—Tengo miedo de todo, quiero irme,
Quiero estar contigo, con el ares,
Quiero estar tranquilo en la vida y
Que seamos los tres nomas.
Al poco tiempo de haber sido destinado desde el Estado Mayor Conjunto del Ejército (EMCO) a Punta Arenas, el Cabo 2° Carlos Palacios Muñoz ya le decía a su polola, a través de mensajes y audios de WhatsApp, que le dolían las piernas, que no podía dormir, que quería llorar e irse.
Esa primera semana de marzo la presión era alta. Llegaba con una postulación vigente al curso de comando y, ante jefaturas que no lo conocían, tenía que probar su destreza física.
—Pero amor y si mañana me va mal?
Y me quieren bajar —escribió Palacios.
—No te irá mal
No tendría porque irte mal
Si entrenas durо
Para las pruebas
Además eres muy bueno —le respondió su polola.
"Como una prueba de reality"
En paralelo, otra postulante, la cabo 2° Paola Lagos, llevaba más de tres meses preparándose para la misma prueba de comandos. Sus jefaturas sí la conocían, pero no estaban convencidas de si dejarla postular.
“Cuando fue mi subordinada en el año 2024 ya había postulado a otros cursos y no había quedado, además es mujer y la vida del comando es exigente y podría tener problemas con eso”, declararía tiempo después el comandante del pelotón, Capitán Felipe Oliva, quien además asegura que aprobó la postulación en enero solo luego de que el Sargento 1° Jaime Huichalaf le dijera que la cabo había estado entrenando y que, si no aceptaba su postulación, lo podían acusar de discriminación.
El Sargento 1° Leonardo Vallejos, en su calidad de S3 –Suboficial de Instrucción y Entrenamiento–, les haría pruebas previas para ver qué tan preparados estaban ambos cabos. Según un testimonio, dijo que las tomaría “a la antigua”.
El 3 de marzo de 2026, Vallejos les tomó a los postulantes lo que se denominan pruebas estáticas: barras, trote, abdominales, trepa, cancha de pentatlón.
—Maldito
Es como una prueba de reality —escribió la polola de Palacios.
—Algo así —respondió él.
Vallejos luego se dirigió junto a un Cabo 1° a la laguna ubicada al interior del recinto militar, lugar que nunca había sido ocupado para tomar pruebas. Su acompañante solo metió los pies al agua y notó que había muchas algas, pero Vallejos aseguró que era un lugar adecuado.
En las declaraciones relatan que fueron a informar esto al Capitán Oliva y además le dijeron que los resultados de las pruebas estáticas de Palacios y Lagos habían estado debajo de lo esperado. Las versiones se desencuentran: según Vallejos, Oliva autorizó las pruebas acuáticas al día siguiente en la laguna, pero solo después de una visita programada del general Comandante en Jefe de la V División del Ejército; según el Capitán, por esa misma razón no autorizó los exámenes.
Vallejos le escribió a la Cabo 2° Lagos a las 6:33 de la tarde:
—Mañana al gym trata de no hacer tanta actividad física ya que una vez que se retire el general vamos a la laguna.
—Comprendido mi Sg1 —respondió la postulante. Y le informó a Palacios.
"Me quiere tirar al agua"
—Wena mi sargento, ando pal p… oiga. El frío cu… de acá me tiene pal p… Más encima, como vengo con la postulación hay un Sargento Primero que es comando fuerza que me tiene pal p… todo el dia. Ahora me quiere tirar a una laguna c…
El Cabo 2° Carlos Palacios envió este audio a un cabo del EMCO a las 10:50 de la mañana. Luego de saber de su excompañero, agregó:
—Menos mal no se vino pa acá oiga. Malo, mala la ciudad, el clima conch… El viento me llega a tirar pal lado, este viejo c… me quiere tirar al agua también.
Le preguntó a Paola Lagos dónde quedaba el sector de la laguna. La Cabo 2° le respondió que debía subir por el camino del estacionamiento al lado de la guardia. Le envió una imagen de referencia:

La Cabo 2° Lagos subió a la laguna acompañada del Soldado de Tropa Armando Manzano. En el camino se cruzaron con Palacios. Arriba del auto, el soldado comentó que no estaban las condiciones para dar la prueba. Los postulantes coincidieron en que no debería tomarse.
