Los síntomas que no deben normalizarse en mayores de 50 años

Especialistas advierten que la hiperplasia prostática benigna afecta severamente la calidad de vida masculina, pero hoy cuenta con tratamientos láser mínimamente invasivos de rápida recuperación.

24horas.cl

Lunes 8 de junio de 2026

Levantarse varias veces durante la noche para ir al baño, demorar el inicio de la micción o sentir que la vejiga nunca se vacía por completo son molestias cotidianas que miles de hombres atribuyen erróneamente al simple paso de los años.

Sin embargo, detrás de estos síntomas suele esconderse la hiperplasia prostática benigna (HPB), una condición médica altamente frecuente que altera de manera drástica el descanso y el bienestar general si no es atendida a tiempo.

"La hiperplasia prostática benigna es una condición frecuente en hombres mayores de 50 años, en la que intervienen factores hormonales, metabólicos y genéticos, además del envejecimiento natural", detalló el doctir Arquímedes Rodríguez, jefe de la Unidad de Urología de Clínica INDISA Maipú.

El especialista subrayó un punto crucial para la tranquilidad de los pacientes: "Si bien no se trata de cáncer, puede generar una obstrucción progresiva de la salida de la orina y afectar el descanso, las actividades diarias e incluso la salud de la vejiga".

Un enemigo silencioso de la calidad de vida

A medida que la próstata experimenta este crecimiento anatómico progresivo, el conducto urinario comienza a comprimirse, desencadenando una serie de manifestaciones clínicas que los expertos instan a monitorizar de cerca.

Entre los principales síntomas reportados por los pacientes se encuentran la necesidad frecuente y urgente de orinar, los constantes despertares nocturnos, la debilidad del chorro urinario, la dificultad para iniciar la micción y una persistente sensación de vaciamiento incompleto.

"Muchos pacientes consultan después de años de síntomas porque creen que son parte normal de la edad. Sin embargo, existen alternativas que permiten mejorar significativamente su calidad de vida", consignó Rodríguez.

Abordaje terapéutico: cuando los fármacos resultan insuficientes

La ruta del tratamiento médico se traza según la severidad de los síntomas y el nivel de obstrucción detectado en cada examen de diagnóstico. En las fases iniciales de la enfermedad, un alto porcentaje de los afectados logra estabilizarse mediante modificaciones en su estilo de vida y el uso de fármacos específicos, tales como los alfabloqueadores o los inhibidores de la 5-alfa reductasa.

No obstante, el escenario clínico cambia cuando el tratamiento farmacológico deja de ofrecer el alivio esperado o cuando el deterioro de la calidad de vida del paciente se vuelve insostenible. En estas circunstancias, la opción quirúrgica pasa a ser la solución definitiva. "Hoy contamos con distintas alternativas que permiten tratar esta condición de manera efectiva y con una recuperación mucho más favorable que la que veíamos hace algunos años", aseguró Rodríguez.

La revolución del láser: enucleación de mínima invasión

En la vanguardia de los procedimientos urológicos actuales destaca la Enucleación Prostática con Láser Holmio (HoLEP, por sus siglas en inglés). Esta técnica de última generación aprovecha la precisión de la energía láser para remover por completo el tejido excedente de la próstata que causa la obstrucción de la vía urinaria, adaptándose de forma flexible a la anatomía de cada paciente.

Entre sus principales ventajas destacan:

  • Menor sangrado transoperatorio: Mayor seguridad durante todo el procedimiento

  • Recuperación más rápida: Retorno en menor tiempo a las dinámicas diarias habituales

  • Hospitalización breve: Reducción sustancial del tiempo de estancia en la clínica

  • Menor riesgo de reintervención: Resultados sólidos y estables a largo plazo

  • Posibilidad de tratar próstatas de gran tamaño: Capacidad comprobada para intervenir grandes volúmenes anatómicos

"La técnica HoLEP se ha transformado en una de las mejores alternativas quirúrgicas disponibles para el tratamiento del crecimiento prostático benigno. Permite resolver la obstrucción de manera efectiva, con excelentes resultados y una recuperación más rápida para los pacientes", afirmó con firmeza el especialista.

La conclusión de la comunidad médica es clara: la hiperplasia prostática benigna es una realidad biológica muy común, pero bajo ningún concepto debe asumirse como un mal inevitable o incurable. El impacto positivo de una intervención oportuna reconfigura la rutina del paciente de manera inmediata. "Cuando un paciente vuelve a dormir toda la noche, recupera sus actividades habituales y deja de estar pendiente de buscar un baño constantemente, el impacto en su calidad de vida es enorme", finalizó.

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