Durante años, la gestión financiera personal se organizó bajo una estructura de silos: las inversiones iban por un lado, los seguros por otro y la planificación previsional se trataba como un tema aparte.
Sin embargo, este esquema, que funcionaba en contextos económicos más simples, hoy comienza a generar ineficiencias críticas ante un escenario financiero global cada vez más sofisticado.
Según proyecciones de McKinsey & Company, se espera que los activos financieros de individuos alcancen los US$500 billones hacia el final de la década. Esta expansión, sumada a tasas de interés más altas y una mayor variedad de instrumentos disponibles, está forzando a los inversionistas a cambiar radicalmente la forma en que gestionan su patrimonio.
El riesgo de las decisiones "en solitario"
El problema actual no radica en la calidad de cada decisión financiera individual, sino en la falta de coordinación entre ellas. Según analistas de la industria, es cada vez más común encontrar portafolios que, aunque presentan activos bien estructurados, fallan en el conjunto.
"En la práctica, observamos portafolios con duplicidades de cobertura, desalineaciones en los niveles de riesgo o inconsistencias en la liquidez que pasan inadvertidas por una visión fragmentada", señalan fuentes del sector.
Un ejemplo claro de este fenómeno es el inversionista que, mientras mantiene posiciones conservadoras en ciertos instrumentos, asume riesgos desmedidos en otros activos sin una visión consolidada, o que enfrenta cargas tributarias innecesarias simplemente por no haber integrado su planificación fiscal con su estrategia de inversiones.
La mirada experta: el caso chileno
En Chile, esta tendencia es especialmente notoria entre ejecutivos, empresarios y profesionales de altos ingresos, quienes suelen distribuir su patrimonio entre múltiples instituciones y asesores, lo que dificulta obtener una visión integral.
Guillermo Cruz Figueroa, gerente comercial corporativo de Grupo Cruz, enfatiza la necesidad de un cambio de paradigma: "Hoy el patrimonio es más interdependiente que antes. Las decisiones de inversión, previsión, protección y liquidez están completamente conectadas entre sí. Cuando no existe una mirada global, es fácil construir soluciones parciales que no necesariamente funcionan bien en conjunto".
El nuevo rol del asesor financiero
Ante este panorama, la figura del asesor financiero está en plena evolución. El modelo clásico del intermediario, enfocado únicamente en la venta de productos específicos, está siendo desplazado por la coordinación estratégica.
El nuevo rol del asesor consiste en integrar variables como la liquidez, la carga tributaria, la previsión y la protección bajo una misma lógica coherente, orientada hacia los objetivos de largo plazo del cliente, y no solo hacia la rentabilidad inmediata de un activo.
Una tendencia estructural
Desde la industria coinciden en que este cambio no es transitorio. A medida que el entorno económico se vuelve más complejo, la demanda por modelos de asesoría patrimonial integral seguirá creciendo. Las firmas locales ya están empezando a adaptar sus servicios, priorizando estrategias diseñadas a medida que permitan navegar con mayor seguridad en un mundo financiero donde, más que nunca, el todo es más importante que la suma de sus partes.