Murió la reina, que siga la fiesta

Murió la reina, que siga la fiesta

Revisa la columna de Pablo Márquez sobre la muerte de Donna Summer

Pablo Márquez
17.05.2012

Todo comenzó a principios de los años ’70, cuando las ganas de liberar el cuerpo y la mente de tantas preocupaciones hacía necesario un descanso. El hombre por fin había llegado a la Luna, los fantasmas de Vietnam empezaban a aparecer en su dimensión más sangrienta y los estertores de la Guerra Fría tenían al mundo convertido en un gran polvorín.

Por eso, por las simples ganas de encontrar un espacio para la necesaria diversión, un grupo de músicos negros se propuso la tarea de dejar la mente en blanco por un rato y tomarse las pistas de bailes para olvidarse de todo. Había que sobrevivir, después de todo.

El escapismo de la música disco tenía esa filosofía. Tratar de que el brillo de la bola de espejos llevara la cabeza hacia otros rincones. Que el sonido hipnótico del soul de Philadelphia, ese que alcanzó su máxima altura en los años ’60, comenzara a fusionarse con el funk, con el pop más simple y hasta con los ritmos latinos para crear verdaderos himnos bailables. Que, en el fondo, las chicas y chicos de entonces tuvieran el estímulo necesario para divertirse sin culpas, para dejar fluir sus sentimientos y, de paso, gastarse sus buenos dólares en una entrada a la mítica Studio 54, el epicentro neoyorkino de toda esa nueva forma de ver el mundo

Y ahí, liderando la fiesta, estuvo la gran Donna Summer. Nacida en el góspel y formada en la noche, su reinado se lo ganó a punta de buenas canciones y una cadencia que mezclaba la elegancia de su tono de mezzosoprano con la crudeza de los gemidos que inmortalizó en su primer gran hit de entones, la imbatible “Love to love you, baby” (1975), la canción que para muchos resume la esencia y consolidación de la llamada onda disco: liberación sexual en forma de orgasmos simulados al micrófono, melodías contagiosas y un desenfreno rítmico que le daría al género momentos de verdadera gloria.

Hoy murió, a sus 63 años, la reina del disco y por lo mismo la fiesta tiene que sonar más alegre que nunca antes. Hay que sentir “I feel love” hasta que el cuerpo ya no pueda más y rematar con “Hot stuff” a todo volumen. Hay que aprovechar los lentos primeros acordes de “On the radio” para recuperar el aliento y aplicar la misma técnica para dejar algo de aire para “Last dance”.  

LaDonna Gaines, conocida en todo el mundo por su apodo de Donna Summer, ya no puede bailar, pero su legado seguirá sonando muy vivo en el recuerdo y en las canciones de muchas artistas que incluso hoy la mencionan como una de sus grandes influencias. Porque sin ella no habríamos tenido Beyoncé, Rihanna o Alicia Keys, que siga la fiesta. Ahora es el turno de “Bad girls” y todos nos sentimos bien.


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