El informe secreto que perfiló al Primer Comando de la Capital y sus vínculos con criminales chilenos

De acuerdo con el documento, quienes se hicieran miembros del grupo debían pagar $700 mil mensuales por la “membresía”. La relación creó un nuevo modelo criminal, detalla la policía uniformada. 

Jorge Molina Sanhueza

Martes 29 de septiembre de 2026

Fue el agregado policial de Carabineros en Brasil quien recibió por primera vez información que vinculaba a chilenos con el Primer Comando de la Capital (PCC), una de las dos mayores organizaciones criminales de ese país.

Los datos fueron allegados por el Promotor de Justicia del Ministerio Público del Estado de Sao Paulo, donde se revelaba la existencia de nueve sujetos, connacionales y paulistas, cuyo alcance era extender las operaciones del PCC en la región, como una suerte de franquicia.

La información consta en un informe reservado del OS-7 de Carabineros, que daba cuenta de que la organización criminal operaba “mediante facciones o células generando diversos delitos organizados, transnacionales y violentos en los países de América del Sur, y que Chile sería un país de interés criminal emergente”.

El documento cobra relevancia a raíz de la reciente desarticulación realizada por la FIscalía Sur, que involucra a una serie de criminales chilenos y un brasilero que se encuentra en prisión preventiva por homicidio simple, identificado como Lucas Leonardo de Oliveira Santo, y apodado “Neguinho Lucas”, de acuerdo al OS7.

En la llamada Operación Sintonía 1533 del Ministerio Público chileno, se decretaron al menos 24 órdenes de detención. En todo caso, varias de las personas requeridas se encuentran cumpliendo prisión preventiva desde Arica hasta la Región del Bío Bío.

Empresa criminal

El documento, tenido a la vista por Informe Especial, explica que la información proporcionada por Brasil permitió la identificación de Robinson Romo (“El Chapo”), José Casonis (“Cocha”) y Juan Nataly (“Pelado”). Este último purga condena por posesión de armas, robo, hurto homicidios, entre otros, en el penal de Colina.

A los anteriores se suma Eduardo Videla (“Nacho”), preso en Puente Alto por delitos similares, más atentado contra la autoridad y tráfico de drogas. Álvaro Año (“toto”), en tanto, sigue la misma línea delictual. Hubo algunos que no pudieron ser identificados.

“Respecto a los sujetos antes indicados y que figurarían en los registros del 'Primer Comando de la Capital' en Brasil, el Departamento Antidrogas OS7 pudo establecer la vinculación entre ellos en diferentes hechos delictivos organizados”, sigue.

Y agrega: “En relación a los resultados de las diligencias operativas, permitió determinar que (...) el 'Primer Comando de la Capital' tendría actividades criminales organizadas en Chile, desarrollando la aplicación denominada como 'empresa criminal', símil contexto a los que generan en diversos países de Sudamérica; es decir, externalización de servicios criminales donde brindan apoyo logístico y recursos humanos para los objetivos delictuales organizados”. 

El análisis agrega que el PCC comete una pluralidad de ilícitos que por antonomasia hablan de criminalidad organizada, que van desde el narcotráfico, tráfico de armas, trata de personas, secuestros, entre otros.

De acuerdo con el documento, quienes se hicieran miembros del PCC debían pagar $700 mil mensuales por la “membresía”. 

“Mediante este contexto se genera una fidelización criminal para obtener los siguientes recursos: armamentos, vehículos y casas de seguridad. Todo lo anterior, para el cumplimiento de los objetivos delictuales organizados y violentos. Estos resultados permiten un aumento patrimonial para la organización criminal local, como principal beneficio, además de la dificultad de la desarticulación a través de las investigaciones criminales”, detalla el informe.

Operación creativa

El OS7 también dibujó el perfil de la agrupación delictiva y sus operadores en Chile, con “modo criminal innovador”.

“Este mecanismo delictual, les permitiría a las organizaciones criminales nacionales 'contratar' los servicios del 'Primer Comando de la Capital' como una organización criminal que externaliza (subcontratación) para lograr el objetivo criminal”, destaca.

Y para evitar la acción de la justicia, deshacen vínculos, como la comunicación y coordinación “entre los miembros de ambas organizaciones (nacionales y PCC), de tal manera de dificultar los procesos investigativos (...), toda vez que no se apreciaría una estructura clara y definida, sino más instrumental para los fines criminales”. 

Dentro del análisis, Carabineros descubrió un “modo operativo” de la orgánica en Chile.

“Se estableció desplazamiento en diversos vehículos por comunas de la Región Metropolitana, quienes portaban armas de fuego (pistolas, revólveres y escopetas). Bajo estas características, se generaba la búsqueda de potenciales objetivos criminales a través de una coordinación y comunicación permanente y sistemática entre sus integrantes, de manera de comunicar la identificación del interés delictual, quienes debían anunciarlo para ejecutar el delito y con ello el cumplimiento de sus objetivos”, detalla. 

En este sentido, destacan las conclusiones del informe, no es “una actividad criminal habitual, altamente coordinada y violenta; es decir, despliegues operativos criminales espontáneos en cuanto a la identificación de víctimas”.

Básicamente, para construir la fórmula, se realizan “búsquedas simultáneas de intereses criminales a través de vehículos con 4 sujetos aproximadamente, altamente armados”.

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