Lo primero que me pregunté al llegar a vivir a Santiago: ¿Por qué el agua es así?

No fue el ruido de la ciudad, las distancias, ir apretado en el Metro ni tener que decirle marraqueta al pan francés. El mayor cambio al llegar a vivir a Santiago fue el agua.

Pablo Bustos

Jueves 11 de junio de 2026

Era toda una novedad ver que aparecía una costra blanca al fondo del hervidor, que la ducha se tapara y que el agua de la llave tuviera un sabor ‘metálico’, completamente distinto al que estaba acostumbrado en San Carlos, 380 kilómetros al sur de la capital. 

Chile es uno de los pocos países del mundo donde se puede beber agua de la llave. Todo un lujo. Años de desarrollo de infraestructura para mejorar su calidad y su distribución, han dado frutos: somos el único país de Sudamérica con agua "segura para beber", según diversos índices como el EPI de la Universidad de Yale y mediciones reunidas por el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos. 

Pese a ello, el consumo de agua transportada en bidones se ha vuelto común, lo que, además de aumentar el consumo de plásticos, eleva su costo y la huella de carbono. Entre los responsables: las sales de calcio y magnesio, cuya presencia no genera problemas para la salud en un consumo normal (2 litros diarios), pero no es bien recibida por los consumidores. Un estudio de la Superintendencia de la Servicios Sanitarios, determinó que el sarro, como se conoce normalmente, es el principal motivo para calificar de forma negativa el agua que consumimos.

¿Por qué ese sabor?

“El agua de Santiago y principalmente la del norte tiene más minerales disueltos que la del sur, donde la tierra es más arcillosa. Es cosa de ver dónde están las principales mineras, aproximadamente desde la Región de O’Higgins hacia arriba”, explica Christian Maurer, bioquímico de la Superintendencia de Servicios Sanitarios.

Las características geológicas del suelo aportan ese sabor característico de las aguas duras (con mayor concentración de minerales), que también con el tiempo producen acumulación de sedimentos en electrodomésticos y tuberías, y reducen el efecto del jabón y detergentes.

Maurer detalla que los cambios de temperatura son los culpables de que estas sales precipiten y se incrusten en los ductos, lo que es aún más notorio en cañerías de agua caliente y en departamentos antiguos, donde el sarro lleva décadas acumulado. Lo mismo ocurre en pocos días en el hervidor, acortando su vida útil. 

Según datos de la compañía Vigaflow, mientras en Coyhaique el agua registra 10 partes por millón de carbonato de calcio, la más blanda del país, en Copiapó llega a 900. En la Región Metropolitana, en tanto, comunas como Colina, Lampa y Maipú son las de mayor dureza del agua, con valores en torno a 600 y 700.

La diferencia es grande y, por el momento, no queda más que acostumbrarse. Al ser inocuo para la salud, no hay ley que regule la presencia del sarro en el agua y las compañías no están obligadas a cumplir con un límite.

Te podría interesar

Jueves 19 de junio de 2025

Estudio revela niveles de sedimentos del agua potable en sectores de Chile