inició la denuncia pero no siguió el proceso. Hace meses que ya terminó sus sesiones psicológicas, pero sigue visitando el centro una vez por semana con las compañeras con quienes compartió los momentos más duros; juntas cuidan un árbol que plantaron durante la terapia.

Como Carmen, muchas mujeres son violentadas por sus parejas, sólo el año 2015 fueron registradas 96.650 denuncias por violencia intrafamiliar, de las cuales 75.391 fueron por agresión hacia la mujer.

Cuando ellas se atreven a pedir ayuda, generalmente lo hacen en Carabineros o en la municipalidad de su comuna. Tal como lo explica el director ejecutivo de la Asociación de Municipalidades de Chile, Andrés Chacón, "si las víctimas necesitan una red de apoyo van a los municipios. Muchas veces ven a la municipalidad como algo más cercano que el Sernam".

En esta etapa cumplen un rol fundamental los Centro de la Mujer, lugares que desde el año 2000 ofrecen atención gratuita y donde se aplican los lineamientos elaborados por el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género. Tanto el presupuesto, como la infraestructura y el servicio es entregado en conjunto por el ministerio y los ejecutores; estos últimos pueden ser privados o públicos, entre los que están los municipios.

La directora del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, Laura Echeverría, comenta que “las municipalidades se han constituido en los principales ejecutores de los dispositivos de atención y prevención de la violencia contra las mujeres, mediante la suscripción de convenios anuales”.

Me escapé a la casa de mi mamá. Ella me dijo: ‘Vamos a la municipalidad a ver qué pasa’. Yo estaba muy mal. Me habían quitado las cosas… a mis tres hijos. Tenía cortes y quemaduras, apenas me podía mover. La asistente social me intentó ayudar, pero yo no le creía nada porque él me lavaba el cerebro de tal manera que yo no creía en nada”. Testimonio anónimo.

Sin embargo, al no existir una norma específica sobre violencia, hay muchos factores que determinan cómo los gobiernos locales enfrentan el tema; partiendo por el presupuesto disponible.

“Los recursos los coloca el Sernam y son administrados por el municipio. A veces el alcalde es el que pone más dinero, pero hay que entender que los municipios tienen necesidades múltiples y recursos limitados”, afirma Chacón.

Edgardo Vilches de la Asociación Chilena de Municipalidades, reafirma lo anterior y comenta que “efectivamente, al no existir una norma específica que obligue directamente a los gobiernos locales, no es una materia lo suficientemente abordada por no contar con financiamiento como se querría en todas las comunas de Chile”.

Uno lo ve como natural… yo me enojaba y peleaba con él porque llegaba ebrio y discutíamos, pero al día siguiente se portaba excelente. Lo encontraba genial porque me compraba lo que quería, como un premio. Claro que me molestaba lo que él hacía y me daba pena. Pero ¿por qué cresta no agarré a mi hijo y salí a trabajar? Porque yo lo encontraba casi natural”. Testimonio Anónimo

Por otro lado, es determinante el interés que las autoridades comunales tienen en el fenómeno. Según Ana María Arón, psicóloga y fundadora del Centro del Buen Trato UC, el promover la no-violencia puede ser un asunto que no sea de atractivo electoral para los alcaldes, como sí lo es renovar una plaza. “Si uno piensa que las mujeres son el 50% de los electores, debería vender la idea. Es pensar en ti, en tus hijas, en tus nietas”, afirma.

Pero muchas veces el enfoque al tema no concuerda entre la alcaldía y el ministerio, es ahí donde las municipalidades gestionan sus soluciones al problema, con presupuesto e ideas propias. “Es natural que la mayoría de las municipalidades sigan los programas, pero siempre son muy marcados por la personalidad del Estado y eso a veces no coincide con los lineamientos del alcalde de la comuna”, insiste Chacón.

Un largo viaje

En Chile no todas las comunas tienen Centros de la Mujer, estos son instalados según un cálculo de densidad poblacional, cantidad de denuncias por violencia intrafamiliar y número de femicidios. Una realidad que sin duda complica aún más el panorama de alguien agredido.

Laura supo que necesitaba ayuda luego de que su pareja la golpeara por última vez una noche en la que llegó ebrio. Fue hasta el consultorio por asistencia psicológica, después de algunos meses le dijeron que podían atender solo a una persona de su familia. Prefirió que fuese a su hijo. Desde allí le recomendaron ir al Centro de la Mujer de la comuna colindante, lo que significaba trasladarse una vez a la semana y encargar al niño con alguna vecina.

