Día Mundial del Cerebro: tres hábitos poco conocidos para protegerlo

Especialistas apuntan a algunos hábitos que pueden adoptar las personas para estimular este órgano tan importante y así retrasar el deterioro cognitivo.

24horas.cl

Miércoles 22 de julio de 2026

Este 22 de julio se conmemora el Día del Cerebro, jornada ideal para tomar conciencia de la importancia de este órgano, vital para el ser humano, y cómo las personas pueden ayudar a protegerlo.

Y es que no solo se debe mantener una buena salud física y mental para cuidar el cerebro, sino también adoptar algunos hábitos para estimularlo y así retrasar el deterioro cognitivo.

Por años, el cuidado del cerebro se ha centrado en la dieta, el sueño y el ejercicio cardiovascular. Sin embargo, la neurociencia actual ha demostrado que el cerebro construye su ‘reserva cognitiva’, su capacidad para resistir el deterioro y las enfermedades, a través de la estimulación de nuestras vías sensoriales”, señaló a 24Horas.cl el doctor Juan Pablo Mansilla, neurólogo de Clínica Ciudad del Mar.

Tres hábitos poco conocidos para proteger el cerebro

Entrenar el olfato: Una vía directa a la memoria

El doctor Mansilla  explicó que “a diferencia de la vista o el tacto, el olfato tiene un privilegio neuroanatómico, ya que está conectado de forma directa y sin filtros con el hipocampo y la amígdala, las zonas del cerebro encargadas de la memoria y las emociones. Es por esto que los estudios neuropatológicos y la estadificación de Braak han demostrado que la pérdida de olfato es a menudo el primer síntoma preclínico de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson, manifestándose décadas antes que los problemas de memoria”.

Por ello, someterse a un "entrenamiento olfatorio" estimula la creación de nuevas neuronas en el cerebro (neurogénesis) y mejora clínicamente la fluidez verbal y la memoria episódica.

 ¿Cómo aplicarlo? El doctor Andrés de la Cerda, jefe de Neurología de Clínica Dávila, explicó que hay que “dedicar un par de minutos al día a oler de forma consciente elementos cotidianos (café, canela, lavanda, cítricos) intentando evocar recuerdos o descifrar notas aromáticas. Esto estimula la regeneración de las neuronas receptoras y mantiene activa la vía olfativa”.

Cuidar la audición: Previniendo el agotamiento cerebral

Pero el olfato no es el único sentido clave para la protección del cerebro, sino también la audición, que el doctor Mansilla definió como un “pilar neurológico”.

“La agudeza auditiva no es solo un tema de oídos, es un pilar neurológico. Históricos informes globales, como los de la Comisión Lancet, han clasificado la pérdida de audición en la mediana edad como el factor de riesgo modificable más importante para desarrollar demencia a nivel mundial”, indicó.

“Cuando una persona comienza a perder audición y no utiliza audífonos, el cerebro recibe una señal acústica borrosa. Para intentar decodificar lo que otras personas dicen, la corteza cerebral debe realizar un esfuerzo extremo ("carga cognitiva"). Toda la energía que el cerebro debería usar para memorizar o procesar ideas, la gasta simplemente intentando escuchar. Esto produce fatiga neuronal, atrofia estructural de las zonas encargadas del lenguaje y conduce a un aislamiento social crónico, el cual es altamente tóxico para la salud mental”, agregó.

“Mantener una estricta higiene acústica y corregir a tiempo los problemas de audición le ahorra al cerebro un desgaste devastador”, complementó.

Según el doctor De la Cerda, un ejemplo para cuidar la salud auditiva es “limitar el uso de auriculares a volumen alto (la regla del 60/60: máximo 60% del volumen durante 60 minutos seguidos) y usar protección auditiva en conciertos, eventos masivos o entornos laborales ruidosos”.

Aprender a tocar un instrumento: El ejercicio cognitivo supremo

Dentro de la estimulación está el aprender a tocar un instrumento. De hecho, el doctor Mansilla aseguró que es una verdadera “gimnasia cerebral”.

“Tocar un instrumento es el ejercicio de gimnasia cerebral más completo que existe. No importa a qué edad se comience, ejecutar un instrumento musical es un evento que enciende de manera simultánea múltiples redes en ambos hemisferios del cerebro”, explicó.

“El músico requiere integrar la precisión motora de las manos, el monitoreo del sonido, el sentido del tacto y la decodificación visual de una partitura en fracciones de segundo. Los estudios de neuroimagen demuestran que esta práctica modifica físicamente la anatomía del cerebro ya que engruesa el cuerpo calloso (el puente que conecta ambos hemisferios) y aumenta la densidad de la materia gris. Esta "armadura" estructural es tan potente que puede llegar a retrasar la aparición de los síntomas del envejecimiento cognitivo y la demencia hasta en cinco o siete años frente a la población general”, concluyó.

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