Manos heladas: cuándo es normal y cuándo hay que ir al médico

Si bien tener las manos frías puede ser normal en días de invierno, mantenerlas así cuando hace calor puede ser síntomas de otra situación de salud.

24horas.cl

Lunes 17 de agosto de 2026

Tener frío en las extremidades, ya sea manos o pies, es habitual durante el invierno. Sin embargo, para muchas personas esta molestia persiste incluso en días calurosos o tarda varios minutos en revertirse tras intentar abrigarse.

Aunque por lo general es una respuesta fisiológica inofensiva, su recurrencia constante puede ser indicio de alguna condición médica subyacente.

El doctor  Tito Pizarro, académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago (Usach), explicó a Diario Usach que el origen principal de esta sensación es la vasoconstricción, un proceso en el cual los vasos sanguíneos se estrechan y reducen de forma temporal el flujo de sangre hacia las manos y los pies.

"Es una respuesta fisiológica del organismo. Los vasitos se cierran y se produce esa sensación de frío incluso con temperaturas ambientales cálidas. Mucha gente lo tiene y no hay que asustarse, suele ser muy normal", precisó el especialista.

Síntomas a los que se debe prestar atención

El profesional advirtió que la clave está en evaluar la frecuencia y la intensidad de los episodios.

El problema de las manos frías radica en la mantención de síntomas

Cuando el fenómeno deja de ser algo ocasional y se transforma en un problema persistente, es recomendable acudir a una evaluación médica para descartar patologías específicas:

  • Fenómeno de Raynaud: se trata de una respuesta exagerada de los vasos sanguíneos frente al frío o situaciones de estrés. Se manifiesta con vasoconstricción severa, dolor, hormigueo y cambios notorios de coloración en los dedos (los cuales pueden tornarse azulados). El especialista subrayó la importancia de diagnosticarlo a tiempo para descartar enfermedades autoinmunes asociadas.

  • Hipotiroidismo: la baja producción de hormonas por parte de la glándula tiroides genera una mayor intolerancia generalizada al frío, lo que suele ir acompañado de desequilibrios en el metabolismo.

Pizarro concluyó que, si bien estos cuadros deben ser evaluados por un profesional para controlar desencadenantes como el estrés o ajustar tratamientos específicos, tener las extremidades frías en el día a día no es motivo inmediato de alarma si ocurre de forma aislada y sin otros síntomas asociados.

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