Capítulo I: Soy igual a ellos ¿o no?

Hace 25 años Chile suscribió la Convención sobre los Derechos del Niño, dando paso así a un foco en la protección de los más pequeños que habitaban en el territorio nacional.

En este contexto no es sorpresivo que en  las últimas dos décadas haya avances concretos en políticas públicas que refieren al cuidado de los infantes, sin embargo los niños migrantes o de padres migrantes recién están siendo tomados en cuenta a nivel estatal, pese a tener constantes conflictos que amenazan sus derechos.

A nivel administrativo muchos niños que llegan a vivir a Chile se topan con dificultades  esenciales para lograr la regularidad de sus documentos, situación que también viven sus padres y que a veces los afectan.

Uno de los problemas más frecuentes hasta hace un año atrás eran los llamados niños “apátridas”, es decir aquellos que no contaban con una nacionalidad. A pesar de que nacían en Chile los pequeños eran inscritos en el Registro Civil como “Hijos de extranjeros transeúntes”, etiqueta que surgió de una interpretación del artículo 10 de la Constitución que indica que son chilenos “los nacidos en el territorio de Chile, con excepción de los hijos de extranjeros que se encuentren en Chile en servicio de su Gobierno y de los hijos de extranjeros transeúntes, todos los que, sin embargo, podrán optar por la nacionalidad chilena”

La Carta Magna no especifica quienes son los extranjeros transeúntes, por lo que en la administración pública se asemejaba el término a los extranjeros que estaban en Chile sin visa y por tanto sin residencia que acreditara su estadía constante en el país. Al inscribir a sus hijos entonces, estos quedaban como “Hijos de extranjeros transeúntes”, puesto que se suponía estaban de paso. La nacionalidad chilena entonces no era una opción. 

“En el caso de los niños, el derecho principal que se vulnera cuando se producen situaciones de apatridia es el derecho a la identidad y éste está íntimamente ligado al derecho de un nombre, de un domicilio y de otros atributos que le permiten a la persona vivir con dignidad dentro de un país y acceder a garantías sociales”, indica Anuar Quesille, Oficial de Protección de Unicef.

En el segundo gobierno de Michelle Bachelet se intentó hacer un giro en el criterio y en agosto de 2014 se ordenó al Registro Civil dictar una circular en la que se expresara claramente que “ transeúntes” se refieren sólo a los turistas y tripulantes.

“A nadie más. Son dos situaciones puntuales y de paso. Y, respecto de aquellos que no hayan sido inscritos, tienen todo el derecho de solicitar que se les cambie esa calidad de transeúnte”, afirmaba el  entonces ministro de Justicia, José Antonio Gómez.

Desde la misma vereda, en Unicef plantean que  actualmente “uno de los principales objetivos es que todos los niños que viven en Chile, sean chilenos, extranjeros, transeúntes, sean migrantes en situación regular o irregular tengan los mismos derechos y garantías administrativas para que puedan formar una cultura de derecho”, dice Quesille.

Lamentablemente, al parecer, la instrucción no ha bajado al servicio de atención de primera línea, puesto que aún en Chile siguen habiendo niños que son inscritos como “Hijos de extranjeros transeúnte”, además de toda una generación de infantes- como el protagonista del reportaje- que quedaron con sus papeles alterados por este concepto, sin poder acceder a un RUT que les garantice servicios básicos como a cualquier ciudadano.

Aunque hay un procedimiento para cambiar los papeles de los menores afectados, se hace demasiado difícil que se cumpla con prontitud si es que no hay una nueva ley migratoria que obligue a proteger esta dimensión de la identidad infantil.

Mercedes y su hijo Mario son una muestra de aquellos que aún están perjudicados por esta denominación y que viven día a día con la incertidumbre de contar con atención en los servicios de salud, administrativos y de educación.
 

En la siguiente tabla te explicamos el cambio de criterio que se ordenó desde el Gobierno:

Interpretación de "Hijo de extranjero Transeúnte"
AntesAhora
Pedro nace en Chile de padre y madre
extranjero en situación migratoria irregular en el país
Pedro nace en Chile de padre y madre extranjero en situación migratoria irregular en el país
Son chilenos los nacidos en el territorio nacional, con excepción de los hijos de extranjeros que se encuentren en Chile en servicio de su Gobierno y los hijos de extranjeros transeúntes.Son chilenos los nacidos en el territorio nacional, con excepción de los hijos de extranjeros que se encuentren en Chile al servicio de su Gobierno y los hijos de extranjeros de paso en Chile, como tripulantes y turistas.
Se interpretaba que eran transeúntes los papás de Pedro ya que no tienen regularizado su situación migratoria y, por lo tanto, no tienen ánimo de residencia en Chile.No se interpreta como una excepción al principio constitucional de ius solis porque los padres, independiente de su estatus migratorio, son residentes provisorios y no pueden ser considerados como extranjeros transeúntes.
Pedro no es chileno, por tanto es tratado como extranjero y debe pedir visa para tener cédula de identidad. Empieza un ciclo difícil que puede dificultar su educación y atención médica, entre muchas otras.Pedro es de nacionalidad chilena, al inscribirse en el Registro Civil tiene un RUT y tiene todos los derechos al igual que cualquier otro chileno.

 

La nueva interpretación de "hijo de extranjero transeúnte" no es el único cambio impulsado por Extranjería en los últimos meses. Se eliminaron, también, las multas para los menores de 18 años, quienes podrán optar por una visa de cualquier tipo, previo pago único de USD $15.

Las resoluciones, en vigor desde marzo de 2015, alivian parte del mar burocrático y discriminatorio entre pequeños de diferentes países, pues, antes, el costo de la visa dependía del país de procedencia. Además, el niño solía quedar como carga del tutor, traspasándose el mismo estatus migratorio del adulto.

Pero regularizar la situación no es sólo sinónimo de tranquilidad, sino que lleva asociado el "anhelado" RUT chileno; la llave de entrada a derechos básicos como educación y sanidad.

Chile "condiciona el acceso a servicios sociales a contar o no con un RUT", reconoce el jefe Nacional del Departamento de Extranjería y Migración, Rodrigo Sandoval, y "muchos derechos determinados por la Constitución no tienen por qué tener un RUT".

Esta exigencia administrativa legal "torna más vulnerable al migrante", señala, y precariza su nueva vida en el nuevo país, sobre todo para los más débiles y frágiles.

A los obstáculos administrativos, se suma la adaptación social. Según el Oficial de Protección de Unicef, Anuar Quesille, no se puede aseverar que Chile sea un país discriminatorio, pero tampoco “está acostumbrado a convivir con una cultura de la tolerancia y la diversidad". Para él, esta "connotación negativa" que tiene la migración en nuestro país se deriva a la "falta de políticas sociales" y garantías de igualdad para los migrantes en general, y para los menores en particular.

En la vivencia el escenario es más claro. Encontramos niños que tienen que adaptarse a una nueva forma de hablar, a un nuevo clima, a unos nuevos amigos y a nuevos roles dentro de su propia familia. Tareas complejas para las que no ayudan episodios de discriminación como los que sufrieron los hijos de Patricia Rodríguez. La escuela, para ellos, fue "una dura etapa" que han superado con éxito.

 

Saltar publicidad

La publicidad terminara en 5