Reconoce que “en su momento” le ayudó mucho; “pude abrir los ojos y entender lo que estaba viviendo”, pero que la asistencia es superficial y no es ni profunda, ni a largo plazo. Cansada del costo y tiempo que significaba trasladarse, abandonó las terapias grupales y acudió a la Corporación de Desarrollo Integral de la Familia (CODEINFA), una ONG que desde 1994 atiende a las víctimas en el Centro de Atención y Prevención de la Violencia Intrafamiliar y Maltrato Infantil. Para ella ésta fue una mejor alternativa por la cercanía a su casa y porque además tiene acceso a sesiones individuales.

Lo que más le preocupa a Laura sobre las mujeres que viven situaciones de violencia, es la falta de una red de apoyo que conecte las distintas instituciones que ayudan a las víctimas. Así, podrían sentirse más confiadas y protegidas.

Pero, “cada alcaldía puede dirigir su gobierno como quiera. No está amarrado previamente a tratar la agresión contra las mujeres”, confirma la asistente social Beatriz Vargas, quien ha trabajado en varios Centros de la Mujer. “Desde el Sernameg se insta y se impulsa para que se invierta, pero es un tema que se cruza con la política. A muchos, el tema de la igualdad de género y los derechos de la mujer les provoca escozor”, señala.

La primera denuncia que hizo Gracia (60) contra su ex pareja fue en 2008. Pese a vivir en un sector acomodado de la capital, fue el abogado de una comuna lejana a su hogar quien le brindó apoyo.

“Mi comuna no tiene un Centro de la Mujer y si la municipalidad tenía algún programa nunca lo encontré. Pero agradezco haber llegado allá porque recibí ayuda que no tenía cómo pagar”.

Por dos años Gracia acudió al menos una vez a la semana a reuniones grupales. “Mucho tiempo sufrí violencia psicológica y económica a concho. Mi caso es especial porque yo soy muy sola. No tengo papá ni mamá, no tengo familia. Acudí porque no tenía cómo pagar un psicólogo”, detalla.

Ana María Arón, del Centro del Buen Trato UC, sostiene que la falta de centros es un error por parte de los municipios. “Está el fenómeno de que las comunas más ricas corresponden a gente que no necesitan el sistema social, sino que pagan ayuda profesional privada. Lo que es una paradoja, porque podrían tener unos centros maravillosos”.

La realidad es que los sectores altos tienen menos Centros de la Mujer a disposición de las afectadas. Lorena Astudillo, coordinadora Red Chilena contra la Violencia a la Mujer, apunta al estigma social como una de las causas: “aceptar terapias grupales no es algo que pase en el sector alto. Se cree que lo municipal es para “pobres” y no se ve como un espacio territorial compartido. Ellas pagan por sus abogados o se van a otros países a recibir tratamientos”.

En las comunas donde no hay Centros de la Mujer, el ministerio- en su plan para ampliar la cobertura entre 2015 y 2018- crea “convenios intermunicipalidades, en los cuales se brinda un espacio de atención”, afirma Laura Echeverría. Además se incentiva la postulación de proyectos al Fondo Nacional de Desarrollo Regional para atención de centros móviles, duplas psicosociales de atención, entre otros.

Yo no me maquillaba porque las mujeres no se maquillan. Y si lo hacía, era una puta. Si quería salir y hablaba demás era porque quería llamar la atención. Y si adelgazaba… era mejor mantenerme gordita. Y buzo, siempre buzo. Entonces después llegué al Centro y escuché las mismas palabras en esas quince personas del grupo. Esas quince personas hablaban mi mismo idioma.”Testimonio anónimo.

Las otras barreras

Las posibilidades de que una mujer que sufre violencia deje el tratamiento son altas. Las razones no sólo se reducen a la voluntad de querer sanar; hay barreras como los trámites policiales o la empatía de quienes se encuentra en el camino que pueden ser trascendentales para salvarle la vida.

Ana María Arón se refiere a la formación del personal que trata con las víctimas como una tarea que requiere de refuerzo constante. Hace hincapié en que “no sólo los funcionarios que trabajan con violencia, sino que todos, incluyendo a carabineros y municipios”, deben estar preparados para enfrentar el caso de una mujer agredida.

