—Ella me llamó a mí llorando y me dijo: "¿Mi mamá?". Dijo que estaba muy cansada, que estaba aburrida, que no quería más, ya no daba más. Mi señora empezó a conversar con ella, se calmó. Después volvió a conversar bien, estaba contenta. Ella se quería venir para acá, porque se le acababa el trabajo que estaba haciendo. (...) Terminándose esa jornada ella se iba a venir para acá, pues nosotros la íbamos a buscar el sábado antes de las elecciones… y no fue así, no alcanzó a llegar a ese sábado.
Sol Millakura Hernández Márques muere por suicidio el 11 de noviembre pasado. Con este relato su padre describe la profunda tristeza y desesperación que —asegura— sentía la joven en los últimos días de vida. Cuenta que su muerte fue, sin duda, la culminación de varios meses de lucha en medio de un ambiente de trabajo hostil, según ilustraron sus propias palabras en una querella por despido injustificado y transfobia laboral presentada tiempo antes de su partida.
Pero la periodista Sol Millakura parece no ser la única. Su historia tiene grandes similitudes con la de Karin Salgado, la enfermera del Hospital Herminda Martín de Chillán, quien termina con su vida en 2019 después de sufrir acoso laboral. Su dolor está plasmado en una carta de despedida. El impacto de su caso fue tal que incluso la Ley 21.643 —que busca prevenir, investigar y sancionar el acoso laboral, sexual o de violencia en el trabajo— lleva su nombre.
Su historia también se parece a la del profesor Albano Muñoz. Tras quitarse la vida, su esposa interpone una querella donde se argumenta que toma la decisión luego de vivir un severo acoso laboral por parte de jefatura del colegio donde trabajaba.
Sin embargo, pese a que la tragedia se ha repetido varias veces, el suicidio como tal no es catalogado en Chile como accidente laboral; no se incluye en la legislación, por lo que no se le atribuyen causas como la violencia o el acoso en el trabajo.
La abogada experta en acoso laboral, Roxana Muñoz, explica a Informe Especial que actualmente en nuestro país “es difícil reconocer el suicidio como un accidente laboral dentro del marco normativo, porque la ley 16.744 (sobre accidentes del trabajo y enfermedades profesionales) define lo que es un accidente laboral y dentro de la accidentalidad, tomar la decisión del suicidio como decisión propia y voluntaria no lo enmarcaría en la definición de accidente propiamente tal”.
Pero, ¿puede el acoso laboral llegar a dañar tan profundamente a una persona determinar acabar con su vida?
El psicólogo laboral Andrés Lucero lo afirma con certeza: para él, sí puede llevar a una persona a suicidarse, aunque precisa que el suicidio “es multifactoral; uno puede observar que hay ponderaciones frente a un hostigamiento que tiene un alto grado de intensidad, efectivamente podría provocar un deterioro en la capacidad de razonamiento de la persona”.
El experto explica que el daño se puede generar, ya sea por un evento particular o por un maltrato reiterado. En el primer caso, “un solo episodio de alta intensidad puede provocar una afectación psicológica de tal envergadura que el sujeto se puede suicidar. ¿Por qué? Porque la evidencia mundial nos muestra que existe el suicidio impulsivo”. Pero, por otro lado, también puede pasar “cuando hay un acoso que es recurrente, que es persistente a través del tiempo, erosionando la personalidad, se va erosionando la capacidad volitiva del sujeto, pierde su libre albedrío”.
—Sabemos que las personas no se quieren suicidar, las personas quieren terminar con su dolor; y el problema fundamental es que decidimos por alguna razón no investigarlo y excluirlo de manera automática, porque es voluntario. Pero resulta que el fenómeno de la voluntariedad se erosiona. Uno puede estar afectado por factores psicosociales —como el acoso, la violencia en el trabajo o el acoso sexual, por ejemplo— que impactan en la salud mental de las personas y no ven otra vía de escape. Las personas sienten que están atrapadas, están en su sufrimiento permanente, hay repetición de ideas, las personas se llegan a sentir infravaloradas, que no les importan a nadie y eso empieza a ocurrir en lugar de trabajo —enfatiza el profesional.
