El semáforo de Napoleón que achicó el mundo

El semáforo de Napoleón que achicó el mundo

Fue la primera red de telégrafos del mundo y transmitió mensajes más rápido que nunca antes en la Francia del siglo XVIII. Ahora, un grupo de entusiastas revivió este ingenioso sistema.

24Horas.cl TVN
23.06.2013

Hugh Schofield BBC

Antes de la web, de la computadora, del teléfono, incluso del código Morse existió el systeme Chappe.

Al final del siglo XVIII, en Francia se dio un gran avance tecnológico, pero pronto fue sobrepasado por nuevos inventos científicos, por lo que fue descartado... y olvidado.

Fue del primer sistema de telegrafía de la historia.

Según la mayoría de las versiones de la historia, incluso la misma palabra "telégrafo" -tele, que significa lejos, y grapho, escribir, en griego- fue acuñada para describir la red nacional de semáforos (sema, que significa señal, y foro, llevar, también griego) de Claude Chappe.

En sus momentos de máxima extensión, comprendía 534 estaciones que cubrían más de 5.000 kilómetros.

Mensajes enviados de París podían llegar a los extremos más lejanos del país en cuestión de tres o cuatro horas, algo que antes le habría tomado a jinetes en caballos tres o cuatro días.

Pero para finales del siglo XIX, las estaciones Chappe habían desaparecido: tras ser saqueadas por sus materiales, quedaron enterradas bajo la vegetación.

Resucitadas

Sólo el entusiasmo de unos aficionados ha rescatado a algunas del olvido.

Una de ellas en la estación Mollard-Fleury, que recrearon usando los diseños originales que dejó un inspector de la línea.

"La estación es parte de la línea de Lyon a Milán que Napoleón construyó en 1805, cuando se preparaba a reanudar la guerra en Italia", le cuenta a la BBC Bernard Pinaud, quien durante el verano muestra cómo funciona el semáforo.

"Al final, se extendía hasta Venecia, permitiéndole al emperador recibir mensajes de sus ejércitos en el norte de Italia en sólo unas horas".

Uno de esos mensajes fue descubierto en los registros de una aldea cercana, y en él se lee: "La Legión del Sur puede reclutar hombres en Turín de entre los prisioneros de Piedmontese o los desertores austríacos. No obstante, no debe reclutar hombres que no sean de Piedmont".

Un superintendente en París habría transcrito ese mensaje en alfabeto semáforo.

Después, habría sido pasado de estación en estación, cada una a unos 10 kilómetros de distancia y visible por la siguiente.

En cada cabina, un sólo operador se encargaba de la tarea de atisbar a sus vecinos por telescopio. Apenas veía que había actividad, copiaba las señales y las repetía.

Pero ese operador no tenía ni idea de cuál era el mensaje, pues sólo los superintendentes tenían un "diccionario" de señales.

Transmitir deseos e ideas

Los semáforos de Chappe impresionaron al Conde de Montecristo.

Nacido en una familia de científicos del oeste de Francia, Claude Chappe (1763-1805) observó que el ojo humano es muy bueno para distinguir ángulos.

Por ello diseño un sistema basado en tres partes: una viga central larga con dos brazos más cortos, pegados en las esquinas.

Se calculaba que cada maniobra tomaba unos 30 segundos y los mensajes se transmitían completos, incluyendo palabras como "de" o "a", que más tarde, en el telegrama, se omitirían.

Para los operadores, era una labor ardua y si se retrasaban les bajaban el salario.

En cualquier caso, todo indica que lo hacían bien. El récord fue un mensaje que viajó de París a Estrasburgo en apenas 60 minutos. Anunciaba el nacimiento del hijo de Napoleón.

En la novela "El Conde de Montecristo" de Alejandro Dumas -escrita en 1844 pero ambientada 30 años antes- aparece la descripción de una de las estaciones de Chappe.

El conde habla del artilugio "como las garras de un escarabajo enorme" y se maravilla de que esos diversos signos pudieran "con tanta precisión transmitir a la distancia de tres leguas las ideas y los deseos de un hombre sentado en una mesa".

Paso seguido, soborna al operador para que envíe información falsa y provoca el pánico financiero en París.

De la guerra a la lotería

Desde el principio, el propósito del sistema era militar.

Cuando habían pasado cuatro años desde el inicio de la Revolución, se temía una invasión extranjera para restaurar la monarquía, así que el gobierno republicano le comisionó al ciudadano Chappe que creara la primera línea de comunicación, desde París hasta Lille.

Nuevas líneas se abrieron a Estrasburgo, luego Lyon y Brest. Napoleón también construyó una hasta Italia y, cuando estaba contemplando la idea de invadir a Inglaterra, extendió la red hasta Boloña, en el canal de la Mancha.

En 1815, bajo la restaurada monarquía, hubo nuevas líneas a Marsella y Bayona, en el suroeste. Las últimas estaciones se construyeron en 1849, pero para entonces ya era claro que los días de la telegrafía en línea de visión estaban contados.

Ya no tenía uso militar y la principal tarea de los últimos operadores era transmitir los resultados de la lotería nacional.

El paso olvidado

Tenían sus desventajas: no se veían de noche ni en medio de tormentas o bruma.

Las desventajas de la comunicación visual eran obvias. Sólo funcionaba durante el día y dependía del clima.

Y, por supuesto, la invención del telégrafo electrónico cambió todo. En 1844, Samuel Morse demostró que funcionaba con un cable entre Washington y Baltimore en Estados Unidos. Poco después, las torres de Chappe se tornaron tan anticuadas como las pelucas perfumadas.

Humo, fuego, luz, banderas: desde tiempo inmemorial el hombre ha querido hablar a pesar de la lejanía.

Lo que Francia hizo en la primera mitad del siglo XIX fue crear el primer sistema de comunicación a distancia.

En el largo camino hasta internet, es un subestimado pero significativo primer paso.


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