“Cuando en Carabineros o donde sea, preguntan: “¿Qué hiciste?”, eso ya es un fallo, ya que quiere decir que si ella hizo algo malo se justifica la violencia. Ese es el terreno más fino. Al hacer capacitaciones hay que enfatizar en no preguntar el ‘por qué’. Es distinto decir: descríbeme lo que pasó.”

La sicóloga del Centro del Buen Trato UC Andrea Machuca, asegura que también se necesita un cambio cultural: “Eso de tratar a las mujeres de Mijita, mamita en una actitud sobreprotectora, es decir, (la otra persona) te ve como débil”, apunta.

En el Centro me enseñaron a hablar con la verdad y yo les enseñé a mis hijos que todo lo que él me hacía estaba mal. Que haberme hecho llorar estaba mal. Les enseño que no solo las mujeres se visten de rosado. Que los hombres también pueden. Que no solo la mujer juega con muñecas, los hombres también pueden".Testimonio Anónimo

Otra de las trabas que hacen que las mujeres se alejen de una posible mejoría es el trámite de la denuncia. Francisco Merino, psicólogo de la Corporación de Desarrollo Intergral de la Familia, insiste en que “el Sernameg por política pública tiene que abrir Centros en la medida que haya demanda. Pero la verdad es que no todas las mujeres que sufren de violencia realizan denuncias”. Una realidad que posiblemente esconda una deficiente cobertura.

“El sistema está hecho para que uno abandone la denuncia. Una vez me dijeron que mi problema no tenía solución, pero yo seguí. Mi expareja me perseguía, nos tiraba el auto encima a mí y a mi hijo ¿Qué tengo que esperar? ¿Que me pillen botada sin ojos? Ahí la única culpa va a ser la del sistema”.

El factor del dinero vuelve a asomarse al pensar en cómo retener a las pacientes hasta el fin de sus tratamientos. Tomás Honorato, abogado y director ejecutivo de la Fundación Honra, ve la falta de recursos como un problema si lo que se requiere es determinar cuántas mujeres asisten a las terapias grupales y cuántas desertan; y así tener una referencia del éxito del programa.

“No se les puede hacer un ‘rescate’, es decir, ir a buscarlas para preguntarles por qué no siguen asistiendo al Centro. No contamos con vehículos para hacer visitas domiciliarias”, pero “lo que le importa a las municipalidades es cumplir las metas”.

En este sentido Machuca asegura que “las metas son buenas para el MOP; cuántos caminos, cuántos puentes. Pero extrapolar eso al trabajo con personas, es absurdo. Se adecúan las atenciones en el cumplimiento de metas y no al revés”.

La percepción varía según la zona y la beneficiada. También hay experiencias positivas respecto del seguimiento.

“Mi municipalidad se ha portado increíble con nosotras. A mí me ofrecieron una pulsera que chilla como loca si siento miedo, tú tiras un cordelito y tiene que llegar Carabineros. O si estás siendo maltratada te pueden llevar a otro hogar donde puedes estar un tiempo. Además que la abogada aquí no te deja sola, si tú faltaste te vuelve a llamar. Se han preocupado de todo”.

Tarea de todos

Con fallas o no, lo cierto es que los organismos dedicados a prestar a ayuda a una persona maltratada han sido esenciales para muchas mujeres.

“Prevenir el fenómeno de la violencia contra las mujeres y brindar atención directa a éstas, es una tarea de Estado y de la sociedad en su conjunto, por tanto, están todas las instituciones públicas convocadas a actuar”, afirma la directora del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, Laura Echeverría Correa.

En lo que a los Municipios atañe, algunos creen que deberían tener un rol articulador más potente para desarrollar acciones en conjunto entre distintas instituciones de salud y seguridad.

”Lo relevante es que la gente sepa por quién está votando, conocer a los candidatos. La gente se basa mucho en las fotos, si es limpio y ordenado. Pero ahí uno corre peligro como con el excandidato a concejal de Talca.”, concluye Machuca.

Antes corría por mi casa con miedo. Hoy puedo correr riendo. Entendí que a nadie le gusta que lo maltraten. Uno entra en el mundo de la violencia por una puerta muy ancha, pero para salir hay una puerta muy chica.”Testimonio anónimo