Lamentablemente, que el suicidio no sea investigado como una consecuencia extrema del acoso laboral y la violencia en el trabajo tiene varias consecuencias. Según los expertos, por ejemplo, no es posible para la famila afectada obtener una indemnización, tampoco hay sanciones directas para quienes ejercieron la violencia y menos existe un registro de acosadores que pueda ayudar a desincentivar este tipo de conductas dañinas, pues los victimarios saltan de un trabajo a otro sin saberse ese tipo de antecedentes .
Muertes sin estadística
Un año antes de que Sol Millakura se quitara la vida cumplió un gran hito: logró cambiar su nombre y sexo registral. La felicidad —dicen sus padres— fue desbordante.
—Me llamó, se grabó en el celular ese día cuando le dieron el carnet de Sol. “¡Mira mamá!” —decía— y se reía. “Mira, tengo mi carnet, estoy feliz porque tengo el nombre que yo quería tener”. Yo le dije: "Si tú eres feliz, yo también hijo". “Ahora vas a tener que decirme Sol”. Sí, le dije, yo te voy a decir como tú quieres, hijo —recuerda su mamá.
Pero lo que para ella fue una razón de profunda alegría, en su ambiente laboral pareció causar el efecto contrario. De acuerdo a lo que relató antes de su partida, el entorno se le volvió adverso, provocando en Sol un persistente deterioro de su salud mental.

“Cuando iba con expresión de género más femenina o fluida (uso de labios pintados, faldas, blusas, vestidos o aros), se me miraba con miradas de desaprobación y burlas por parte de la autoridad u otros funcionarios/as o se hacía comentarios sobre mi vestimenta”, narró en su querella.
En ese mismo tiempo, Sol —periodista de profesión— escribió correos formales pidiendo el cambio de nombre y sexo en las plataformas institucionales de su trabajo. Sin embargo, y pese a lo delicado del asunto, la respuesta tardó cinco meses en llegar, después de varias insistencias. Peor aún, en su acción judicial acusó que, tras todo ese tiempo, la respuesta no solucionó su petición, sino que ahí recién le pidieron el carnet de identidad nuevo para hacer el ajuste de datos.
“Durante los últimos 6 meses y después de haber solicitado el cambio de nombre y género, se me comenzó a apartar gradualmente de salidas a terreno con la autoridad, siendo en más de una oportunidad bajada en último momento de las salidas, aun cuando se me había designado salir previamente, lo que constituye indicio de discriminación en razón de mi identidad de género. Las razones para decirme que no iría, expresadas por mi jefatura directa, eran que la autoridad no quería que asistiera a las actividades previamente asignadas, por mi forma de vestir y hablar”, indicó Sol en la demanda laboral.
En marzo de 2025 la joven fue despedida. Según acusó, con argumentos insuficientes. Su familia relata que el hecho destrozó a Sol y que, desde ese momento, su tiempo final comenzó a correr.
—Sol siempre luchó porque se le reconociera como ella era, o sea, su dignidad se vio afectada. Es un tema súper complejo, pero sin dejar de lado claramente aquí se puede ver una relación de causalidad con lo que vivió (en su trabajo), con la forma en que fue despedida y que tuvo como corolario en lo que pasó en noviembre de este año, la decisión que ella tomó —dice Diego Olmos, abogado de la joven.
El sufrimiento que experimentó Sol no se puede cuantificar. Lo que sí es un hecho es que no ha sido la única que denuncia haber enfrentado estas vulneraciones. Pero como en Chile no existe el suicidio como accidente laboral, tampoco hay estadísticas de la cantidad de personas afectadas por el fenómeno. Sin embargo, el Servicio Médico Legal (SML) tiene un registro de “suicidios en contexto laboral”, sin por ello definirse que aquellos fallecidos hayan sufrido de un acoso en su lugar de trabajo.
Un grupo de académicos chilenos realizó un paper llamado “Ley Karin en el sector público: mitos y verdades en su implementación”. En ese trabajo se muestran precisamente las cifras del SML (obtenidas vía Ley de Transparencia) sobre suicidios en contexto laboral. Según dicho reporte, entre 2018 y 2023 se registraron más de 200 casos.
El 2018 fue el año peak, luego vino una baja y un alza, hasta disminuir a 22 muertes el 2023. El documento además explica que las autopsias médico‑legales se realizan solo cuando hay sospecha de un hecho punible y por orden de tribunales o fiscalías.
