Agustín Romero (51) es abogado de la Universidad Gabriela Mistral y actual diputado de la República por el distrito 8. Militante republicano, en la Cámara Baja integra las comisiones de Salud y Hacienda, siendo presidente de esta última.
En la siguiente entrevista, Romero aborda su visión del gobierno y el avance de su agenda, su opinión sobre la megarreforma económica y sus cruces con Chile Vamos.
¿Qué opinión tiene de la instalación del gobierno en estos 6 meses? ¿Ha sido la adecuada o está al debe en algo?
Han sido los primeros 6 meses de un cambio de gobierno y un cambio de rumbo bastante distinto a lo que acostumbrabamos a hacer.
Eso, obviamente, genera algunos roces, algunos inconvenientes. Creo que, en general, la instalación del gobierno ha sido adecuada para un gobierno que pretende hacer las cosas muy distintas de como se venían haciendo antes.
Se está avanzando para sentar las bases de lo que se quiere hacer para un nuevo Chile.
En ese sentido, ¿cuál es el sello de José Antonio Kast en comparación con los años anteriores?
Es el sentido común. Que vuelva a primar el sentido común en las decisiones que toma un gobierno.
Que se piense más allá de la ideología o de las cosas que uno le gustaría hacer. Que detrás de cada decisión hay un chileno que necesita un Estado que le responda, que le responda en empleo, que le responda seguridad, que le responda en salud. A mi juicio, eso estuvo muy abandonado porque terminamos en una situación en que Chile estuvo a punto de refundar sus policías, si los chilenos querían más seguridad.
Se abandonó el crecimiento por la recaudación. Hoy vemos que necesitamos generar condiciones para viabilizar los beneficios sociales en largo plazo, cuestión que no está garantizada porque el Estado después de creer en que el dinamismo que tenía que imprimirle a Chile no era el de controlar las las cosas, sino que el dinamismo que tiene que estar en fiscalizar y en permitir que otros, que sean los que son los privados, que es la gente, que es la inteligencia del chileno, sea el que el principal motor que va a crecer en este país.

¿En qué materias le ha faltado firmeza al gobierno y en cuáles ha respondido de forma correcta?
No tengo duda de que este gobierno actuó con firmeza en todas las materias. El hecho de asumir un costo tremendamente duro y una decisión dolorosa relacionada con el traspaso del precio internacional de los precios de los combustibles.
Al inicio el gobierno demostró que no llegó con la calculadora ni mirando las encuestas ni mirando por el retrovisor. Por el contrario, se dio cuenta que le tocó una situación que en el futuro podría traer grandes problemas para Chile. Tuvo que tomar una decisión dolorosa. Desde el punto de vista, incluso de su propia reputación, el gobierno estuvo dispuesto a hacer ese sacrificio con tal de proteger a las familias chilenas.
En un momento se mencionó que los libertarios ponían la música del gobierno. ¿Quién se está encargando de eso ahora?
La música la ponen los chilenos. La música la tienen que poner aquellas personas que piden al gobierno más seguridad, que estos días están preocupados de su situación económica, muchos de ellos angustiados. Principalmente, mujeres que no encuentran trabajo por sobre el 10% del desempleo femenino. Entonces, más allá de este tono a tiempo de la música, lo que todos deberíamos escuchar es la música que nos cantan los chilenos.
A mí la música que me gusta es la música de amor en los chilenos.
¿Logró retomar puentes con los partidos de centro-derecha tras el momento de la acusación constitucional en contra de Nicolás Grau?
Hay que dar vuelta la página. Lo expresé cuando terminó el tema de la acusación constitucional. No tiene ningún sentido, mientras exista un chileno buscando trabajo, mientras exista una familia desesperada porque no encuentra un remedio para su hijo, que yo siga pegado en quién vota a favor o en contra de una acusación constitucional. Eso ya fue. Los senadores tomaron su decisión y ahora hay que avanzar.
Los desafíos que tiene Chile son mucho más que una acusación constitucional contra un ministro inepto como era Nicolás Grau. Eso no tiene ningún sentido. Nadie iba a cambiar eso. Nadie iba a cambiar lo inepto que fue y las situaciones que nos dejó.
