La investigación por el secuestro y extorsión de ciudadanos chinos —en cuyo caso fue detenido el exfiscal Vinko Fodich— suma un nuevo antecedente: uno de los imputados, que hoy cumple prisión preventiva, oculta un pasado criminal hasta ahora desconocido.
Se trata de Ángelo Stevens, quien previo a este caso —e incluso antes de alzarse como uno de los operadores financieros de la mafia china de Iquique, conocida como el Clan Chen— ya arrastraba una condena que no consta en su certificado de antecedentes.
Dicho de otra forma, el sujeto borró de forma legal su prontuario. Sin ir más lejos, en la trama Fodich su expediente luce oficialmente vacío.
De acuerdo con una sentencia de hace 12 años, a la que accedió Informe Especial, Stevens lideraba una agrupación criminal junto a Max Valenzuela Méndez. Ambos —junto a un grupo de testaferros y exejecutivos de bancos— creaban situaciones financieras ficticias para la obtención de créditos, falsificando todo tipo de documentos.
Gracias a este esquema, Stevens y Valenzuela defraudaron a distintos bancos de la plaza por más de $300 millones.
El pinchazo clave
Stevens comenzó el negocio en 2012 junto a Valenzuela, operando con la sociedad Fuentealba Propiedades, la cual fue descubierta gracias a la interceptación de teléfonos de una banda criminal dedicada al robo de automóviles.
Fue uno de esos audios el que permitió al Ministerio Público desentrañar el modus operandi.
Gracias a esa pista, Stevens, Valenzuela y otros imputados fueron detenidos a mediados de 2013.
Luego de acreditarse los hechos, el 11 de marzo de 2014 fue condenado por el Noveno Juzgado de Garantía de Santiago.
Recibió un total de 1.804 días de presidio por blanqueo de capitales, asociación ilícita y obtención fraudulenta de créditos.
Pero salvo unos meses de reclusión en 2013, cuando se inició el caso, Stevens no cumplió ningún día en la cárcel. Fundamentalmente porque accedió a un juicio abreviado ofrecido por la Fiscalía Occidente.
"Gerente de producción"
Básicamente, Stevens actuaba “como un gerente de producción de la documentación falsificada", que era "el producto (y materia prima) con que en la realidad trabaja la mencionada empresa y que le permite cometer el ilícito”, detalla la condena.
El rol del sujeto fue clave en la organización, según explicó en su oportunidad el Ministerio Público, lo que le permitió ejecutar diversas “acciones destinadas a ocultar el origen ilícito del dinero”, para luego ingresarlo al sistema financiero formal y darle apariencia de legalidad.
Al mismo tiempo, adquirió autos y diversas propiedades, haciendo circular la plata.
Según lo establecido judicialmente, Stevens y su cómplice —usando la empresa como “pantalla”— le cobraban a los beneficiarios de crédito bancario, entre un 5% y un 12% de los préstamos conseguidos irregularmente.
De hecho, en 2012 declararon ante el Servicio de Impuestos Internos (SII) ingresos por más de $150 millones.
Con todo, casi 15 años Stevens después volvió a caer. Tras ser detenido el pasado 9 de septiembre, al igual que Fodich, acabó formalizado por la trama de extorsiones. Hoy permanece en prisión preventiva.