—Igualmente, nosotros hemos tenido reuniones con la Suseso y está monitoreando este tema. ¿Qué es lo que pasa? Que no existe estadística al respecto de este tipo de muertes, entonces para hacer un cambio en un marco legal se necesita estudiar en base de estadísticas sobre este tema y no las hay —dice Scarlett Watson, de la agrupación Fuera Acosadores.
En efecto, en agosto de este año la Superintendencia de Seguridad Social (Suseso) publicó una circular llamada “Asistencia técnica para contribuir a disminuir el riesgo de suicidio en el lugar de trabajo”. En esta se contempla que “aun cuando el suicidio por sus características no sea reconocido como un accidente del trabajo o enfermedad profesional, se debe tener presente que un entorno laboral seguro y saludable —que incluya la protección de la salud mental, mediante el control de los factores de riesgo psicosociales y la mantención de un trato libre de violencia, compatible con la dignidad de las personas— puede constituir un factor protector para disminuir el riesgo de la conducta suicida”.
—El gran problema es que Chile recién está hablando de prevención cuando las cifras se disparan en el 2025 —comenta la abogada Roxana Muñoz.
El tormento de Albano
—Ese día llegamos a la casa, tomamos oncecita juntos los cuatro. De hecho, lo esperamos un poco, porque él estaba hablando con un apoderado por teléfono. Después él se fue a acostar. Yo arreglé a las niñas y él se levantó a trabajar, a estudiar, porque era muy estudioso. Después yo me fui a acostar, él se fue a acostar conmigo. Y ahí en la madrugada fue cuando yo despierto por un golpe fuerte en el living, y me levantó asustada y veo a mi esposo botado en el suelo.
El profesor Albano se había quitado la vida.
Así, Nilvia Vergara recuerda ese día de 2024. A poco tiempo de su muerte, los compañeros del docente y el Colegio de Profesores denunciaron que los malos tratos y el acoso laboral que experimentó (por parte de quien era en esa época la directora del liceo donde trabajaba) lo agobiaron de tal forma que lo llevaron a terminar con su vida.
—Me llamaba la atención que me preguntaba: "¿Qué más hago, si ya planifiqué esto? Y me pusieron correcciones". Y él ponía las correcciones y esas correcciones después había que hacerle otras correcciones. Y ponía lo mismo que había puesto al principio y ya, ahí está bueno. Entonces era como, me parecía que lo estaban más que todo molestando. (....) Pero igual en su actitud, mientras estaba en la casa, era de llegar cansadísimo, dormir, después levantarse y seguir trabajando. Las caminatas que le comentaba que hacíamos disminuyeron. El fin de semana anterior a que pasara lo que pasó vinimos a caminar y él estaba súper desanimado. Él me ayudó a hacer un video para mis niños del jardín, pero fue así como muy desanimado. Y después llegamos a la casa, él me dijo: "Estoy cansado". Y así fue como decayendo en su estado anímico —rememora Nilvia.
Casi dos meses después del fallecimiento de Albano, siete funcionarios del mismo colegio presentaron una demanda por vulneración de derechos en la relación laboral contra la municipalidad de su zona, específicamente por el derecho a su integridad psíquica, contra la entonces directora del establecimiento.

El Colegio de Profesores publicó además un comunicado en el que apuntaba a la misma funcionaria por su desempeño como directora de otros dos colegios en 2016 y 2020: “Hemos identificado una serie de malos tratos a docentes y a asistentes de la educación que desarrollaron labores durante el periodo ya antes mencionado, dejando un gran deterioro en la salud mental y las relaciones laborales. Generando un ambiente laboral dañino que afectó de manera permanente a la mayoría de los trabajadores de esta comunidad”.
—Cuando empezaron ya los maltratos, cuando tenía que redactar oficios, yo estaba acostumbrada a hacer otro tipo de oficio, pero ella quería que los oficios fueran a su manera, me los rayaba diez veces. Me decía: "Eres muy lenta, no me sirves, acuérdate que tengo toda facultad para moverte". Osea, de las ocho horas de mi trabajo, ella me decía cuatro o cinco veces que podía moverme. Llegué un tiempo a cuestionarme. Yo ya no quería ir a trabajar, yo tiritaba cuando ella me llamaba —recuerda una de las funcionarias del mismo colegio de Albano Muñoz.