Sobre el asunto por las declaraciones en torno al Estrecho de Magallanes, ¿cuál es su visión de cómo el gobierno abordó esta situación?
Cómo lo abordó el gobierno está perfecto. Lo abordó con los canales diplomáticos. Lo abordó de la manera que corresponde, con las notas que hizo la Cancillería. Aquí es bien importante dejar claro que aquellas declaraciones que hagan los estados, en el marco de su derecho interno, son temas propios de cada país.
La soberanía absoluta y total del Estrecho de Magallanes no está en duda, considerando los tratados internacionales.
Ahora, si algún gobernante de izquierda, medio folclórico, como era Alberto Fernández, se le ocurre sacar un decreto que no lo hemos visto solamente ahí. La Constitución boliviana también habla de su derecho de la nacionalidad al mar. Ya nos llevaron a distintos tribunales internacionales. Cada Estado puede hacer lo que determine. De lo que tenemos claridad es que el derecho internacional nos ampara. Tenemos tratados internacionales que nos valoran.
Me parece increíble que la izquierda aún siga poniendo en peligro nuestra soberanía, poniendo en duda nuestra soberanía en el sentido que ellos, al exigir permanentemente la derogación de un documento interno de un Estado, que para nosotros es inoponible. Es un tema del derecho interno. Argentina puede decir lo que quiera respecto a un espacio de soberanía chilena.
Sobre las declaraciones del embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, ¿Qué opina usted de esa situación?
Me acojo al manejo diplomático que realizó nuestra cancillería. El embajador es un amigo de Chile, yo no tengo la menor duda de eso. Cuando alguna declaración que pudiera tener algún tipo de comentario de parte de nuestra Cancillería, el canciller Pérez Mackenna ha hecho lo que corresponde, citando a conversar en la cancillería y expresando la posición del gobierno chileno.
Eso demuestra que nosotros tenemos una diplomacia seria, una diplomacia de altura. Obviamente, vemos como amigo a los Estados Unidos, pero también hacemos respetar nuestro derecho internacional.
¿Pero usted considera adecuado que embajadores de otros países, no necesariamente el de Estados Unidos, se refieran a situaciones de la política interna chilena?
No soy yo al que le corresponde llamar al orden a un embajador o tener una opinión respecto de eso.
Yo voy a insistir siempre que Estados Unidos es un gobierno amigo. El embajador Judd también es un embajador amigo de Chile. Obviamente en el desempeño de su función diplomática lo que corresponde es lo que ha hecho nuestra cancillería: citar a la cancillería, pedir las explicaciones que correspondan y manejarlo por los cauces diplomáticos.
El proyecto de Sala Cuna Universal es una de las medidas que logró asegurar los votos para la megarreforma económica. ¿Le gustaría que la tramitación avance a mayor velocidad?
Por supuesto. Hay una injusticia increíble para las trabajadoras chilenas que tiene que terminar de una vez por todas.
A mí me parece perfecta la fórmula que se encontró para materializar este derecho sin provocar un aumento de los costos laborales, Primero, debemos tener la suficiente flexibilidad para entender que hoy el Estado no puede asumir ese costo. Segundo, los empleadores no pueden asumir ese costo, dado que el aumento de los costos laborales no es menor, afecta en cotización, en 40 horas. Por lo tanto, hoy, en una crisis del empleo, aumentar ese costo sería realmente un suicidio, especialmente para la gente. Sería algo terrible para quienes buscan trabajo.
Esta solución permite crear, a través de parte de la cotización del seguro de empleo, que se utilizaría para financiar la Sala Cuna Universal, a mí me parece que es una fórmula muy adecuada. Yo espero que se apruebe lo antes posible.

Sobre la Megarreforma de seguridad. ¿Cuál es su visión sobre lo que ha englobado el proceso de tramitación?
Es un proyecto que se ajusta a una urgencia social de los chilenos. Requiere de parte del parlamento todo el trabajo legislativo necesario para que se corrija, para que se potencie y para que pueda ver la luz, en el sentido de que sirva como una herramienta eficaz para perseguir al crimen organizado o el narcotráfico y el terrorismo.
