“Eventos extremos están dejando de ser excepcionales": advierten sobre impacto económico de un posible “Niño Godzilla” en Chile
El aumento de eventos climáticos extremos y las altas temperaturas oceánicas están elevando el riesgo de inundaciones, interrupciones operacionales y daños en infraestructura crítica, en un escenario donde muchas organizaciones aún mantienen coberturas insuficientes.
Miércoles 20 de mayo de 2026
Una consultora advirtió sobre el creciente impacto económico que podrían generar en Chile los eventos climáticos extremos asociados a un fenómeno de El Niño de alta intensidad, en un contexto internacional marcado por temperaturas oceánicas cercanas a máximos históricos.
Según datos de organismos internacionales y modelos climáticos recientes, existe entre un 70% y más de 90% de probabilidad de que El Niño se consolide durante este período y permanezca activo gran parte del año. Algunos escenarios incluso proyectan la posibilidad de un evento particularmente severo —denominado informalmente por algunos expertos como “Niño Godzilla”— con anomalías superiores a los 2°C en el Pacífico ecuatorial.
Para Marsh, líder global en gestión de riesgos y corretaje de seguros, el riesgo no se limita únicamente a lluvias intensas o inundaciones, sino al efecto económico sistémico que este tipo de fenómenos puede generar sobre infraestructura crítica, continuidad operacional, cadenas logísticas y capacidad de respuesta de empresas e instituciones.
“Los eventos extremos están dejando de ser excepcionales. Hoy, el riesgo climático debe ser gestionado como un riesgo estratégico de negocio y no únicamente como un problema ambiental”, señala Sebastián Tobio, Líder de Marsh Risk Consulting para el Clúster Sur (Chile, Argentina y Uruguay).
El ejecutivo advierte que muchas organizaciones siguen subestimando las pérdidas indirectas asociadas a este tipo de fenómenos. “Las mayores pérdidas no necesariamente provienen del daño físico visible. Muchas veces el principal impacto está en la interrupción operacional, la detención de faenas, los problemas logísticos o la incapacidad de proveedores críticos para seguir funcionando”, explica.
El escenario global refuerza esta preocupación. Estudios recientes muestran que el contenido de calor de los océanos alcanzó niveles récord en las últimas décadas, aumentando la intensidad de tormentas, inundaciones y precipitaciones extremas.
En Chile, los antecedentes recientes evidencian la magnitud del problema. El sistema frontal de junio de 2023 dejó miles de viviendas dañadas, más de 19.000 personas damnificadas y pérdidas directas en infraestructura estimadas entre US$ 230 millones y US$ 273 millones. Posteriormente, nuevos eventos climáticos generaron daños agrícolas cercanos a US$ 720 millones en distintas regiones del país.
De acuerdo con estimaciones internacionales, Chile pierde en promedio cerca de US$ 4.500 millones anuales por desastres naturales, equivalente aproximadamente al 1,5% del PIB.
Desde Marsh advierten además que muchos de estos impactos quedan parcialmente descubiertos debido a brechas en las pólizas y problemas de subvaloración de activos.
“En Chile todavía existe una importante diferencia entre lo que las empresas creen tener asegurado y lo que efectivamente cubren sus pólizas. Las brechas suelen aparecer cuando el evento ya ocurrió”, afirma Sebastián Tobio.
Entre los principales problemas detectados se encuentran diferencias entre coberturas por inundación, anegamiento o filtración; exclusiones vinculadas a desbordes de ríos o fallas de infraestructura; y una baja incorporación de seguros asociados a interrupción de negocio.
El avance de la urbanización en zonas inundables y la creciente dependencia de infraestructura crítica también elevan la exposición económica del país frente a este tipo de fenómenos.
Frente a este escenario, Marsh enfatiza la necesidad de fortalecer la gestión integral de riesgos como el análisis de brechas ambientales, la preparación y revisión preventiva de coberturas, protocolos y modelos de continuidad operacional.
“La pregunta ya no es si estos eventos van a ocurrir, sino cuándo y qué tan preparadas estarán las organizaciones para enfrentarlos. Las empresas que trabajen anticipadamente en gestión de riesgos serán las que logren reducir pérdidas y sostener su operación”, concluye Sebastián Tobio.