Yo juego, tú finges, él hace trampa

Yo juego, tú finges, él hace trampa

El engaño, el teatro, las artimañas para arrancarle un penal al árbitro o una amarilla que haga la diferencia de un lado y del otro que respeta las reglas y al juego.

24Horas.cl TVN
23.06.2014

"¿Hacer trampa? ¿Simular? ¿Fingir? ¡Jamás! Nosotros somos (agregar aquí una nacionalidad) y jugamos limpio. Eso es de (agregar aquí otro gentilicio)."

¿Cuántas veces hemos escuchado una protesta como esa en el bar, en conversaciones de sobremesa o ante el televisor?

Este Mundial 2014, que parece de los más excitantes, comenzó con un flagrante caso de simulación, según la mayoría de los comentaristas, cuando Fred se dejó caer en el área y ganó el penalti que Neymar convirtió en gol.

A diferencia de lo que habría ocurrido antes (o esto creemos), el público reaccionó con llamativa agresividad. En BBC Mundo reflejamos ese repudio en un artículo titulado "¿Se acabará la trampa de las faltas simuladas?"

Dos días después del Brasil 3-1 Croacia, el New York Times publicó un artículo titulado "Cuando la deshonestidad es la mejor política, el fútbol de Estados Unidos no está a la altura". En la bolsa de "deshonestidad", según este enfoque, cabrían las zambullidas, las demoras, las zancadillas, los empujones, la presión sobre los árbitros, la simulación de lesiones…

Las críticas abundan en EE.UU. debido en parte a que los enemigos del soccer suelen caer en la tentación de denunciar el contraste entre su etos (extranjero) supuestamente deshonesto y la integridad de los deportes autóctonos.

(Esta tentación no es exclusiva de los xenófobos, sino también de los misóginos y machistas, para quienes el soccer es cosa "de señoritas").

Una réplica

Algunos días después, el New Yorker publicó un artículo refutando las conclusiones del New York Times: además de encontrar ejemplos de "clavadistas" estadounidenses, citó estadísticas según las cuales los otros equipos de la Concacaf que clasificaron al Mundial provocaron en sus respectivas campañas un número similar de infracciones de sus adversarios.

Si mexicanos, costarricenses y hondureños recibían un número similar de infracciones, quiere decir que cometían (o no cometían) un número similar de fingimientos y simulaciones.

De modo que en Estados Unidos está mal visto, o eso dicen, zambullirse en el área o fingir una lesión para perder tiempo y perjudicar a un adversario.

Pero varias de estas "deshonestidades", si no todas, son defendidas o justificadas por muchos profesionales en el fútbol estadounidense.

Klinsmann y Howard

Jermaine Jones, de Estados Unidos, celebra su gol ante Portugal.

El alemán Jurgen Klinsmann, DT del equipo nacional, preferiría que sus pupilos fueran "más pícaros", algo que parece natural si recordamos que durante su carrera de futbolista ganó una merecida fama de "clavadista" excepcional.

Pero Tim Howard, el portero, que ha jugado durante 11 temporadas en Inglaterra, dijo sobre la zambullida de Fred que "no tengo problemas con eso. Y hasta alentaría a mis propios jugadores a dejarse caer si sienten contacto."

El artículo del New York Times no menciona una de las razones más persuasivas que suelen alegar los "clavadistas": si no te dejas caer cuando te hacen una falta, especialmente en el área, el árbitro no la cobrará; tienes que enfatizarla.

Está claro que hay una diferencia entre dejarse caer cuando te hacen una falta y arrojarse al suelo cuando no te la hacen: la diferencia entre exagerar y fingir.

Choque cultural

Las diferentes reacciones ante esto suelen ser atribuidas a un choque de culturas.

"Es un choque cultural", decimos cuando nos encontramos ante una característica que nos desagrada en las sociedades de otros países o religiones.

El fútbol es uno de los ámbitos más propicios para los "choques culturales".

En varios países europeos, en particular España, es común una actitud de repudio del juego italiano, tenido por sinónimo de negatividad y fealdad.

Esto no deja de asombrar a los italianos. El conocido periodista y ensayista Beppe Severgnini (tan respetable que hasta es Commendatore de la Orden del Mérito de la República Italiana y también Oficial del Imperio Británico), asegura que es algo diametralmente opuesto: bello, seductor, imprevisible.

¿Trabajo o estética?

Imprevisible… esta sería la clave del fútbol italiano, pero también conviene tener en cuenta la opinión de Gabriele Marcotti y Gianluca Vialli (coautores de The Italian Job, un estudio comparativo del fútbol italiano e inglés), para quienes sus compatriotas se toman el fútbol como un trabajo.

En un trabajo impera la seriedad, se toman todos los recaudos necesarios para asegurar la victoria, en detrimento de la belleza. Y las precauciones pueden parecer exageradas y hasta poco "deportivas" a otras nacionalidades.

Severgnini no está de acuerdo.

"Los italianos adoramos las apariencias, 'la bella figura', y a veces colocamos la estética antes de la ética, lo cual puede ser un problema", dice. "Para los alemanes, belleza es organización; para los ingleses, dedicación y trabajo; para los brasileños, danza; para nosotros (…) belleza es velocidad arrebatadora."

¿Danza brasileña? Bueno, ese es el estereotipo, pero los españoles tienen otra idea: durante la Copa Confederaciones se quejaron de las numerosas faltas cometidas por el equipo de Scolari, algo que se está haciendo habitual en los equipos brasileños: en el Mundial 2010 Brasil fue el tercer equipo que cometió más faltas profesionales (promedio de 3,50 por partido).

Pragmatismo

El fútbol latinoamericano, en particular el del Río de la Plata, tiene en Europa una reputación de..."pragmatismo", digamos, que lleva a muchos malentendidos.

Hace unos días, el uruguayo Gustavo Poyet, de distinguida trayectoria como futbolista en España (Real Zaragoza) e Inglaterra (Chelsea, Tottenham Hotspur), y ahora DT del Sunderland, abrió la caja de los truenos cuando advirtió a los periodistas ingleses sobre la determinación de Uruguay y en particular Luis Suárez.

"Harán todo lo que sea necesario", dijo antes del partido entre Uruguay e Inglaterra, en el que Suárez marcó dos goles decisivos. Ese 1-2 y el posterior Costa Rica 1-0 Italia precipitaron la eliminación del equipo inglés del Mundial.

"Yo haré más que tú"

Ajá, de modo que "todo lo que sea necesario". Algunos periodistas ingleses interpretaron esto como "hacer trampa". En realidad, Poyet transitó una senda muy estrecha en sus declaraciones, pero no le hemos escuchado esa palabra.

En realidad, trató de hacer entender a sus interlocutores ingleses el significado de "garra charrúa". Y lo hizo con claridad meridiana.

"No vamos a admitir que ustedes sean mejores que nosotros. Si eres mejor que yo, encontraré una forma, con mis jugadores, de detenerte. ¿Quieres ganar este partido más que yo? No, no podrás. Yo haré más que tú para ganar."

Los periodistas ingleses fueron con estas declaraciones bajo el brazo a la conferencia de prensa de Inglaterra y le preguntaron a Daniel Sturridge si estaba dispuesto a "hacer todo lo necesario" para ganarle a Uruguay.

Sturridge dijo que sí, "todo lo que haga falta". ¿Ah, entonces te zambullirías, o rechazarías con la mano en tu portería? "No, pero todo lo que haga falta."

Este es un diálogo de sordos. O un "choque cultural".

 


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