A mi juicio, lo que ha hecho el gobierno de utilizar alrededor de 23 proyectos de ley, diez de los cuales están con discusión inmediata, es el camino correcto. Una vez que ese camino termine o vayan despejando algunas dudas, determinar si efectivamente el proyecto del gobierno, satisface esas necesidades. Si hay que hacerle ajustes. Podrían, eventualmente, retirarle algunas normas, ajustar otras, de forma tal de que tengamos una legislación que sirva para este objetivo.
El llamado que yo hago es a llegar a los acuerdos y, naturalmente, tener la generosidad suficiente para hacer esa legislación.
¿Por qué el gobierno inicia una reforma cuyo efecto se siente más lejos, si la gente se encuentra sin trabajo hoy?
Porque la única manera de arreglar los problemas estructurales es haciendo reformas estructurales. Si entendemos que el crecimiento lo hacen los privados y la inversión es la que genera empleo, que la traen los privados, naturalmente que tenemos que buscar la manera de que esa iniciativa vuelva a materializarse.
Quienes creen que la única forma de solucionar estos temas es mediante empleos públicos o a través de subsidios que al final no logran los objetivos o que no son sostenibles en el tiempo, de verdad cometen un error. Chile logró estabilidad y empleo cuando creyó en su gente y apostó por una estrategia de crecimiento. Tenemos que volver a eso. ¿Cómo volvemos para allá? Esa es la gran pregunta. Volvamos para allá, traigamos inversión. Hay gente interesada, se lo puedo asegurar. Gente que está muy interesada en construir hospitales, construir carreteras, gente que está muy interesada en la minería.
En conversación con DF usted manifestó que el aumento del presupuesto para 2027 debería ser "cero o cercano a cero". ¿Qué se hace en el caso de carteras como salud o vivienda, donde ambos ministros solicitaron un aumento? En el caso de salud el aumento fue de un 4,7% y en el caso del ministro Poduje dijo que estaba conforme con el aumento.
Gobernar significa priorizar. Ser gobierno no significa que uno deba decirle a todos los ministros que sí. Es un escenario de estrechez fiscal. Varios ministros tendrán que acomodarse o van a tener que usar la imaginación para hacer con lo mismo o, tal vez, con un poquito menos, más cosas.
Eso significa, por ejemplo, revisar asuntos como las onces de la Junaeb a 8 mil pesos. Esas son licitaciones que no funcionan. Una cantidad de dinero increíble que se da en gasto corriente, en asesorías que nadie revisa. Los ministerios tendrán que acomodarse a ese tipo de cosas.
Llegó la hora de acabar esto de una vez. El presupuesto tiene que medirse por cómo se gasta, no por cuánto más vas a gastar. Esa concepción tiene que cambiar. Entonces, ¿seremos capaces de hacer más con lo mismo? Yo creo que sí.
Se acabó la historia de hablar sobre cuánto vamos a gastar. Hay que hablar de cómo gastar mejor el dinero.
¿Cómo se aborda eso en el caso de carteras críticas como Salud, donde la ministra Chomali dijo que se necesitarán 3,2 billones adicionales para cerrar el año?
Hay que invertir las cosas como corresponden. Si durante cuatro años se congeló el per cápita de salud, es decir, se hizo una apuesta por desproteger la atención primaria de salud de los consultorios y apostó todo a hospitales. ¿Qué significa eso? Que todos los pacientes que no encuentran atención en su consultorio llegan a atenderse en los hospitales. Se decidió por una obra del gobierno que se atiendan en un hospital en urgencia. ¿Y qué pasa cuando no se atendían en un hospital en urgencia? Tenían que ir a una clínica si se les complicaba.
La atención es mucho más cara entregarla en un hospital o entregarla en una clínica, a diferencia de la atención primaria. Ahí hay un primer caso. Segundo caso, es revisar nuevamente las tablas de pabellón. ¿Cómo es posible que una sociedad profesional opere el doble de lo que opera el médico cuando es institucional, cuando le paga el Estado?
No puede ser que un equipo médico sea mucho más eficiente cuando le cuando cobra como sociedad profesional que cuando cobra como funcionario público. Esos son los tipos de cosas que hay que revisar. Los chilenos lo saben.