En el gimnasio de la brigada, el Sargento 1° Vallejos fue a buscar a Jaime Huichalaf, de su mismo rango —pero especialista en paracaidismo—, para la toma de pruebas. Cuando llegaron a la laguna, ya los estaban esperando.
Los relatos dan cuenta de que Vallejos describió las pruebas que se tomarían: 200 metros con traje de baño y boya salvavidas; y 50 metros con tenida de combate, botas y un fusil de goma de 9,58 kilos.
Huichalaf entró a la laguna con la boya para medir las distancias. Se dio cuenta de que el agua estaba fría, turbia y que había partes sin fondo. Las declaraciones revelan que las versiones chocan nuevamente: según él, Lagos y Manzano, al salir le advirtió de esto a Vallejos; según este último, le dijo que la laguna estaba apta para el nado y que solo una parte era profunda.
Con o sin advertencia, las pruebas se realizaron.
Prueba mortal
Los testimonios arrojan que Vallejos le dijo a los cabos que calentaran y que partirían tomando los 200 metros sin tenida de combate. Lagos bajó a buscar su traje de baño acompañada de Manzano. Palacios ingresó en bóxers largos al agua, que en promedio marcaba una temperatura de 13°C.
De acuerdo con la investigación, de los 200 metros contemplados originalmente, el cabo 2° solo alcanzó a nadar los 100 de ida apoyándose constantemente en la boya. Al salir, le comentó a Huichalaf que el agua estaba muy fría. Al verlo, el soldado Manzano le pasó su chaqueta para que se abrigara.
Llegó el turno de la Cabo 2° Lagos. Días después, sentada ante la Fiscalía Militar, recordó ese momento: “Al ingresar yo al agua para mi evaluación de los 200 mts., ingreso al agua y recibo un choque de hipotermia por estar extremadamente fría el agua. A lo que salgo para controlar mi respiración e ingresar nuevamente”.
Al igual que su compañero, solo hizo el trayecto de ida. Se encontraron en el camino de vuelta a pie.
—Estoy para la embarrada, tengo frío —le dijo Palacios, tiritando.
La segunda prueba, de 50 metros, se tomaría desde una piedra hasta una estaca. Testimonios dicen que, vestido con su tenida de combate y con el fusil en la espalda, Palacios lucía motivado. Ingresó al agua, esta vez sin boya. Vallejos le habría advertido:
—No se te vaya a perder el fusil.
A los pocos metros, se notaba la dificultad de Palacios para avanzar. Distintos testimonios recuerdan que, sin tono de burla ni sonrisa, Vallejos señaló:
—Vas bien, vas bien. Bien como el hoyo.
Las declaraciones siguen dando cuenta de lo que habría sucedido.
A los cinco metros, Palacios dijo que le pesaban las botas. Le gritaron que tratara de acercarse a la orilla, pero no lo lograba. Vallejos le dijo a Palacios que saliera, pero al verlo complicado le ordenó a Manzano:
—¡Tírate, tírate, se está ahogando!
Del otro lado de la laguna, Huichalaf solo veía la cabeza de Palacios, cuando de repente vio a Manzano lanzarse al agua con la boya. Entendió que algo estaba pasando. Corrió hacia el lugar y, mientras lo hacía, vio a Vallejos saltar también.
Cuando Manzano logró alcanzar a su compañero, Palacios lo tomó de los hombros y, a ratos, lo hundía. Ante la Fiscalía Militar, el Sargento 1° Vallejos recordó: “Manzano lo tenía agarrado del brazo, hundiéndose en dos ocasiones, logrando sacarlo por unos metros, y en un momento me hundió y traté de levantarlo desde el fusil, luego me sacó y hundió, por cuanto estaba desesperado, diciéndole junto a Manzano que tratara de calmarse, luego lo volví a agarrar del brazo, y en tres veces se me soltó y lo volvi a agarrar, tomándolo por última vez de la muñеcа, у cuando se me soltó, lo perdi”.
Consta en los testimonios que Huichalaf llegó al sector y dijo, antes de saltar a la búsqueda:
—¿Por qué no lo sacaron? ¡Se estaba ahogando!

“Mi capitán: lo tenía, se me soltó”
Basada en las declaraciones, la investigación da cuenta de cómo sigue la cronología de hechos.
