"Gabi": el primer robot en convertirse en monje budista
La Orden Jogye busca atraer a jóvenes coreanos con una mezcla inédita de tradición religiosa e inteligencia artificial.
Domingo 10 de mayo de 2026
En los últimos días, una escena poco habitual surgida en Corea del Sur ha llamado la atención de medios internacionales. En el templo Jogyesa, en pleno centro de Seúl, una ceremonia budista seguía el ritmo solemne de siempre –entre cánticos, incienso y faroles decorativos– cuando un detalle rompía la imagen tradicional: entre los novicios participaba un robot humanoide.
Se llama Gabi, mide 130 centímetros y esta semana se convirtió en el primer participante no humano en completar un ritual de iniciación dentro del budismo surcoreano.
Vestido con indumentaria monástica y moviéndose junto al resto de los asistentes, el androide avanzó hasta el altar, juntó las palmas de las manos en señal de oración y se inclinó ante la asamblea de monjes y fieles.
La Orden Jogye, responsable de la ceremonia, pertenece al budismo zen coreano, una rama del mahāyāna –extendido en China, Corea y Japón– que pone especial énfasis en la meditación y la práctica contemplativa.
Es una de las grandes vertientes de una tradición fundada hace más de 2.500 años que, lejos de funcionar como una religión unificada, agrupa una constelación de escuelas y prácticas: desde el theravāda del sudeste asiático hasta las distintas corrientes del mahāyāna y el vajrayāna tibetano.
Preceptos budistas para un robot
El nombre "Gabi" fue elegido por su relación con la misericordia y la compasión budista. Según explicó el Venerable Seong Won a la agencia Yonhap, querían un nombre "fácil de pronunciar" y que representara "la difusión de la misericordia de Buda por todo el mundo".
El modelo utilizado, llamado G1, de la empresa china Unitree Robotics, tiene un precio inicial de 13.500 dólares.
El budismo surcoreano busca a los jóvenes
La idea, según Sungwon, comenzó casi como una broma. "Pero cuanto más lo pensábamos, más serio se volvía".
La iniciación de Gabi forma parte de una estrategia más amplia de la Orden Jogye –la principal confesión budista de Corea del Sur– para intentar conectar con las nuevas generaciones en un contexto de fuerte declive religioso.Ante esa pérdida de interés, la organización ha impulsado iniciativas alejadas de la imagen tradicional del budismo monástico, incorporando desde campañas digitales y aplicaciones de meditación hasta productos de merchandising y eventos diseñados para atraer atención en redes sociales.