No podemos seguir gastando en el Ministerio de Salud como si el dinero no tuviera un límite. No vemos que los resultados mejoren, porque durante el gobierno anterior también se entregaban recursos y la situación no se mejoraba. Nosotros necesitamos que de una vez por todas los recursos que entren a la salud se materialicen en mejores resultados. Ese creo que es el desafío fundamental que tiene la ministra de Salud.
En relación a la descoordinación y los cruces entre ministros del gobierno. ¿Cuál es su visión respecto de aquello?
Los ministros pueden tener diferencias legítimas internas, diferencias de opinión. Eso está perfecto. Ocurre en cualquier organización. Sin embargo, esas diferencias internas, de opinión, no pueden transformarse en disputas públicas.
Tal como se nos interpela a nosotros como diputados republicanos por nuestra relación con Chile Vamos, también aprovecho de pedir lo mismo en el gobierno. Tienen que coordinarse internamente. Tienen que mantener una sola línea, una estrategia.
No puede ser que las diferencias de opinión se ventilen en los diarios. Me parece que eso está mal. Hay que reconocerlo y tienen que corregirlo. Finalmente el norte es bastante claro, el objetivo bastante claro para Chile.
Volver a estabilizar el país, nuestra economía. Volver a crecer, dar seguridad. Si todos estamos en esa misma lógica y en esa misma sintonía, creo que deberían organizarse. Todas las diferencias internas bienvenidas sean, pero las disputas públicas confunden a la población y no son deseadas.
¿Considera que a los ministros les ha faltado experiencia política?
No, no creo que se trate de experiencia política. Hay bastante ánimo, muchas ganas de trabajar. Prefiero ministros que sean honestos, sinceros, que tengan las ganas de hacer las cosas, a ministros que tengan tanta experiencia política donde el país no avance, el país retrocede. Eso a mí no me gusta.
Los ministros que tenemos son personas que tienen muchísima experiencia de vida. Experiencia de haber trabajado y haber hecho muchísimas cosas exitosas dentro de su vida profesional. Esa experiencia no tenemos por qué eliminarla.
Se ha escuchado tantas veces esto de la experiencia política. ¿Qué es la experiencia política? ¿Sentarse en un lugar a opinar y no tener peleas? No sé qué es la experiencia política.
En cincuenta años tienes ministros que han sido gerentes de grandes empresas, abogados exitosos, profesionales distinguidos en todo punto de vista en su vida académica. Entonces, ¿de qué estamos hablando?
No me interesa que se metan políticos porque sí. Me interesa que haya gente buena que esté dispuesta a trabajar.
Se ha dicho que el presidente José Antonio Kast puede agotar su capital político debido a las entrevistas que otorga cada lunes. En esa línea, ¿cree que debería regresar la figura del ministro vocero como encargado únicamente de esa cartera?
Tengo entendido que el Presidente otorga estas entrevistas por un determinado tiempo. Está tratando de hacer una ronda por varios medios de prensa para garantizar igualdad a todos los medios en los que participa.
El presidente va a regresar a sus propias funciones, pero creo que los chilenos quieren escuchar, especialmente en momentos de crisis, lo que dice el presidente de la República.
A eso voy con el capital político. Este capital político no es algo que a él le interese o lo motive, por así decirlo, conservarlo. Lo que le interesa, más que el capital político, es el servicio que se hace desde el momento en que uno ocupa un cargo en adelante. El capital político es tan relativo que yo me atrevo a decir que el Presidente no está preocupado de eso.
Él está preocupado de informar a la población, de ser cercano con ellos. De entregar tranquilidad, especialmente en momentos críticos como los que vivimos.
¿Pero usted cree que debería volver la figura del ministro vocero solo como encargado de esa cartera?
No. Hoy, cada ministro bien empoderado de sus temas, puede ser un excelente vocero de sus propias noticias.
Tenemos un gran ministro como el ministro Claudio Alvarado, que puede hacer las dos cosas. Siempre lo dije mientras discutimos los presupuestos: ese es el primer ministerio que debemos eliminar porque no sirve para nada.
Solo es gasto de dinero. La gente prefiere mil veces, en lugar de tener una organización dedicada a comunicar cosas, tengamos organizaciones dedicadas a resolver los problemas de la gente.
Hay que tratar de ver luego una propuesta que elimine el ministerio, que en el fondo concentre bien sus funciones de manera eficiente sin más gasto para la sociedad.