El aluvión del jueves pasado en San Carlos de Apoquindo sorprendió a civiles y autoridades.
El desastre en la comuna de Las Condes fue impresionante: un río enorme de barro, rocas y árboles bajando por la Quebrada Honda y arrasando con todo a su paso. Cientos de autos dañados hasta una micro llevada por la fuerza del caudal y pasajeros aterrorizados en el techo de esta, esperando que el vehículo parara de una vez.
Afortunadamente, si bien la cuenta de daños materiales es cuantiosa, no incluyó pérdidas humanas y solo se registraron seis personas lesionadas.
Pero el geógrafo Simón Insunza, de la Agrupación “Riesgo 0”, afirma que si el aluvión no dejó víctimas fatales no tiene que ver con una buena gestión de la emergencia, sino más bien con que el evento ocurrió en una zona donde la forma urbana del barrio ayudó, “porque la calles son anchas, hay áreas verdes, las casas no están pegadas a la calle, hay harto espacio entre la entrada y la puerta de la casa, etc”.
“Pero, lamentablemente en Chile y sobre todo en la Metropolitana, todas las quebradas tienen alguna situación de riesgo, con sus características particulares. Ayer mismo se activaron algunas quebradas en Peñalolén, en el Arrayán, en los Maitenes, en San José de Maipo, en San Alfonso”, asegura.
De hecho, advierte, en una región donde hay más de una decena de quebradas y con un pronóstico meteorológico adverso el resto del año, la catástrofe podría repetirse.
¿Podemos estar mejor preparados?
Los expertos apuntan a mejor monitoreo e infraestructura, planes reguladores más actualizados y urbanización limitada por los riesgos del cambio climático.
Las quebradas más propensas
En la Región Metropolitana los especialistas identifican unas 16 quebradas que pueden provocar emergencias en caso de remoción de tierra.
- Comuna de Lo Barnechea: Quebrada Huallalolén y Quebrada El Arrayán.
- Comuna de Las Condes: Quebrada Honda y Quebrada Apoquindo (San Carlos).
- Comuna de La Reina: Quebrada San Ramón y Quebrada Valenzuela.
- Comuna de Peñalolén: Quebrada Nido de Águila, Quebrada Las Perdices y Quebrada Lo Hermida.
- Comuna de La Florida: Quebrada de Lo Cañas, Quebrada de Macul y Quebrada San Jerónimo.
- Comuna de Puente Alto: Quebrada El Volcán.
- Comuna San José de Maipo: Quebrada El Manzano.
- Comuna Colina: Quebrada Estero Chacabuco y Quebrada Quilapilún.
Sin embargo, el geógrafo y académico de la Universidad de Chile, Pablo Sarricolea, menciona cinco quebradas con alto riesgo de activación y que están ubicadas a piedemonte; tal como en San Carlos de Apoquindo.
“Principalmente las quebradas que son más susceptibles a estos eventos aluvionales debieran tener piscinas de decantación como la Quebrada de Macul. Y más o menos hay cinco quebradas claves en el piedemonte de Santiago: Quebrada Honda (Las Condes), Quebrada Aguas de Ramón (La Reina), Quebrada Las Perdices (de la Quebrada de Macul, en Peñalolén y La Florida), Lo Planella (Puente Alto) y Las Vizcachas (Puente Alto)”, detalló Sarricolea a Informe Especial.
“Esas son las quebradas que, si uno mira -por ejemplo- los puntos críticos de Senapred, están marcadas como zonas donde pueden presentarse aluviones. Entonces, eso debería priorizarse” en el desarrollo de infraestructura que ayude a disminuir el riesgo para la ciudad.
Agrega que los municipios ya están invirtiendo en los puntos críticos, pero que el próximo año seguramente habrá más zonas complejas, incluso se pueden duplicar.
Revisa los riesgos de activación por quebrada comuna por comuna en el siguiente visor desarrollado por el Departamento de Geografía de la Universidad de Chile y el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2).
