El brasilero Waldemy Wanderley pasó todos los controles migratorios en el Aeropuerto de Santiago. Lo que no sospechaba es que —acto seguido— un funcionario de la PDI envió un correo a la Fiscalía Nacional para dar cuenta de su llegada.
De 37 años, se alojó en un hotel de la comuna de Estación Central junto a su pareja como si nada ocurriera; al menos nada que hubiera percibido, porque un grupo de policías se dio a la tarea de seguirlo para determinar sus movimientos, porque con el paso de los días dos hechos obligaban a un despliegue inmediato; el primero, un viaje de placer a San Pedro de Atacama, donde se alojaría —entre el 23 y 25 de junio— en un hotel de alta gama; y el segundo, Wanderley abandonaría suelo nacional dos días más tarde. Entonces, había que actuar rápido.
Si bien Wanderley no era conocido en las lides policiales chilenas, sí estaba en el radar de la justicia estadounidense por la comisión de delitos de “alta tecnología” y figuraba en la base de datos de Interpol con difusión roja.
Básicamente, en el país del norte y junto a un puñado de connacionales —hoy detenidos y otros condenados—, obtenían en la red oscura (“darkweb”) números de seguro social, como también licencias robadas para crear autorizaciones ficticias de transporte de especies.
En el lenguaje judicial norteamericano se configuraba el delito de “conspiración” por una suma de cientos de miles de dólares y un reguero de víctimas de estafa.
La llamada
En Chile, Wanderley hizo lo que todo turista. Mientras tanto, la Unidad de Cooperación Internacional y Extradiciones del Ministerio Público (Uciex) tomó contacto con las autoridades de EE.UU, y comunicó la situación al fiscal regional Centro Norte, Francisco Jacir.
Fue así que la suerte del sujeto comenzó a sellarse, porque —el 24 de junio, a las 10:27 AM—, el juez del Sexto Juzgado de Garantía, Nibaldo Arévalo, autorizó la detención del brasilero.
Sin embargo, su arresto se produjo a las 05:00 AM del 27 de junio, precisamente cuando se aprestaba a tomar el vuelo de vuelta a Brasil. Minutos más tarde, la PDI contactó al consulado del país sudamericano y luego fue enviado al penal Santiago Uno, previo control de la detención.
La causa ha sido tramitada de forma reservada.
Mirando al norte
El derrotero procesal de Wanderley se complicó aún más la semana pasada, porque las autoridades estadounidenses pidieron la extradición.
El documento formal ingresó a la Corte Suprema el 30 de junio pasado y la presidenta del máximo tribunal, Gloria Ana Chevesich, designó a su colega Andrea Muñoz para llevar adelante el trámite.
En términos procesales, en el juicio de extradición se analizará si los hechos descritos por Estados Unidos en la solicitud están debidamente fundamentados.
Wanderly será interrogado por Muñoz o bien se realizará una audiencia para escuchar al imputado. Hecho eso, la magistrada emitirá un fallo de primera instancia. Cualquiera sea el resultado de este, será la Segunda Sala (Penal) la que resolverá si Wanderley puede volver a su país natal o bien purgar condena en una cárcel en el norte del continente.