Universidades refuerzan su ciberseguridad ante el auge de dispositivos personales
La digitalización académica y el uso de dispositivos propios por parte de estudiantes y docentes han multiplicado los riesgos digitales. Expertos advierten que el costo promedio de una filtración de datos ya alcanza los US$4,45 millones.
Jueves 26 de marzo de 2026
Las universidades chilenas y latinoamericanas han dado un salto sin retorno hacia la digitalización.
Plataformas de aprendizaje virtual, repositorios de investigación y sistemas administrativos en línea son hoy el corazón de la academia. Sin embargo, esta apertura tecnológica ha traído consigo una vulnerabilidad crítica: la desaparición del perímetro de seguridad tradicional.
El desafío del "Trae tu propio dispositivo" (BYOD)
El modelo actual, donde estudiantes y académicos acceden a las redes institucionales desde sus propios computadores y celulares, ha expandido la superficie de exposición a ataques. Al no haber un control unificado sobre los dispositivos que se conectan, la infraestructura digital queda más expuesta a incidentes.
“Hoy las instituciones educativas operan en un entorno donde el perímetro de red prácticamente ha desaparecido. Esto obliga a mantener una vigilancia permanente sobre lo que ocurre dentro de la infraestructura digital”, explica Gina Marcela Moreno Guerrero, PDM CyberSecurity Latam de TIVIT.
Impacto económico y operativo
La seguridad ya no es solo un problema del departamento de informática, sino una prioridad financiera. Según el informe Cost of a Data Breach de IBM, el costo promedio global de una filtración de datos asciende a US$4,45 millones. En el sector educativo, este riesgo se amplifica por el enorme volumen de usuarios y datos sensibles que se manejan diariamente.
Para las instituciones, un ataque no es solo una pérdida de dinero; es un golpe a la continuidad académica. La caída de un sistema de matrículas o de una plataforma de exámenes puede paralizar por completo la operación de una universidad.
Vigilancia 24/7 y respuesta temprana
Para mitigar estos riesgos, las casas de estudio están implementando estrategias de monitoreo continuo en tiempo real. Estas herramientas permiten:
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Procesar grandes volúmenes de datos: Algunas plataformas analizan hasta 1.000 eventos por segundo (EPS).
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Detectar anomalías: Uso de inteligencia de amenazas para identificar comportamientos sospechosos en cuentas de alumnos o administrativos.
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Anticipación: Identificar patrones de riesgo antes de que se conviertan en una crisis.
Modelos gestionados: La solución ante la falta de especialistas
Dada la sofisticación de las amenazas y la escasez de expertos en ciberseguridad en el mercado, muchas universidades están optando por modelos gestionados.
Estos servicios externos permiten a las instituciones contar con vigilancia las 24 horas, los 365 días del año, accediendo a tecnología de analítica avanzada y automatización sin la necesidad de contratar y entrenar grandes equipos internos. Desde centros estratégicos (hubs) de ciberseguridad en Latinoamérica, se analizan eventos de múltiples organizaciones para responder con mayor rapidez ante incidentes globales que puedan afectar al sector educativo.