Un episodio de "El Niño" de alta intensidad podría desarrollarse durante los próximos meses. Así lo advirtió Rosa Zamora, investigadora del Centro de Acción Climática de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), proyectando un 97% de probabilidad de que persista hasta inicios del próximo año.
El fenómeno nace por la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico ecuatorial. Cuando los vientos alisios se debilitan, disminuye la surgencia de agua fría y la temperatura del mar aumenta en el sector central y oriental.
Estas anomalías térmicas modifican los patrones globales de presión, viento y nubosidad mediante teleconexiones atmosféricas. En Sudamérica, este escenario incrementa la probabilidad de precipitaciones por sobre los rangos habituales en la zona centro y norte de Chile.
A nivel regional, el calentamiento marino debilita el anticiclón subtropical del Pacífico Sur. Esta pérdida de fuerza permite que los sistemas frontales avancen con mayor libertad hacia latitudes más bajas del territorio nacional.
A ello se suma la acción de la oscilación de Madden-Julian y los ríos atmosféricos. Cuando estos últimos transportan vapor de agua desde el trópico e interactúan con frentes fríos, potencian la cantidad y la persistencia de los temporales.
Para el trimestre entre agosto y octubre se anticipan anomalías térmicas marinas superiores a los 2 °C. En esa línea, la Dirección Meteorológica de Chile proyecta precipitaciones sustancialmente mayores a los promedios históricos para la zona centro y centro-sur.
El escenario contempla riesgos de aluviones y crecidas de ríos por una isoterma cero más alta, provocando lluvias en sectores cordilleranos donde habitualmente cae nieve.
Pese a los eventuales daños, el evento aportará un alivio hídrico y acumulación nival en regiones afectadas por la megasequía. No obstante, especialistas aclaran que un solo periodo de lluvias no garantiza la recuperación definitiva de las reservas de agua.