160 años para completar un fósil de tortuga gigante

160 años para completar un fósil de tortuga gigante

En 1846 encontraron una parte y en 2012 la otra mitad. Esta es la asombrosa historia de cómo, tras más de 160 años, completaron el fósil del hueso de una tortuga gigante de alrededor de 70 millones de años.

Juan Jose Ulloa
25.03.2014

Finalmente reunidas tras más de 160 años separadas, las dos mitades de un hueso fosilizado permiten a los científicos precisar el tamaño de una de las tortugas marinas más enormes que jamás haya vivido.

La historia de esta notable coincidencia comenzó en el siglo XIX.

Atlantochelys mortoni fue descrita originalmente a partir del hueso roto de una pata delantera –un húmero– encontrado en la década de 1840 en estado de Nueva Jersey, en Estados Unidos.

Pero no fue hasta 2012, cuando un paleontólogo aficionado encontró la otra mitad, que el gran hueso pudo completarse.

Para sorpresa de los expertos, los dos fragmentos encajan a la perfección e indican que A. mortoni debió haber medido 3 m de largo.

"Cuando pusimos las dos piezas juntas, nos quedamos estupefactos", recuerda Ted Daeschler, de la Academia de Ciencias Naturales de la Universidad Drexel, en Filadelfia.

"Dijimos '¡no, no puede ser!'. Incluso las dimos vuelta intentado mostrar que no podían coincidir, pero obviamente tenían que estar juntas", dijo Daeschler a la BBC.

Los fósiles reunidos serán descritos formalmente en un próximo número de la revista especializadaProceedings de la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia, tal como reporta Jonathan Amos, especialista en ciencia de la BBC.

Ambas partes provienen de sedimentos del Cretácico, de 70-75 millones de antigüedad, en el Condado de Monmouth, Nueva Jersey.

No se sabe mucho sobre el descubrimiento del extremo distal, la parte más cercana al codo, aparte de que fue descrito por primera vez por el famoso naturalista Louis Agassiz en 1846.

Durante años, se asumió que el hueso había sido hallado en el Condado de Burlington.

Pero entonces, Gregory Harpel, un químico aficionado a la paleontología, recogió la otra parte, la más cercana al hombro, en un arroyo del vecino distrito de Monmouth.

"Lo recogí y primero pensé que era una roca", dijo Harpel.

Pero las rocas no suelen tener marcas de mordidas de tiburón, por lo tanto Harpel rápidamente se dio cuenta de que era algo mucho más importante.

El hombre acudió con su hallazgo al Museo Estatal de Nueva Jersey, donde fue identificado como perteneciente a una tortuga marina.

Jason Schein, uno de los expertos del museo, llevó la nueva pieza a la Academia de Ciencias de Naturales de Filadelfia, para compararla con su colección.

Y allí se resolvió el rompecabezas que dejó a todos atónitos.

Juntos, los dos fragmentos ofrecen una idea mucho más clara de A. mortoni, una especie que debe haber sido muy parecida a las actuales tortugas bobas, aunque más grande.

"Esta tortuga era un monstruo, probablemente el tamaño máximo que puede tener una tortuga", dijo Daeschler.

"Científicamente ahora sabemos mucho más sobre esta criatura".

"Lo que es más importante, ahora sabemos con precisión de qué formación rocosa proviene la pieza original, podemos conocer su edad con mayor exactitud, podemos tener más confianza en que encontraremos material adicional en la misma formación y por lo tanto saber más sobre A.mortoni", concluyó el científico.


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