Científicos enterraron 2.000 calzoncillos con un fin curioso

Bajo la tierra, miles de calzoncillos blancos guardaban un secreto. Enterrados en jardines, céspedes y campos, se convirtieron en testigos silenciosos de lo que ocurre bajo nuestros pies.

24horas.cl

Jueves 3 de septiembre de 2026

En Suiza, más de 2.000 calzoncillos nuevos terminaron bajo tierra, no por descuido, sino como parte de un curioso experimento científico. Meses después, los investigadores desenterraron los restos de estas prendas de algodón para leer en ellas una historia inesperada, la de la calidad de los suelos y la actividad de los organismos que habitan bajo nuestros pies.

El principio es simple. Cuanto más degradado está un calzoncillo, mayor suele ser la fertilidad del suelo y la disponibilidad de nutrientes en él. Conscientes de que el tema podía sonar demasiado técnico, los investigadores apostaron por un enfoque desenfadado para llamar la atención sobre un asunto ambiental de fondo, y bautizaron el proyecto como "Beweisstück Unterhose", que en español significa "La prueba, el calzoncillo".

Más de 1.000 voluntarios se sumaron a la iniciativa, impulsada por la Universidad de Zúrich y el instituto estatal Agroscope, enterrando calzoncillos de un blanco impecable en jardines, céspedes y campos de cultivo. Bajo tierra, bacterias y hongos se pusieron manos a la obra. Al cabo de unos dos meses, cuando las prendas fueron desenterradas, muchas estaban perforadas por decenas de agujeros, y algunas apenas conservaban unos cuantos jirones de tela.

Jardines, céspedes y campos: resultados muy distintos

El análisis muestra que los calzoncillos se descompusieron en distinta medida dependiendo del lugar en el que habían sido enterrados. Según el equipo de investigación, en los jardines privados fue donde quedó menos tejido. Allí se registraron las mayores proporciones de materia orgánica en el suelo, unas condiciones ideales para lombrices, hongos, bacterias y otros organismos edáficos.

Los céspedes fueron las superficies con menor actividad biológica. Los campos y praderas de uso agrícola se situaron entre ambos extremos.

No siempre es señal de un suelo sano

Sin embargo, unos calzoncillos especialmente agujereados no siempre son señal de un suelo sano. En los jardines, una fuerte degradación del algodón puede indicar un exceso de fertilización, mientras que en los bosques puede deberse a una alteración del equilibrio de nutrientes, explicó Franz Bender, de Agroscope.

Aunque con los calzoncillos no es posible realizar mediciones exactas, los agujeros permiten sacar conclusiones sobre propiedades del suelo que, de otro modo, tendrían que analizarse mediante procedimientos complejos, explica Marcel van der Heijden, codirector del estudio y científico de la Universidad de Zúrich.

"Es un indicador que resume varias cosas", declaró a la Agencia Alemana de Prensa (dpa).

Los investigadores contaron deliberadamente con el componente divertido del proyecto. Sin los calzoncillos probablemente no habrían conseguido involucrar a tanta gente, afirmó van der Heijden. "Es divertido y, al mismo tiempo, un método eficaz para investigar el suelo".

La importancia de proteger los suelos

El proyecto también pretende concienciar sobre la importancia de los suelos. El estudio de los calzoncillos subraya hasta qué punto la tierra es indispensable: para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono, la degradación de contaminantes y los ciclos del agua y de los nutrientes.

En todo el mundo se pierden cada año por erosión hasta 50 gigatoneladas de suelo, y hasta 300 kilómetros cuadrados diarios quedan sellados bajo hormigón o asfalto, según escriben los investigadores.

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