La inteligencia artificial y deepfakes obligan a rediseñar la seguridad digital en Chile
Frente al riesgo de entorpecer la experiencia de los usuarios con barreras masivas, los expertos apuntan a la necesidad de diseñar defensas basadas en el riesgo contextual.
Lunes 14 de septiembre de 2026
El avance de las tecnologías de manipulación digital —como audios, videos y rostros falsificados mediante inteligencia artificial— ha dado origen a una nueva generación de fraudes en el país.
Ante ello, el objetivo actual ya no se limita a vulnerar un dispositivo o robar una cuenta, sino a lograr que las víctimas interactúen convencidas de que lo hacen frente a una fuente legítima.
En Chile, diversos organismos públicos ya han encendido las alarmas tras registrar el uso indebido de la imagen de autoridades para difundir falsas oportunidades de inversión. Esta tendencia expone cómo los sistemas de IA amplifican las campañas de suplantación de identidad, difuminando peligrosamente la línea entre lo real y lo artificial.
El colapso de los métodos tradicionales
Durante años, la ciberseguridad se estructuró sobre pilares básicos: algo que el usuario sabía (una contraseña) o algo que poseía (un dispositivo o un código temporal). Sin embargo, la convergencia entre ingeniería social y la sofisticación de la IA ha vuelto obsoletos estos mecanismos por sí solos.
Para Hugo Díaz, CEO de Autentikar, este escenario disruptivo exige transformar radicalmente la validación de identidad en las plataformas corporativas y estatales:
"Cuando un video puede imitar a una autoridad o a un ejecutivo, ya no basta con preguntar si el usuario conoce una clave. Las organizaciones deben acreditar que hay una persona real presente, que su identidad corresponde, que entiende lo que está autorizando y que la operación deja evidencia verificable."
Controles inteligentes y adaptativos
Frente al riesgo de entorpecer la experiencia de los usuarios con barreras masivas, los expertos apuntan a la necesidad de diseñar defensas basadas en el riesgo contextual:
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Diferenciación de procesos: no representa el mismo nivel de riesgo consultar un saldo que abrir una cuenta, recuperar credenciales, firmar un contrato o autorizar una transferencia de alto valor.
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Enfoque multifactorial: la autenticación moderna exige combinar la verificación de identidad, la validación documental, la detección de comportamientos anómalos, el registro del consentimiento y la conservación de trazabilidad.
"La mejor seguridad no es la que obliga a todos los clientes a superar más barreras. Es la que reconoce con rapidez al usuario legítimo y eleva los controles únicamente cuando aparecen señales de riesgo", sostiene Díaz.
La confianza como pilar de la economía digital
Sectores como la banca, telecomunicaciones, seguros, comercio electrónico y servicios públicos concentran los mayores desafíos en canales remotos, especialmente en procesos críticos como cambios de datos personales o recuperación de cuentas.
En este ecosistema, la identidad digital deja de ser un mero trámite técnico para consolidarse como un activo estratégico. El verdadero reto para las instituciones no radica en acumular más filtros de seguridad, sino en equilibrar de manera inteligente la protección contra el fraude, la privacidad y una experiencia digital fluida para las personas.