—Me sacaron de mi oficina —continúa— me botaron todas mis cosas personales, me tiraron a un cuarto sin enchufes, no tenía acceso a internet, una ventana hasta que se cae, la oficina estaba llena de cajas en desuso, tuve que hacer limpieza en la oficina para poder instalarme. A mí me empezaron a disminuir todas mis funciones. Paulatinamente me fueron quitando todo. Llegué un momento a hacer bitácora. Un mes sin hacer absolutamente nada.
La angustia se volvió incontrolable para esta trabajadora —quien, por temor, decidió dar entrevista a Informe Especial a rostro cubierto—. Según cuenta, el quiebre total ocurrió un poco después, cuando casi se vuelve una segunda víctima fatal del acoso: llegué a un momento a intentar suicidarme en el establecimiento. Cuando mi colega que compartía en mi oficina se dio cuenta que yo me había tomado los medicamentos, me los quitó.
Al margen, la viuda de Albano Muñoz presentará con abogados del Colegio de Profesores una acción civil que aspira a conseguir justicia.
Autopsia psicológica
El suicidio es un fenómeno que —según los expertos— puede tener múltiple causas, pasando por factores biológicos, psiquiátricos, genéticos y familiares. Y también existen los riesgos psicosociales que pueden aumentar el riesgo de ideación suicida y sucidio; como por ejemplo, duelo, conflictos, enfermedades crónicas, problemas financieros, etc.
Por lo anterior, cuando un trabajador muere por suicidio en su lugar de trabajo, o tenía antecedentes de maltrato laboral, para determinar que esos hechos se relacionaron con su fallecimiento, es necesario investigar. Pero el problema es que no se hace.
—Hablar de suicidio laboral como concepto, todavía en Chile hay muchas personas que se resisten, que miran un poco para el lado, excusándose en esta idea de que es un fenómeno multifactorial. Y que sea un fenómeno multifactorial, que todos sabemos es cierto, no implica que no lo investiguemos. Primero investiguemos y después podemos decir: "Mira, no es laboral o si es laboral" —dice el psicólogo Andrés Lucero.
En otros países se ha avanzado en crear jurisprudencia en torno a suicidios vinculados al acoso laboral, pudiendo responsabilizar incluso a los victimarios directos.
En 2020, un trabajador se quitó la vida en el almacén de una empresa en España, donde trabajaba como gerente y responsable de producción. En la sentencia el tribunal determinó que “la ansiedad y la angustia vital” que sintió el empleado fue consecuencia de la sobrecarga laboral. Se condenó a las empresas y aseguradora involucradas a indemnizar a la viuda y las hijas con 1.1 millones de euros; poco más de $1.200 millones en moneda chilena.
Según el diario El País, la sentencia consideró acreditada la existencia de graves “incumplimientos materiales en materia preventiva” y “carencias significativas en sus obligaciones” de proteger la salud de sus trabajadores, pese a que el cuadro de estrés, angustia y malestar psíquico del afectado era conocido por el personal de la fábrica.
El académico español y experto en derecho del trabajo, Eduardo López Ahumada, explica a Informe Especial que en su país “la jurisprudencia ha sido muy sensible y ha reconocido, en determinados casos, cuando así concuerren las circunstancias, pues (...) los jueces han deducido que ese suicidio no se ha producido de forma aislada del trabajo, sino que es la consecuencia de unas prácticas, de unos hechos que en el entorno laboral ha conducido a la persona a tomar la decisión final de suicidarse”.
Una de las herramientas que se ha utilizado en otros países para determinar si un suicidio fue causado en gran medida por el acoso laboral, es la autopsia psicológica, la cual “permite reconstruir retrospectivamente cómo era el estado psicológico del sujeto. Uno puede mirar —por ejemplo— sus redes sociales, conversar con compañeros de trabajo, si hubo WhatsApp con mensajes de hostigamiento o de acoso. Es conversar e ir a ver con otras personas su psicobiografía, para observar cuáles fueron los factores psicosociales que pudieron impactar en la decisión autolítica (hacerse daño intencionalmente)”.
Peligro latente
En 2015, Elizabeth Vázquez Alarcón ingresó a un nuevo trabajo. El primer año fue una experiencia “gratificante”, pero luego se tuvo que hacer cargo del cuidado personal de su nieto. Y con ello comenzaron los problemas en el trabajo.