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Falta de infraestructura y tecnología
Simón Insunza coincide en que se debe invertir de manera urgente en tecnología que ayude a mitigar los desastres como consecuencia de las adversidades climáticas. Asevera que con piscinas de decantación no se evita un aluvión, pero si pasan menos escombros o flujo de barro hacia las zonas bajas.
“Tener un radar meteorológico ayudaría a precisar en el momento donde se está produciendo la mayor descarga de agua” y también se podrían incorporar sensores en las quebradas para monitorear el caudal, e incluso cámaras.
“Y sí, hay muchas quebradas, quizás es caro, pero al menos en esta quebrada ya teníamos el antecedente de que en enero se produjo un aluvión en la misma zona. Meses atrás también ahí se produjo un incendio. Y claro, se hicieron algunas labores ahí en la zona, pero yo creo que si hubiésemos tenido más monitoreo de la quebrada, como tal, sí se pudo haber activado ayer la alerta SAE”, insiste.
“Los recursos son escasos -dice el profesor Sarricolea- entonces vas a un diagnóstico de un modelo hidrológico, de modelos climáticos, y ahí fijar cuál es la prioritaria. Hoy día lo fue la Quebrada Honda. Porque justamente la nube se posiciona ahí, pero en otros momentos puede estar más al sur, ya hemos visto que los fenómenos son bastante puntuales”.
Planes reguladores antiguos
Las comunas de la RM que están ubicadas en las faldas cordilleranas son las que presentan mayor riesgo de activación de quebradas, sobre todo en sistemas frontales con isoterma cero alta; es decir, donde la temperatura 0°C se ubica arriba de su nivel normal.
Lo anterior causa que las precipitaciones, que se acumulan usualmente como nieve, caen como agua; además de acelerar el derretimiento de la nieve existente y, por tanto, caudales más abultados y violentos.
Este tipo de condiciones meteorológicas se han vuelto más frecuentes en los últimos años, debido al cambio climático y sus consecuencias. Sin embargo, los planes de urbanización no están en sintonía con este escenario de riesgo.
“Hay un plan regulador intercomunal que fija zonas urbanizables, usos de suelo asociados a riesgo, a equipamiento, distintos elementos. Y hace ya bastantes años se dice que la ciudad no debiese crecer más allá de la cota 1000, 1200, y muchas de estas urbanizaciones están por sobre eso”, afirma el geógrafo Pablo Sarricolea.
El investigador también apunta a la responsabilidad de los municipios en actualizar sus propios planes reguladores y las zonas de riesgo que se identifiquen. Pero la mayoría tiene más de 10 años.
De hecho, el plan regulador de Las Condes es de 1995, con actualizaciones hasta 2022; el de La Florida es de 2001, con cambios hasta 2015; y Puente Alto es de 2003, con su última modificación registrada en 2012.
“¿Qué exige la planificación urbana? Que los municipios elaboren, a través de consultoría o ellos mismos, estudios fundados de riesgo. Eso significa que ellos -con las áreas que se han expandido en estos últimos 30 años- tienen que decir cómo han cambiado las condiciones en las quebradas, cómo se van a mover los flujos y decir: estas zonas debiesen estar protegidas para, por ejemplo, agua, almacenamiento de agua, parque inundable, entre otras cosas. Entonces, si hace más de 30 años no ha habido un estudio fundado con las nuevas condiciones climáticas; o sea, es que no es el clima de hace 30 años, es un clima mucho más extremo y por lo tanto los estudios debiesen actualizarse en las condiciones que tenemos hoy día”, enfatiza Sarricolea.
Simón Insunza, de Agrupación “Riesgo 0”, agrega que por lo pronto es necesario “empezar a trabajar de manera más coordinada con las municipalidades para catastrar cuáles son las quebradas que han tenido actividad en el último tiempo, cuáles son quizás las quebradas que están más expuestas, y con ese puntapié empezar a desarrollar en el corto, mediano plazo, planes más robustos para cada quebrada”.
