
Natalia Hidalgo murió el 25 de enero de 2021. Según los peritajes se suicidó en el patio de la misma casa donde vivía con su pareja, quien además la encontró.
Pocos días después de su fallecimiento, la familia acusó que Natalia era víctima de violencia por parte de su conviviente. Enfatizó en cómo ese tormento pudo haber influido en su muerte.
El 2022 el Ministerio Público desestimó iniciar una investigación por la causa del deceso. Afirmó que los “hechos no son constitutivos de delito”, porque “no se registran lesiones atribuibles a terceros”. Pero la historia de Natalia Hidalgo Leiva habla de mucho más. La decena de testimonios que dan cuenta de la violencia que vivió reiteradamente durante su relación, empujó a sus seres queridos a interponer ese mismo año una querella por los delitos de maltrato habitual y femicidio íntimo.
A todo, se sumaron los errores del primer informe de autopsia de Natalia entregado por el Servicio Médico Legal (SML), que describía un cuerpo obeso y masculino. La familia pidió un segundo procedimiento. Se exhumó el cuerpo y en 2025, el SML aseguró que no tenía señas que indicaran la participación de terceras personas en su muerte.
Aún así, sus familiares insistieron. Cinco años después el Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago formalizó el pasado viernes 17 de julio a la entonces pareja de Natalia, el abogado Pablo Méndez Soto, por maltrato habitual.
A modo de introducción, el fiscal Ezio Braghetto afirmó durante la audiencia que “desde el año 2016 y hasta el 25 de enero del 2021, el imputado Pablo Ramón Méndez Soto ejerció en forma habitual y reiterada violencia psicológica en contra de su conveniente, Natalia Javiera Hidalgo Leiva (...) dicha violencia se materializó en insultos, descalificaciones sobre su aspecto físico, forma de vestir y criterio profesional, humillaciones frente a sus hijos, y terceros; control sobre su vida social y sus comunicaciones, incluyendo “hackeo” de su elementos electrónico para espiar sus conversaciones. Además de períodos sistemáticos de silencio absoluto denominados por el propio imputado como ley del hielo, que podían extenderse por semanas, los que eran impuestos a la víctima como forma de castigo cada vez que ésta contrariaba la voluntad del imputado, generando en ella un estado permanente de angustia”.
También relató episodios de violencia física y económica.
Media hora después de la audiencia, los hijos, hermanos, la madre y otros seres queridos hablaron en un punto de prensa a la salida del Centro de Justicia. Catalogaron la formalización por delito maltrato habitual como un “logro”, luego de tantos años de la muerte de Natalia.
“Nosotros tenemos cierto grado de conformidad, puesto que pese a todo este hombre está formalizado por un delito que consideramos es grave, el maltrato habitual. Por primera vez se escucha ante un tribunal los hechos que llevaron a la muerte a Natalia Hidalgo Leiva y eso nos deja la sensación de que al menos hoy comienza un poco de justicia en su nombre”, dijo la abogada querellante Silvana del Valle.
“Esto lo hacemos por los hijos de la Natalia, pero sobre todo por su historia. Esta familia va a llegar hasta las últimas instancias legales posibles, porque la historia de la Naty no va a terminar con una mentira respecto de su vida”, dijo Jadira Fontana, la hermana de la víctima.
Consultado por Informe Especial vía telefónica, el imputado Pablo Méndez Soto no quiso dar una entrevista en profundidad. Aún así, manifestó, entre otras cosas, que la situación lo tenía “choqueado con lo que quiere hacer la familia conmigo”.
Los siguientes testimonios dan cuenta de los crudos episodios que denuncian vivió Natalia. Su hermano y madre comparten con Informe Especial las vivencias que sustentan la querella.
Aproximadamente en 2016 Natalia, quien era psicóloga, comenzó a “pololear” con el que sería su última pareja. Al poco tiempo se fueron a vivir juntos, y con ellos los dos hijos menores de edad de ella.
Los convivientes se conocían desde mucho antes, cuando ella tenía ocho años y él era uno de los mejores amigos de su padre. En 2002 su papá murió por suicidio y ellos se acercaron más, se hicieron amigos. Años después, terminaron en esta relación amorosa.
Al poco de convivencia, la madre de Natalia recuerda haber percibido violencia: “En la medida que fue avanzando la relación de pololeo, me fui dando cuenta de algunas situaciones complejas como es el maltrato psicológico, violencia de género física y violencia económica, que ejercía este sujeto sobre mi hija”, se consigna en una de las declaraciones de Isabel en la investigación.
