Coquimbo, Los Ríos y Magallanes: las tres regiones que están con la basura hasta el cuello

Un estudio reveló que el 88% de los residuos sólidos domiciliarios llegan a rellenos sanitarios y el 42% tiene como destino final un recinto con su vida útil caducada. El problema es aún más crítico si consideramos que en 2024 se recolectó un 4% más de basura.

Paz Fernández.

Jueves 17 de septiembre de 2026

La empresa Kylos dedicada a la sostenibilidad circular y la Asociación de Municipalidades de Chile (Amuch) desarrollaron un estudio sobre la gestión de basura local.

Levantaron datos de 327 municipios y lo plasmaron en la "Radiografía de los residuos municipales 2026". 

El resultado no fue auspicioso. Según el sondeo, en 2024 los gobiernos comunales gestionaron 8,2 millones de toneladas de residuos, lo que es un 3,9% más que el año anterior.

No solo se trata de aumento de basura, sino también de un incremento en el transporte necesario para trasladarla y en el costo asociado.

Pero lo más grave es la problemática estructural que aqueja a los gobiernos locales respecto al lugar donde quedan finalmente los residuos. 

En efecto, la mayoría de la basura termina finalmente en un relleno sanitario; sin embargo, en varias zonas del país estos lugares ya están colapsados o les quedan pocos años de uso. 

La crisis de disposición final

Para entender la magnitud del problema, hay que tener en cuenta que hay tres lugares donde los residuos sólidos domiciliarios quedan finalmente:

  • Relleno sanitario: obra de ingeniería con impermeabilizacipon de suelos, manejo de lixiviados, control de gases y cobertura daria de los residuos, evitando contaminación.
  • Vertedero: sitio autorizado para disponer residuos, pero sin impermeabilización, sin sistema de recolección de lixiviados ni manejo de biogás, lo que genera contaminación de aguas subterráneas, malos olores y proliferación de vectores (moscas, roedores).
  • Basural: acumulación ilegal y sin autorización de residuos, sin ningún control, de mayor impacto ambiental y sanitario.


Tal como muestra el gráfico, el 88% de la basura tiene como destino final el relleno sanitario. El problema es que “42% de los residuos depende de infraestructura colapsada o próxima a colapsar”; es decir, son arrojados en recintos que ya no resisten más. 

Los peores escenarios se ven en Coquimbo, Los Ríos y Magallanes; tres regiones que dependen completamente de sitios caducados. En simple, están con su capacidad al máximo del diseño o su pronóstico de vida útil acabado. 


"Para los municipios, el colapso de los rellenos sanitarios significa enfrentar mayores costos operativos, dependencia de infraestructura externa y conflictos territoriales. La basura debe trasladarse a distancias cada vez más largas, lo que aumenta la presión sobre los presupuestos locales y genera impactos ambientales asociados al transporte. Además, la falta de capacidad disponible obliga a buscar nuevas zonas de disposición, lo que suele generar resistencia en las comunidades receptoras. En paralelo, los municipios deben lidiar con vertederos ilegales y microbasurales, que reflejan la incapacidad del sistema para dar respuesta integral", comenta José Miguel Arellano, director del Centro de Medio Ambiente Amuch. 

Microbasurales

Con todo, el estudio de Kylos y Amuch también identificó el volumen de residuos gestionados de manera ilegal: más de 6.800 microbasurales, casi 80% más que el año anterior.

Lo que revelan estos datos es que hay una fracción de residuos domiciliarios que no tienen trazabilidad, con los diversos problemas que eso pueda causar —por ejemplo a la salud pública. 

"Los municipios han comenzado a implementar convenios con sistemas de gestión REP, instalar puntos limpios y verdes, y desarrollar experiencias de compostaje domiciliario y plantas locales de tratamiento. También se ha fortalecido el monitoreo de microbasurales, visibilizando residuos que quedan fuera del sistema formal", dice el director del Centro de Medio Ambiente Amuch. 

Los gobiernos locales también indican que se debe avanzar en una infraestructura descentralizada de valorización, que permita tratar residuos en origen y reducir la presión sobre rellenos. También se necesita una planificación anticipada de nuevas instalaciones; mayor inversión en reciclaje y compostaje; y un cambio cultural hacia la economía circular, con separación en origen y educación ciudadana.

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