Paz Fernandez
09.09.1973

Hoy la selección nacional inicia la última “suite” de partidos, antes de enfrentarse a la Unión Soviética en busca de un lugar en el próximo torneo mundial.

Se trata de la preparación para el match que disputará en Moscú el 26 de este mes. O sea, es el trabajo tendiente a adiestrar el cuadro para jugar de visitante. Y tiene suma importancia la situación porque, al igual que con Perú, en esta nueva etapa eliminatoria que afronta el fútbol chileno. También la modalidad para resolver el elegido se basa en los resultados y en los golpes de diferencia.

La experiencia de Colo Colo y de la propia oncena roja enseña que el ataque nuestro está facultado para actuar de contragolpe. El único triunfo de los albos en su triste gira reciente fue obtenido cuando jugó con cautela, cuando dejó el rival (Sevilla) tomara la iniciativa y dominara aparentemente. Con espacios grandes y distancias largas a recorrer, los atacantes nuestros pueden llegar a las redes. Se desenvuelven mejor, mucho mejor, cuando atacan defensas adelantadas y disminuidas en número que cuando tratan de superar retaguardias refugiadas y reforzadas numéricamente.

LAS PIEZAS

No nos cabe duda, además que de estar Elías Figueroa junto a Quintano en el centro del área chilena resultará dificilísimo para los adversarios (aún para aquellos más capacitados que los soviéticos) el acercarse a nuestro arquero. Pondría el ahora “brasileño” la fortaleza de que ha carecido el bloque defensivo chileno. Y su envergadura física se opondría adecuadamente al intento, indudable, de atacar por alto que impondrá la escuadra europea.

Si Chile cuenta ahora con Guillermo Páez, para que haga de batidor delante de los backs centrales (porque no existe el valor individual en el elenco de la URSS que hiciera suponer la necesidad de una marca personal como las que perfecciona Lara) y tiene en las puntas la regularidad y tenacidad de Machuca y Arias, nos resulta una defensa casi perfecta para un partido en que “hay que esperar” al adversario.

Con Valdés, imprescindible por la precisión de su apoyo y para la eventualidad de tiros libres, y Reinos, con todo lo que tiene el “Chico” de fuerza interior y física, se tendría la media cancha a buen recaudo. Y estaría garantida la opción de correr y anotar de los tres delanteros Caszely, Ahumada y Crisosto o Véliz que tiene velocidad para jugar escapando surgen como los ideales atacantes de un partido en que “se debe defender. Estamos hablando del primer partido. El miércoles 26 de septiembre. Porque conforme lo que suceda en ese choque habrá que cambiar, para ganar – obligatoriamente- en el segundo que se disputará en Santiago.

ANÁLISIS PARA MOSCÚ

Es evidente que se ha enfriado el ánimo de los aficionados. Que los resultados generales de nuestros clubes en viaje no dejaron margen, casi para el optimismo. Pero la selección es otra cosa. Los mismos jugadores se conducen con diferente espíritu (y no es crítica sino alabanza) cuando visten la casaca con estrella. Y como el rival no nos impresiona más allá de lo que realmente se le debe temer, mantenemos nuestra posición de que la clasificación es factible. Con mejores condiciones para el equipo, la habríamos dado por segura. Pero como no fue posible dar al cuadro esas indispensables facilidades, tenemos que rebajar nuestra anterior seguridad y  quedarnos en una tranquila espera.

Lo que no podrá hacer nuestro elenco en el pleito con los “soviéticos” es ir al choque. Entrar en la línea física más que en la futbolística. Por más que se trabajara hasta la hora de salir a la cancha en Moscú sería imposible dotar a nuestra gente de la fortaleza que le negó la naturaleza. Sería tan noticioso como que el seleccionado soviético estuviera volcando sus esfuerzos a hacerse técnico porque juega con nosotros. Y con tan poco tiempo de por medio.

La lucha se resolverá con las armas que a cada uno le son conocidas. Se enfrentarán, nuevamente, dos escuelas. Y esa larga interrogante, sobre cuál es el mejor estilo, no creemos vaya a quedar absuelta en las luchas de Chile y la URSS.  


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