Dónde vives puede alterar la velocidad a la que envejeces

Un estudio internacional liderado por Stanford revela que la geografía y el origen étnico reescriben nuestra biología molecular, y quizás el reloj de nuestras células.

Deutsche Welle

Martes 19 de mayo de 2026

Un estudio internacional encontró indicios de que la geografía y la genética interactúan de formas complejas que podrían influir en el envejecimiento. Es decir, no basta con saber de dónde vienes; para entender cómo envejece tu cuerpo también importa dónde vives hoy. Y, según los investigadores, mudarse de continente se asoció con diferencias en el envejecimiento biológico de nuestras células.

Esa es la conclusión del equipo de científicos liderado por la Universidad de Stanford, que publicó en la revista Cell uno de los análisis más completos sobre cómo genética y entorno afectan al cuerpo humano.

Un retrato molecular de la diversidad humana

El estudio analizó a 322 personas sanas de ascendencia europea, asiática oriental y sudasiática, muchas de ellas reclutadas en conferencias científicas internacionales. La idea del diseño era comparar personas con el mismo origen genético que vivían en continentes distintos. De ese modo, los investigadores lograron distinguir qué rasgos biológicos parecen estar más asociados a la genética y cuáles al entorno.

Para hacerlo utilizaron herramientas de "multiómica", una técnica capaz de examinar simultáneamente datos genéticos, proteínas, microbioma intestinal y procesos metabólicos. El resultado fue una especie de retrato molecular de la diversidad humana, algo que hasta ahora no se había logrado con este nivel de detalle.

Según explicó Michael Snyder, citado en el comunicado de la University of Manchester, esta sería la primera vez que se elabora "un perfil detallado de personas de todo el mundo" capaz de distinguir qué rasgos se relacionan con la ascendencia genética y cuáles con la geografía donde viven.

La huella persistente de la genética

El primer gran hallazgo confirmó algo que muchos científicos ya intuían. La ascendencia genética deja una huella biológica profunda y sorprendentemente persistente. 

Por ejemplo, las personas de origen sudasiático mostraron mayores señales de exposición a patógenos; las de ascendencia asiática oriental presentaban patrones distintivos en el metabolismo de las grasas; y las de origen europeo tenían una mayor diversidad microbiana intestinal, junto con niveles más altos de metabolitos asociados a enfermedades cardiovasculares. 

Lo más llamativo es que estos patrones se mantenían estables incluso cuando los participantes vivían en continentes distintos a los de sus ancestros.

"Nos llamó la atención la forma tan consistente en que el origen étnico influía en la inmunidad, el metabolismo y el microbioma, incluso cuando las personas se trasladaban a miles de kilómetros de distancia", explicó el coautor del estudio Richard Unwin, de la Universidad de Mánchester.

Emigrar podría influir en el envejecimiento biológico

Pero el continente donde vivimos también deja su marca. Los investigadores descubrieron que residir lejos del lugar de origen de los propios antepasados estaba asociado a cambios importantes en las redes metabólicas y lipídicas, así como a alteraciones en la composición del microbioma intestinal.

El entorno –la dieta, la contaminación, el estrés o el acceso a la sanidad– parece modificar parte del "guion" molecular, aunque sin borrar del todo la versión original.

El resultado más sorprendente apareció al analizar el envejecimiento biológico, es decir, la edad biológica estimada de las células, que no siempre coincide con la edad cronológica. Los participantes de ascendencia asiática oriental que vivían fuera de Asia mostraban un envejecimiento celular más acelerado que quienes permanecían en la región.

Entre los europeos ocurría lo contrario: aquellos que residían fuera de Europa parecían biológicamente más jóvenes que sus equivalentes en el continente. En otras palabras, emigrar podría acelerar o ralentizar el envejecimiento celular. Todo dependería de quién eres y del lugar al que te mudas.

La conexión intestinal

El estudio también descubrió una conexión que hasta ahora no había sido descrita entre una bacteria intestinal específica y un gen asociado a la telomerasa –la enzima encargada de mantener los telómeros, las estructuras protectoras de los cromosomas– y relacionado con el envejecimiento celular. Ambos aparecían vinculados mediante una molécula llamada esfingomielina, perteneciente a una familia de grasas conocidas como esfingolípidos.

Según los investigadores, esta relación podría apuntar a mecanismos moleculares a través de los cuales ciertas bacterias intestinales podrían influir en el envejecimiento celular. Además, estudios previos ya habían asociado niveles elevados de algunos esfingolípidos con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina, aterosclerosis y neurodegeneración.

Hacia una medicina personalizada según genética y geografía

El trabajo podría tener implicaciones importantes para la medicina personalizada. Los autores sostienen que la atención sanitaria debería adaptarse mejor a las diferencias entre ascendencia genética y entorno. Esto cuestiona la idea de un "paciente promedio", ya que la biología humana puede variar enormemente entre distintas poblaciones.

Así, el estudio no plantea que un grupo étnico envejezca "mejor" que otro, sino que el asesoramiento médico y nutricional probablemente debería incorporar tanto la ascendencia genética como la geografía para ser realmente preciso.

Todos los datos del estudio quedaron disponibles de forma abierta para que otros investigadores puedan seguir trabajando sobre ellos. La meta, según los investigadores, es avanzar hacia una medicina personalizada adaptada a la enorme diversidad humana, en lugar de basarse en modelos universales que pueden pasar por alto diferencias biológicas importantes entre poblaciones.

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