—Comenzaron roces entre pares, palabrazos, ofensas, pero esto fue escalando, fue escalando, ya no era una palabra, era un hostigamiento, eran frases despectivas a mi persona y frases despectivas a mi nieto. Mi nieto tiene una condición de salud complicada. En un principio, de verdad, yo decía: "Estas cosas pasan, ya, ¿para qué?". Pero cuando escucho a una de las chicas que dice: "¿Y qué se cree esta? Hacerse cargo de un guacho enfermo", que por qué yo era tan tonta de hacerme cargo de un guacho inservible, un guacho enfermo. Y yo dije: "Uff, de verdad que me quebraron". Me quebraron, porque si mi nieto logró sobrevivir es porque es un campeón —relata aún con angustia.
—Estas mismas compañeras me arrinconaban en el pasillo contra una pared y le pegaban a la pared al lado de mi cara. Si yo estaba en la sala de descanso, ellas ingresaban y específicamente una le golpeaba el casillero con su brazo fuerte, (...) pero yo nunca respondí, nunca respondí, sino que solamente observé hasta dónde más llegaba, hasta que lo denuncié.
En esa época no había Ley Karin. La acción no tuvo muchas repercusiones y los acosos continuaron. Denunció dos veces más, pero tampoco logró cambios. Pero hubo una cuarta denuncia por un hecho de mayor gravedad: otro funcionario la golpeó dos veces en la cara.
—Son nueve años de maltratos, de acoso, de malas palabras, pero yo no podía perder mi trabajo. Si ser mujer ya es difícil, ser madre única cuidadora de un menor con discapacidad es mucho más difícil —explica.

Sin embargo, lo peor no llegaba aún para “Ely”. En abril de 2024 tiene problemas para cuidar a su nieto pequeño y solicita un permiso para hacer teletrabajo un tiempo. Le dicen que sí, que podrá quedarse en casa, pero el día antes le anuncian que la petición fue "revocada".
—Yo en ese minuto sentí una puntada en mi ojo derecho, que me atravesó la cabeza. El peor dolor de cabeza de mi vida y le dije: "Ustedes quieren que yo renuncie, ustedes hacen esto porque yo tengo un niño con discapacidad". Se me había cerrado mi ojo derecho y logré llamar a un hermano para que viniera. Él llegó a las 5 de la mañana y yo logré ir a la urgencia. Me hacen un escáner y el médico me dice: "Señora, lo siento, su estrés le pasó la cuenta, tuvo una ruptura de aneurisma cerebral, está cursando una hemorragia subaracnoidea, está en riesgo vital, tiene que entrar a pabellón ahora". Me mataron, me mataron. Yo morí, morí —recuerda.
El acoso laboral que vivió Elizabeth causó heridas imborrables en su dimensión psicológica y física, que dan cuenta de los graves efectos que puede causar la violencia persistente en el trabajo. Todo sin ningún tipo de apoyo o intervención, y menos de sanciones a los agresores e instituciones que permitan desincentivar este tipo de comportamientos. Hoy la vida de Ely pende de un hilo, y no hay quien se responsabilice por ello.
—¿Tuviste en algún momento la idea de un suicidio?
—Sí, porque no podía ser un estorbo para (mi nieto), porque se llevaron todo de mí, mi vitalidad. Nosotros bailábamos, él bailaba en brazos míos, yo ahora no puedo bailar con él en brazos, no puedo. Se llevaron mi vida, mi salud y ahora soy esto que quedó.
Pero, para los especialistas, conseguir un cambio no parece fácil.
—Reconocer el suicidio como accidente laboral le complica a muchos entes. Le complica en el sector privado a las empresas, porque las empresas desde su liquidez pagan esta indemnización, estamos hablando muchas veces de empresas chicas que una demanda inmediatamente desestabiliza ese negocio. En empresas grandes estamos hablando de millones. En el sector público paga el Estado, con el dinero de todos los chilenos. Y en el sector de las mutualidades, hacerse cargo de las las enfermedades o accidentes laborales (relacionados al suicidio) les genera un aumento de la cuota en la prima que se cobra. Reconocer que no se llegó a tiempo, que se hizo caso omiso a riesgos psicosociales —comenta la abogada Roxana Muñoz.
—En los casos en que las personas deciden terminar con su vida, pasaron muchas etapas en que no se hizo lo que debía hacerse. Ahora la Superintendencia de Seguridad Social incorporó la prevención del suicidio por efectos del trabajo en una normativa, pero aún no está incorporado en el marco legal —reflexiona la fundadora de Fuera Acosadores.