Brasil clausura su fiesta con carnaval y los oros más deseados



Los Juegos Olímpicos se despiden con la resaca del oro de la Canarinha y las lágrimas resecas de 200 millones de personas, que lloraron cuando su estrella Neymar les entregó su medalla más importante.

Horas después, su voleibol completó la fiesta antes de que el Carnaval ocupara el Maracaná.

A nadie le importa ya en Brasil que su país ocupe el decimotercero puesto del medallero, a la altura de Jamaica, Kenia o Croacia.

La seleçao colgó al fin en su vitrina el único trofeo importante que le quedaba por ganar, acabando con una maldición que duraba toda la vida.

 

"Hoy hemos hecho historia. No encuentro palabras para describir este sentimiento", sostuvo el delantero muy emocionado.

En un país donde el fútbol es religión, el voleibol es el segundo deporte más importante. Y uno en el que la auriverde también consiguió espantar sus fantasmas más de una década después.

Brasil llegaba a su cuarta final consecutiva pero había perdido las dos últimas. Este domingo, contra Italia, cambió su suerte.

Historias paralelas que se cruzaron por fin en Rio. Las dos medallas más esperadas se quedaban en casa.

 


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