Las fantásticas casas de los campesinos italianos

Las fantásticas casas de los campesinos italianos

Son edificaciones que combinan su función centenaria de cobertizos de campesinos con un aire mágico que recuerda a El Señor de los Anillos. Y ahora son la última moda para pasar las vacaciones en el sur de Italia.

24Horas.cl TVN
27.10.2013

Dany Mitzman BBC

La última moda entre quienes compran propiedades en el sur de Italia no son las villas rústicas o las casas rurales, sino unos antiguos cobertizos de campesinos que no estarían fuera de lugar en una escena de El Señor de los Anillos.

Los trullos (trulli, en italiano) son característicos de la región de Puglia -el tacón de la bota de Italia- y, de hecho, sólo existen en el Valle de Itria. Son edificios redondos de piedra caliza, con tejados cónicos que combinan su función histórica con un aire mágico.

Desperdigados en el paisaje, aislados o agrupados, con un cono y hasta una docena de ellos, parecen castillos rústicos en miniatura, como los de los cuentos de hadas. Es como si Asterix se metiera en el mundo de Disney.

Su humilde encanto de los cobertizos enamora.

Originalmente no eran más que casuchas usadas por los campesinos para guardar sus herramientas o cobijar a los animales y están fabricadas con la misma técnica de piedra que se usa para los muros que demarcan los olivares.

No tienen cemento, simplemente consisten de piedra caliza de la zona cortada en bloques grandes y pesados llamados chiancarelle que se colocan cuidadosamente para hacer la perfecta estructura hermética.

Se dice que allá por el 1600, cuando había un impuesto para las construcciones nuevas, los vecinos de la zona construían los trullos para poderlos desmantelar cuando llegaran los inspectores y volverlos a construir una vez que se hubieran ido.

El renacimiento del trullo

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Mientras los vemos, el agente inmobiliario Alessandro Melpignano nos habla entusiasmado del renacimiento del trullo. Se convirtieron en casas de vacaciones de moda cuando los Trullos de Alberobello fueron designados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.

"Ahí es cuando el mercado realmente despegó", explica. Los primeros que vinieron a comprar fueron los alemanes, pero se cansaron rápidamente de los robos que ocurrían en las residencias. Los británicos les siguieron de cerca.

"Pero ellos se han quedado", afirma Melpignano. "Y siguen comprando. Los vuelos baratos a Bari y Brindisi ayudan a que sigan viniendo".

Renovar un trullo cuesta cerca de US$20.000.

Los trullos necesitan renovarse cada 100 ó 150 años. Toma cerca de un mes reconstruir el cono y cuesta cerca de US$20.000.

¿Hay expertos para renovar y reconstruir los trullos? "¡Oh, sí!", dice sonriendo. "Les llaman trullaros, y yo conozco a un maestro trullaro."

A la mañana siguiente voy a buscar a Giovanni d'Errico y lo encuentro, como era de esperar, construyendo un trullo.

Si hay alguien que encaja en esa tarea es d'Errico, que tiene un parecido asombroso con un Hobbit.

Me cuenta que siempre ha sido un apasionado de los trullos, pero que cuando era joven a nadie le importaban. "Estaban prácticamente abandonados, en ruinas. La gente los veía como cobertizos para los pobres".

"Me hice trullaro hace unos 20 años. Antes era albañil. Cuando comencé, sólo quedaba un trullaro en esta zona. Era una profesión en extinción. Ahora somos muchos".

Me pregunto si d'Errico piensa que los turistas están locos por enamorarse de unos viejos cobertizos de campesinos. Sin embargo, dice que está completamente agradecido. "Nos dieron trabajo y un poco de bienestar, hicieron que tierras abandonadas volvieran la vida".

"Aunque se ha ralentizado con la recesión y los altos impuestos para los propietarios de casas, nuestra profesión continúa creciendo. No hago una fortuna con mi trabajo pero me encanta. Es bonito que todo el mundo quiera un trullo".

Para Giuseppe Miccolis, otro maestro especializado en trullos históricos, "el problema es que cualquiera puede presentarse como trullaro sin una formación oficial ni cualificación".

Miccolis, que viene de una familia de trullaros, se dedica a esto desde que era pequeño. "Cuando tenía tres años, jugaba con las piedras. A los 14 empecé a trabajar", afirma.

Considera su oficio un arte y una pasión. Pero eso está mezclado con decepción y frustración. "No se trata sólo de los autodenominados trullaros no cualificados, sino también de quienes los construyen de manera ilegal sin respetar el paisaje".

Sin embargo, Miccolis está decidido a conservar su querido oficio artesanal. Empezó llevando a los estudiantes en excursiones en las que les enseñaba los trullos históricos y les explicaba y mostraba cómo se construían.

"Espero inspirar a los niños locales a desarrollar la pasión que pasó en mi familia de generación en generación. Voy a organizar paseos para los turistas también", dice. "¿Por qué no vuelves a uno?". Se me encienden los ojos. "¿Cuándo?".

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