La fiesta más amarga de Beastie Boys

La fiesta más amarga de Beastie Boys

Revisa la columna de opinión de Pablo Márquez sobre la muerte de Adam Yauch

Felipe Rojas
04.05.2012

Fue en Nueva York, a mediados de 1998, para el lanzamiento oficial a la prensa mundial de Hello nasty, una de las últimas joyas discográfica de un trío que se había apropiado del sonido callejero durante la década de los ’90. Ya había pasado la tromba del impactante Check your head (1992) y del imprescindible Ill communication (1994), pero los Beastie Boys estaban confiados en que su nueva apuesta iba a seguir rompiendo cabezas con su delicada bestialidad urbana.

Ahí estaba Mike Diamond (Mike D), Adam Horowitz (Ad-Rock) y el serio Adam Yauch (MCA), el hombre que siempre se encargó de los nuevos proyectos y de mirar el futuro de un trío que estaba a las puertas de abandonar su década de gloria. Era una entrevista al viejo estilo, de las que ya no hay, eso de sentarse por un par de horas para hablar de lo humano y lo musical sin presiones. Allá, en el bajo Manhattan, muy cerca de su estudio de grabación y de la tienda de ropa que por esos días recién inauguraban.

Y fue luego de varias preguntas, me acuerdo, al momento de hablar sobre el uso de un trozo de la canción “El rey yo”, del grupo chileno Los Ángeles Negros, en el corte “The move”, incluida en el nuevo disco del trío norteamericano, que Yauch se enteró del origen de un sample que llegó a sus manos por azar. Fue el típico amigo del amigo, esos que nunca faltan, quien le entregó un viejo vinilo de la agrupación de Germaín de la Fuente y de inmediato, contó, quedó prendado de ese ritmo hipnótico de una canción que habla de la pobreza de alma de los hombres con los bolsillos llenos.

Nunca supo, hasta ese momento, que el grupo era chileno, uno de los precursores de la balada electrónica, ni tampoco se interesó por el texto. Le bastó escuchar la canción un par de veces, me dijo, para darse cuenta que el trozo de “El rey y yo” calzaba de manera casi mágica al final de “The move” y el inicio de “Remote control”.

Así fue que quedó ahí, plasmada para siempre, por casualidad, como ocurre con los guiños de los grandes hacia el trabajo de los más chicos. Esa vez, con Hello nasty, todos sentimos a Beastie Boys un poco más chilenos. Y hoy, cuando Adam Yauch deja la fiesta del hip hop víctima de un cáncer rebelde, no sólo se lleva esa historia a la tumba sino también su compromiso por la causa de Tibet, esa lucha utópica contra el gobierno chino para liberar del opresor las tierras del Dalai Lama. De eso conversamos un año antes en el backstage del segundo de los Tibetan Freedom Concert, el que se hizo en Randall’s Island, Nueva York, un 7 y 8 de junio de 1997, pero esa es otra historia.

Murió Adam Yauch y con ello, se intuye, la historia de toda una generación que aprendió a dominar las calles al ritmo de “Sabotage”, “So What'cha Want” y tantos otros himnos imprescindibles de una banda que supo reinar con polerones con capucha y pantalones sueltos. Beastie Boys pierde a un irremplazable y eso de pelear por el derecho a divertirse hoy suena más amargo que nunca antes.



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