A las 12:14, en el grupo de WhatsApp “Zorros PEB 2026” un Teniente escribió a Paola Lagos:
—@Polilla ven a mi of (oficina).
La escueta respuesta vino de un Cabo 1°: un emoticón de una persona nadando.
Los gritos en la laguna llamaron la atención de dos soldados conscriptos y dos sargentos que estaban trabajando en una bodega. Llegaron al sector con un alargador. Se lo pasaron a la Cabo 2° Lagos para que lo usaran en la búsqueda. Luego uno de los sargentos fue a informar a la guardia, el otro a la enfermería.
Pasado un rato, Lagos y Manzano subieron al auto. El soldado de tropa explotó en llanto:
—Yo sabía que iba a pasar algo malo, yo les dije.
La Cabo 2° llamó al mismo teniente que había preguntado por ella para contarle lo ocurrido. Al lado de él estaba el Capitán Felipe Oliva, quien pocos minutos antes había sido avisado de lo mismo por la guardia. Se dirigieron al lugar y se toparon con un vehículo donde estaba Vallejos. Este último se bajó y le dijo, en estado de shock:
—Mi Capitán: lo tenía, se me soltó.
Equipos diversos se sumaron a la búsqueda. El enfermero de la unidad, Bomberos, SAMU. Pasaron horas antes de que a las 17:45, a cien metros de la orilla y una profundidad de cuatro metros, el equipo de rescate del GOPE de Carabineros lograra finalmente dar con el cuerpo del Cabo 2° Carlos Palacios Muñoz.

Justicia militar v/s civil
El 9 de marzo la Fiscalía Militar dictó el auto de procesamiento en contra del Capitán Felipe Oliva, el Sargento 1° Leonardo Vallejos y el Sargento 1° Jaime Huichalaf por cuasidelito de homicidio y por el delito de desobediencia impropia. “La actividad fue realizada sin autorización del mando competente, sin evaluación previa del lugar, sin medición adecuada de la zona de nado, y sin la implementación de protocolos de seguridad o rescate (...) EI riesgo creado por dicha conducta se materializó finalmente en el resultado fatal”, dice el documento.
“Hagamos lo que hagamos, ya Carlitos no va a volver. Pero para que él descanse en paz y para que la familia esté en paz, entre comillas, ellos tienen que pagar”, dice Zulema Muñoz, madre de Carlos Palacios, y luego agrega: “Yo pido sinceramente y de todo corazón que se haga cargo la justicia civil”.
Nos comunicamos con las defensas de los tres militares procesados. La única que declinó conversar fue la del Sargento 1° Leonardo Vallejos.
La del Capitán Oliva, liderada por Christopher Marchant, asegura: "Lamentablemente los funcionarios que participaron en tomar esta evaluación actuaron sin autorización previa de ningún mando, incluido a quien yo defiendo".
Por otra parte, el abogado de Jaime Huichalaf, Marcos Ibacache, asegura que “la única persona que puso sensatez en toda esta situación” fue su cliente. "Él ingresó al agua, hizo reconocimiento de la laguna y como lo señala no solamente él, sino también testigos, indica que esta se encontraba oscura, que se encontraba helada, que había mucha corriente, que era profunda", dice.
A su vez, consultado para este reportaje, el Ejército declinó referirse al tema, atendido que se trata de una investigación en curso.
La polola de Carlos Palacios recuerda que le llamó la atención que él pensara pedir la baja, si alguna vez le dijo que estaba “casado” con el Ejército. “Le cortaron las alas a él. A él le hubiese encantado ser comando. Nos lo arrebataron", asegura.
En el celular del Cabo 2° quedaron registrados los últimos mensajes que ella le envió a las 16:06, tan solo horas después de su deceso:
—Amor, necesito que sea mentira
Amor
No me puedes dejar sola
Yo te amo
Te amo más que a mi vida
Por favor
Porque
Porque la vida es tan injusta.
⚖️ ESTE ARTÍCULO DESCRIBE UN PROCESO JUDICIAL EN CURSO
Hasta la fecha NO existe una sentencia ejecutoriada que de por establecido lo que sucedió. Al ser un caso aún sin resolver, los involucrados son inocentes y ello sólo podría cambiar si la justicia determina algo distinto. Las opiniones expresadas en Informe Especial son de responsabilidad de quienes las emiten.