El escalofriante relato de Nieves Ayress, torturada en Tejas Verdes y Londres 38

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La exdirigenta del MIR, la misma que hace unos días encaró a Cristián Labbé, entrega detalles de los vejámenes a los que fue sometida durante la dictadura. La idea, aclara, es que hechos de esta naturaleza nunca más vuelvan a ocurrir en Chile. Advertimos que el contenido de esta nota puede ser muy fuerte.

Elkjaer Lobos
16.12.2014

Nieves Ayress vive en Nueva York, en Estados Unidos, pero por estos días se encuentra en Chile para encabezar una cruzada para que los delitos sexuales cometidos bajo torturas en el régimen militar sean tipificados en el Código Penal y así los condenados sean castigados por estos vejámenes.

Alejandra Holzapfel, Soledad Castillo y Nora Brito, la siguen en esa causa y hoy te mostramos la segunda parte de la entrevista concedida a 24horas.cl.

En esta ocasión, Ayrees ahonda en las torturas que recibió en dos de los centros de torturas más tristemente conocidos en la dictadura, Londres 38 y Tejas Verdes, por lo que advertimos que su relato puede ser especialmente sensible para algunas personas.

 

 

"NI PERDÓN NI OLVIDO"

Sorprende la fortaleza de esta ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) para relatar lo vivido cuando fue torturada por el exdirector de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), Manuel Contreras, quien ha sido condenado por múltiples delitos contra los Derechos Humanos.

"Yo lo vi en la tortura a Manuel Contreras, junto a otros torturadores. A mí me tenían colgada del techo, amarrada, con la venda y con los espacios que se hacían en la venda, lo pude ver. Él daba las órdenes, me maltrató y me gritaba, junto a los otros militares que estaban ahí", relata Ayress.

Sobre su paso por Londres 38 reflexiona: "Ahora paso por ahí y digo: 'las calles tan estrechitas' y me dicen que la gente no sabía nada, pero es imposible que la gente de la calle Londres no supiera, imposible que no hayan escuchado los gritos que venían de Londres. Todos los días llegaban camiones frigoríficos grandes que venían con los prisioneros políticos encapuchados. Por miedo la gente no habló".

"Ellos (los torturadores) colocaban la radio fuerte, pero los gritos se escuchaban. Además es anormal que la radio funcione toda el día y toda la noche (...) Ahí se cometieron las aberraciones más grandes y muchos compañeros fueron asesinados y muertos en la tortura", recuerda.

"Pero a la gente le cuesta creer que eso pasó", remarca y, con la misma fuerza, agrega: "ni perdón ni olvido por las atrocidades que cometieron los militares. Yo no voy a cometer lo mismo que hicieron con nosotros, porque para eso hay una justicia".

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"LA ORDEN ERA DESTRUIR NUESTRAS VAGINAS"

La conversación va avanzando y, por orden natural, vamos entrando a lo que vivió durante los cuatro años que estuvo privada de libertad, hechos que la impulsaron a viajar a Chile hace seis años para declarar contra Manuel Contreras e iniciar una campaña para que Chile cumpla los tratados internacionales que ha firmado.

Por respeto a la verdad, el testimonio que te presentamos está levemente editado.

"A mí me torturaban y me metían botellas en la vagina, me metían palos por el ano y a muchas compañeras hacían lo mismo con objetos. La orden que había en ese momento para los militares era destruir la vagina de todas las que éramos jóvenes y estábamos en período de reproducción".

Y continúa su relato: "Nos destruyeron la vagina y el útero para que no fuéramos reproductoras de revolucionarios y comunistas. Esa fue la orden que les dieron (a los militares) (...) Aparte de ser prisioneras poíticas, nos torturaban por ser mujeres. Ellos (los torturadores) nos decían 'ustedes son mujeres y no tienen que estar metidas en esto (política)'".

"Lo sexual no es solo que te abusen. A mí me formaban con un grupo de soldados y me obligaban a tener contacto sexual bucal con ellos. Estando desnuda, ellos eyaculaban y terminaba bañada en semen. Aunque no quisiera hacerlo, te pegaban y te seguían torturando", señala.

"El 98% de las toruras eran de tipo sexual y en Chile hay miles mujeres que fueron violentadas sexualmente, aunque los hombres también. Yo conocí un caso de un hombre que fue violado", relata.

Londres 38 por dentro.  

Por más que relata esto, Nieves se muestra entera y no decae su voz para denunciar lo que por muchos años quería decir en Chile, donde los medios de comunicación muchas veces no le dieron tribuna.

Solo cuando se le pregunta cómo ha tratado de superar esto, su voz se quiebra y sus ojos se vuelven vidriosos.

"En eso (superarlo) me ha ayudado mi familia, mis amistades, mis compañeros y compañeros. Claro que quedan muchas secuelas y marcas, por ejemplo, yo tengo marcas porque me cortaron las orejas y el vientre, pero cuando uno tiene la conciencia clara de por qué están luchando, eso también ayuda bastante. Nosotros queremos un mundo mejor para la humanidad, un mundo mejor para nuestros hijos y nietos. La lucha es así y la lucha dura muchos años", reflexiona.

"La justicia y el pueblo se encargará de hacer justicia", remarca.

Acá revisa su relato sobre las torturas, aunque advertimos que el contenido puede ser altamente fuerte para algunas personas:


ENCUENTRO CON SU TORTURADOR

Hace un tiempo, Nieves tuvo acceso a una declaración de un torturador de apellido Valenzuela quien confesaba haber participado de torturas a una tal Valeria, su nombre político.

Ahora, con serenidad, entrega detalles de cómo fue conocer el particular relato del torturador, quien cree que no resistió los apremios y falleció.

Acá su relato que puede ser altamente sensible para algunas personas:

Es necesrio señalar que las torturas recibidas por Nieves fueron de tal gravedad, que tuvo que viajar a Cuba para someterse a tratamientos que le posibilitaran superar las secuelas físicas ocasionadas por los vejámenes.

Fotos: Elkjaer Lobos/Cámara: Andrés Alarcón/Edición: Cristián Remmele.


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