Alfredo Castro juega por partida doble en el Festival de Cannes

19mayo
2017

El actor chileno ha tenido gran éxito en su carrera en Cannes luego de que en 2008 fuera ovacionado con su interpretación en "Tony Manero".

Es el actor fetiche de Pablo Larraín y ahora que el cineasta triunfa en Hollywood, al chileno Alfredo Castro le llueven los proyectos en América Latina. Dos de ellos, "Los perros" y "La cordillera", los presenta en Cannes.

El salto de la televisión al cine lo hizo a los 50, hace 11 años, con "Fuga", ópera prima de Larraín, que fue "muy mal recibida". Pero a este decepcionante debut siguió "Tony Manero" y todo cambió para Castro.

Su interpretación de un hombre obsesionado con John Travolta fue ovacionada en Cannes en 2008, su primera vez en la mayor muestra mundial de cine. "Pasé de no tener ninguna entrevista, a pasarme tres días hablando" con la prensa, recuerda.

Ahora vuelve por tercera vez al Festival con el equipo de "Los perros", de la chilena Marcela Said, en el que interpreta a un exmilitar de la dictadura que vive impune como profesor de equitación. 

"Todavía no la he visto", confiesa.

La cinta, que compite en la sección paralela la Semana de la Crítica, es un reflejo de cómo, pese a los "intentos de ponerle fin", la dictadura chilena no quedó atrás. "La gente que ha colaborado con ella, todavía está viva", subraya.

Un personaje incómodo

Su personaje, aunque afable y objeto del deseo de una mujer casada, interpretada por Antonia Zegers, es incómodo para el espectador. "Me interesa el conflicto: un personaje blanco, heterosexual, con familia, auto y trabajo, no", confesó.

La prueba, sus papeles, son a cual más oscuro: interpreta a un empleado de la morgue en "Santiago 73, post mortem", a un hombre maduro que paga por tener sexo con chicos jóvenes en la venezolana "Desde allá" (León de Oro en la Mostra de Venecia) y a un cura pedófilo en "El club".

Por ello, su colaboración con Larraín, ha sido tan fructífera. "En Latinoamérica, se tiende mucho al pensamiento binario: lo bueno, lo malo, lo lindo, lo feo... Lo que hizo Pablo es romper esta estructura. Dijo 'no hay rendición, vamos a ir hasta el final'. Y así fue hasta 'El club'", explica.

Ahora, el cineasta "está en Estados Unidos trabajando. Estupendo, pero también le dije 'Pablo, vuelve', porque la riqueza que uno tiene como suramericano es la precariedad", una condición a la que alude como un universo fértil para hacer cine.

Castro afirma que está orgulloso de rodar en casa, en una región donde las coproducciones van en aumento "desde hace cinco años".