“Cuando se daban diferencias, lo que él hacía, como su mecanismo, era el clásico: ley del hielo una semana e irse de la habitación. Se la dejaba en la pieza sola y no le hablaba. Ese era como su castigo. Normalmente se resolvía típicamente, así como de libro, cuando la Nati terminaba diciéndole ‘sí, bueno, tú también tienes razón, te pido disculpas’, y ahí ya como que la cosa se calmaba”, relata Andrés Hidalgo a Informe Especial, hermano de la víctima.
“Él la echó muchas veces de la casa”, dice Andrés. “Ese era un maltrato habitual que él hacía. Además, tenía que salir con sus hijos. Ni siquiera ella no más. Aquí nosotros la alojamos y todo, pero después él venía y la convencía”, agrega su madre.
No solo su familia describe esta actitud de indiferencia y frialdad. También aparece en los testimonios de sus amigas y compañeras de trabajo; muchas de ellas, psicólogas. Coinciden en que el mayor problema que Natalia compartía era tener constantes tensiones con su pareja.
Agresiones físicas
Los seres queridos de Natalia denuncian que las agresiones fueron aumentando y que se caracterizaban por una fuerte manipulación emocional y amenazas económicas. Además, su hijo mayor menciona una constante desvalorización de lo que pensaba y de sus logros profesionales.
Advierten además que siempre que habían discusiones graves, el agresor finalmente recompensaba a Natalia o a sus hijos con cosas materiales.
“Después de las peleas de estas tensiones, este sujeto solía hacer regalos importantes. Un auto nuevo, un viaje al extranjero”, dice Andrés Hidalgo.
Un punto de inflexión ocurrió en 2017, cuando Natalia llamó a una de sus amigas para contarle que su pareja la había agredido.
“Un día que Natalia Javiera Hidalgo Leiva había dejado a sus hijos de visita con el padre de éstos, la empujó fuertemente a la entrada de dicho departamento. Tras esta agresión, nuestra hija y hermana le reportó lo acontecido a su amiga Gabriela, y fue al hogar de ésta llorando y comentándole que no era primera vez que la empujaba, pero que ahora ya no toleraría más la situación, por lo que permaneció 10 días en el hogar de esta amiga, mientras buscaba un departamento para instalarse junto a sus hijos. Luego, estuvo algunas semanas en casa de su madre. En ese momento, Natalia nuevamente no quiso denunciar la situación, pues (su pareja) le ofreció que se fueran a vivir a una casa más grande (donde cupieran todos los hijos de él y de ella) y le prometió mejorar la relación. Pese a la aparente reconciliación, para las amistades de Natalia era evidente la frialdad y maltrato”, dice parte de la querella presentada por la madre y hermanos de la fallecida.
Constatación de lesiones
Cuando la pareja ya vivía en la nueva casa, su mamá recuerda que recibió una llamada de Natalia desesperada. La joven le pide: “ven a buscarme, peleamos. No me deja salir y me quitó las llaves del auto”. Cuando Isabel llegó a recoger a su hija, el hombre le gritó “tu hija está loca, llévatela”.
Pero la situación no solo fue una discusión. Ese día Natalia fue zamarreada, mordida y arrojada al piso. Así lo constata el documento de atención de urgencias en el Centro de Urgencias Ñuñoa del Servicio de Salud Metropolitano Oriente.
Aún así, Natalia se negó a realizar la denuncia.
“La mordió, primero le echó agua”, dice Isabel.
“A mí la Natalia me contó de que ahí la amenazó de muerte. Que la pescó, la empujó por la escalera y le dijo: ‘Querís que te mate, querís que te mate’; así dejándola caer sobre la escalera”.
Después del episodio Natalia se sacó una foto con los moretones causados, principalmente por la mordida, y se la compartió a su hermano por Whatsapp. Le dijo que por favor la guardara para que ella nunca pudiera olvidar lo que había pasado.
Uruguay
En febrero de 2020 la pareja decide ir de vacaciones a Uruguay con sus hijos, los dos de Natalia y tres de su conviviente.
Viajaron por tierra a Uruguay y en el camino Natalia - según cuenta su madre- atendió el llamado de una paciente que estaba en peligro de suicidio
“Fueron en ese auto gigante que compró para andar con todos los críos, los cinco. Y fue un viaje muy duro. Y la Nati iba hablando por teléfono en el viaje con una paciente que estaba con intento suicida. Entonces, esa cosa la distrajo mucho en el viaje (...) y él llegó furioso. porque estuvo distraída hablando con un paciente. Él llegó descompuesto con eso, entonces, al segundo día ya hizo crisis y los niños de mi hija estaban acostados en la cama de ellos y los echó. Y los niños se resistieron y los mandó y les dijo: Se van ustedes”, cuenta Isabel.
