“Mañana Tiroteo”: Características y factores de riesgo detrás del reto viral que preocupa a los colegios del país
Esta tendencia combina anonimato, búsqueda de validación y una baja conciencia sobre sus consecuencias, generando alarma en comunidades educativas no solo en Chile, sino también en diversas naciones de la región.
Martes 12 de mayo de 2026
En las últimas semanas, distintos establecimientos educacionales de Chile han registrado denuncias por amenazas de posibles tiroteos, una situación que ha generado alarma en comunidades escolares y ha derivado en suspensiones preventivas de clases.
¿Qué es el reto viral “Mañana Tiroteo”?
El reto, que se ha expandido también en otros países del continente, consiste en difundir amenazas falsas de tiroteo a través de redes sociales, mensajes anónimos o rayados dentro de los propios establecimientos, muchas veces incorporando fechas o lugares específicos para darles mayor credibilidad. La dinámica del anonimato y la viralización en plataformas digitales ha hecho que estos contenidos se propaguen rápidamente, incrementando la sensación de inseguridad al interior de los recintos educacionales.
Según explicó Camila Navarrete, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad UNIACC, “estas conductas no suelen explicarse por una sola causa. En muchos casos, se vinculan con la búsqueda de pertenencia, reconocimiento o validación social, especialmente en etapas donde la identidad está en construcción”.
La especialista agregó que, en otros casos, “aparece el humor desregulado o provocador propio de la adolescencia, donde se tensionan los límites sin dimensionar el impacto real”.
Factores de riesgo
En cuanto a las características psicológicas de quienes impulsan estas dinámicas, indicó que “no existe un perfil único, pero sí podemos observar algunos factores de riesgo: dificultades en habilidades sociales, necesidad de validación externa, impulsividad o experiencias previas de exclusión o conflicto”.
“En la mayoría de los casos, estas situaciones comienzan como una broma o desafío que escala rápidamente, más que como una intención real de generar daño grave. El problema es que, en el contexto digital, lo que inicia como algo aparentemente inofensivo puede amplificarse de manera exponencial y perder completamente el control de quien lo originó”, complementó.
La psicóloga infantojuvenil aseguró que un elemento central detrás de este fenómeno es la desconexión entre la acción y sus consecuencias. “Es bastante frecuente en adolescentes. Tiene que ver con procesos neuropsicológicos propios del desarrollo, donde las funciones asociadas a la anticipación de consecuencias y la toma de decisiones aún están en maduración”.
El rol de las plataformas digitales
En ese sentido, las plataformas digitales cumplen un rol clave en la expansión del fenómeno. “Funcionan como amplificadores de conductas, pero también como espacios donde se construyen normas implícitas”, señaló. Asimismo, advirtió que “cuando algo se vuelve viral, puede percibirse como validado o incluso aceptable, mientras que la lógica de los desafíos favorece la repetición sin mayor reflexión”.
Sin embargo, alertó que el impacto de este tipo de retos en las comunidades educativas es directo. “Se activa una sensación de amenaza que afecta no solo a estudiantes, sino también a docentes y familias. Puede generar ansiedad, miedo, desconfianza y alteraciones en la percepción de seguridad del espacio escolar. Además, interrumpe los procesos educativos y tensiona los vínculos dentro de la comunidad. Incluso cuando la amenaza no es real, la experiencia emocional sí lo es, y eso requiere ser abordado”.
La docente también señaló que la alta exposición a hechos de violencia que han ocurrido en distintos recintos educacionales del país podría incidir en la aparición de este tipo de conductas. “La exposición constante a contenidos de violencia puede influir. No necesariamente genera una intención de replicar conductas, pero sí puede contribuir a una mayor familiaridad con estas narrativas”, sostuvo.
“En algunos casos, esto puede disminuir la percepción de gravedad o convertir estos temas en parte del lenguaje cotidiano digital, lo que facilita que se utilicen de manera descontextualizada o como forma de impacto”, añadió la académica.
Prevención
Frente a este escenario, el foco —planteó— debe estar en la prevención. “Es clave trabajar en habilidades socioemocionales: regulación emocional, empatía, pensamiento crítico y uso responsable de redes sociales. No basta con prohibir, es necesario educar”, afirmó. Junto con eso, enfatizó que los colegios deben contar con protocolos claros, pero también con espacios formativos: “La respuesta no debe ser solo punitiva, sino también educativa, ayudando a comprender el impacto de estas acciones”.