Ya no basta con sacar buenas notas: colegios redefinen el éxito escolar ante la crisis de salud mental

La discusión va más allá de cuánto contenido logra aprender un estudiante. La nueva pregunta es si los jóvenes cuentan con las herramientas emocionales necesarias para enfrentar un mundo.

24horas.cl

Miércoles 10 de junio de 2026

Durante años, el éxito escolar estuvo asociado principalmente a las calificaciones, los resultados académicos y el ingreso a la educación superior. Sin embargo, el escenario actual está impulsando a los colegios a replantear esa mirada: el aumento de los problemas de salud mental en niños y adolescentes, sumado al avance acelerado de la Inteligencia Artificial (IA), está cambiando las prioridades dentro de las comunidades educativas.

Hoy, la discusión va más allá de cuánto contenido logra aprender un estudiante. La nueva pregunta es si los jóvenes cuentan con las herramientas necesarias para enfrentar un mundo marcado por la incertidumbre, los cambios constantes y nuevos desafíos personales y laborales.

La preocupación crece. La salud mental infantil y adolescente atraviesa un periodo complejo, con un aumento de síntomas asociados a ansiedad, depresión y otros trastornos que afectan la vida escolar. A esto se suma el impacto de la transformación tecnológica: la inteligencia artificial y la automatización están modificando las habilidades que serán necesarias en el futuro del trabajo.

Ante este panorama, los establecimientos educacionales comenzaron a ampliar su definición de aprendizaje. Además de los conocimientos tradicionales, hoy toman fuerza competencias como la resiliencia, la adaptación al cambio, el pensamiento crítico, la empatía y la capacidad de colaborar con otros.

“La educación enfrenta un desafío inédito. Ya no basta con entregar conocimientos. Necesitamos formar personas capaces de adaptarse a contextos cambiantes, gestionar sus emociones y seguir aprendiendo durante toda la vida”, explica Jorge Ramos, rector de Colegio Pumahue Chicauma.

Esta transformación ya se refleja en las aulas. Los programas de bienestar socioemocional, las actividades deportivas, el desarrollo de liderazgo, el trabajo colaborativo y los espacios de participación estudiantil comienzan a ocupar un rol central dentro de una formación más integral.

El motivo es que, mientras la tecnología avanza a una velocidad sin precedentes, existen habilidades que siguen siendo esencialmente humanas y difíciles de reemplazar. La capacidad de relacionarse, tomar decisiones, enfrentar dificultades y comprender a otros se vuelve cada vez más relevante.

Por eso, expertos y comunidades educativas coinciden en que el gran desafío del siglo XXI no será únicamente preparar estudiantes para rendir evaluaciones, sino formar personas capaces de desenvolverse en escenarios cambiantes, construir vínculos saludables y adaptarse a un entorno que evoluciona permanentemente.

La discusión ya no parece centrarse en si el modelo educativo debe cambiar, sino en qué tan rápido será capaz de hacerlo.

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