“A mi me llamó la Nati, obviamente muy complicada. Entonces me dijo ‘no sé qué hacer, si me quedo y no lo pesco nomás y chao, o me compro unos pasajes y me devuelvo con mis cabros en avión’. Y yo le dije que no lo pensara más, que pescara a sus cabros, gastara la plata de la tarjeta, no sé, y se viniera. No solamente porque estaba tóxico el ambiente, sino porque estaba peligroso”, aseguró Andrés.
En diciembre de 2020 Isabel Leiva recuerda que, luego de otros conflictos, Natalia le afirma que la relación “ya no daba para más”.
Un mes más tarde, el 25 de enero de 2021, asegura que recibió la más amarga de las llamadas a las 07.15: “Isabel, la Naty se suicidó”, le comunicó el conviviente de su hija.
Recuerda haber gritado “no, no puede ser”, haber colgado y golpeado la cama.
El impacto del maltrato habitual
“La Nati salía de eso, todos íbamos y la sacábamos, la poníamos aquí; y después de unos días ella empezaba a flaquear, a flaquear, a flaquear. Entonces es difícil romper el círculo de la violencia”, comentó con tristeza Andrés Hidalgo, advirtiendo que más de una vez le han preguntado por qué su hermana no pudo salir de esta relación, habiendo sido además sicóloga.
El delito de maltrato habitual está establecido en la Ley de Violencia Intrafamiliar, como “el ejercicio habitual de violencia física, sexual, psíquica o económica” respecto de aquellas personas que tengan o hayan tenido los siguientes lazos con el agresor: cónyuge o conviviente civil, conviviente, pareja de carácter sentimental o sexual sin convivencia, padre o madre de un hijo/a en común y pariente por consanguinidad.
De acuerdo con las cifras de la Subcomisión de Estadísticas de Género - coordinada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género- en Chile el 20,3% de las mujeres sufre violencia intrafamiliar en el año. Asimismo la prevalencia de las agresiones psicológicas en el contexto familiar es de un 18,5%. Muchas han tenido que soportar el maltrato habitual.
La académica del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile Svenska Arensburg advierte que la figura jurídica de maltrato habitual nace de la necesidad de dimensionar los distintos tipos de agresiones que constituían la violencia en la pareja.
“Cuando solo se catalogaba como delito lo que se denunciaba, como las lesiones, como la dimensión más física, pero no la historia o el arrastre de una relación de control, de manipulación, de situaciones como a lo mejor de romper objetos, de empujar, pero que evidentemente no eran situaciones visibles”, explica.
La sicóloga advierte que este tipo de violencia va creando confusión en la relación. Las víctimas se sienten culpables, por ejemplo, por situaciones como llegar atrasadas o no alcanzar a hacer la comida; “como que son responsabilidades o razones suficientes para recibir malos tratos psicológicos, menoscabos”.
También habla de otra violencia frecuente: la económica. Sostiene que cuando hay dependencia a este nivel, la manipulación es recurrente “por ejemplo, si no quieres esto, entonces chao, te dejo tirada”.
Las agresiones múltiples generan secuelas emocionales y consecuencias a nivel de la autoimagen y de la percepción de control de la propia vida.
“El maltrato habitual es una figura que es como un daño acumulativo, como capas de daño que se van poniendo una sobre otra”, donde la víctima comienza “a deprimirse, a sentir que no es capaz de hacer cosas en favor de sus hijos, o en favor de su desarrollo profesional o laboral”. Además, en la mayoría de los casos, los celos y la manipulación hacen que la persona afectada se aísle y no recurra a su círculo de apoyo.
“Empiezas a quedar como congelada. Porque cualquier cosa que hace finalmente sale dañada, pero esa inacción termina afectando el ánimo, la capacidad de raciocinio. O sea, lo que se ve en los centros especializados de atención es que son mujeres que muchas veces llegan con, incluso, dificultades para tomar decisiones, para pensar, porque la confusión es muy vasta en distintas capas de su vida”, señala la sicóloga.
La especialista también hace hincapié en las características del agresor, ”porque en el fondo el nivel de daño producido por el maltrato habitual que implica crueldad, manipulación, va a depender mucho finalmente de la capacidad que tiene ese agresor de reconocer los elementos de vulnerabilidad de la víctima y aprovecharse de eso”.
Archivos del computador
Hay circunstancias en la muerte de Natalia que la familia evalúa como sospechosas. Una de esas es que - según tres informes informáticos- el computador de Natalia habría sido intervenido después de su muerte.
Como prueba entregaron a la investigación tres informes de técnicos computacionales.
En uno de ellos se afirma lo siguiente:
“Se encontraron accesos directos a carpetas y archivos ubicados en el escritorio que actualmente ya no existían, por lo que se asume que fueron eliminados intencionalmente puesto que cuando se borra un archivo siempre queda algún rastro, especialmente si es de data reciente, y en este caso tampoco se encontró rastros de ellos con los softwares de recuperación de archivos eliminados”.
Andrés Hidalgo sostiene que los técnicos encontraron dos carpetas que habrían sido borradas y no se pudieron recuperar. Los archivos se titulaban “Escritos Aventurados” y “Despedida”.
Además, uno de los expertos concluyó que inmediatamente después de la muerte de Natalia, alguien ingresó a su computador: “Despedida.gov y escritos aventurados con software, sin una eliminación normal, si sería posible restaurar con estos programas. ¿Cómo pudo haber movimiento en un archivo el 25, 26 y 27 si Natalia había fallecido? Natalia falleció el 24 para el 25, claro. Y el PC estuvo inactivo”, indica el documento.
Femicidio por omisión
Con todo, la familia, que se había querellado por maltrato habitual y femicidio en 2022, ahora amplió la querella al delito de Femicidio por Omisión. Esto último actualmente se encuentra en proceso de apelación en la Corte de Apelaciones de Santiago.
“Nosotros sostenemos que, más allá de que haya sido la muerte provocada por heridas autolesivas, se produjo en realidad por la falta de protección del conviviente quien estaba obligado a proteger a Natalia. Y no solamente por una falta de protección, sino que porque las acciones previas a la muerte, sus acciones de maltrato, implicaron proponerle a ella, entregarle a ella el medio que resultó ser el arma mortal”, explica la abogada de la familia, Silvana del Valle.
La profesional además detalla que el arma mortal es una soga, la cual “el sujeto manipuló delante de Natalia con un nudo corredizo tipo horca. Creemos que esa acción, sumada a todos los otros maltratos que él provocó y al estado de vulnerabilidad de Natalia Hidalgo Leiva, produjeron, en definitiva, la muerte de ella, en circunstancias que él era la única persona que se encontraba presente el día de los hechos en el inmueble.
Según un informe del OS-9 de Carabineros que se consigna en la investigación “se pudo constatar” que Natalia Hidalgo “fue víctima de violencia de género, en el contexto de violencia intrafamiliar, violencia del tipo psicológica, violencia física, violencia o dependencia económica y amenazas, en forma sistemática y permanente por parte de su pareja y conviviente”.
Asimismo, el documento sostiene que “en el marco de las diligencias investigativas materializadas por el equipo investigador que suscribe, no es posible acreditar, ni descartar en forma preliminar, el grado de participación directa o indirecta del querellado, conviviente de la víctima, en las circunstancias que derivaron en el fallecimiento de su pareja ”.
El imputado Pablo Méndez no acepto profundizar en una entrevista. Sólo dijo que en todo el tiempo él nunca había sido citado a declarar ni se le habían solicitado pruebas. Agregó que recién después de casi seis años aparecen con esta situación y que lo que la familia le está haciendo a "Natalia es una cosa impresionante". a
Su defensa tampoco aceptó dar declaraciones
Posible sobreseimiento
Al final de la audiencia de formalización, Pablo Méndez Soto quedó imputado por maltrato habitual y el tribunal le impuso arraigo nacional y prohibición de acercarse o comunicarse con las víctimas indirectas del caso, es decir la familia de Natalia.
Además, se fijó un plazo de 90 días para la investigación.
Asimismo, la defensa del imputado pidió discutir el sobreseimiento de la causa por prescripción del delito. La jueza determinó que aquello se hará el 7 de octubre.
Cabe mencionar que la prescripción de los delitos simples -como es catalogado el maltrato habitual, contando desde la última agresión- es de cinco años.
“Nosotros esperamos sinceramente que se tome en consideración que esta parte querellante presentó la querella mucho antes, en el año 2022”, refutó la abogada de la familia.
El fiscal Ezio Braghetto detalló a Informe Especial que en los siguientes meses se centrarán en la discusión de sobreseimiento. Afirmó que la posibilidad de que la defensa presentara este escenario ya estaba en análisis.
"Teníamos claro que se iba a plantear. Lo mas relevante es ver qué va a pasar procesalmente", sostuvo.