Personas en situación de calle, personas con discapacidad y electrodependientes, niños, niñas y familias enfrentan riesgos que pueden agravarse por las inundaciones, los cortes de energía, las evacuaciones y la pérdida de sus hogares. Por ello, cuatro organizaciones entregan recomendaciones para actuar durante la emergencia.
Fundación Cristo Vive, Fundación RONDA, Fundación CENFA y Aldeas Infantiles SOS Chile advirtieron que las consecuencias del temporal no afectan a todas las personas de la misma manera. La falta de una vivienda segura, la dependencia de equipos eléctricos, las dificultades para evacuar y el impacto emocional de la emergencia pueden aumentar considerablemente la exposición al riesgo.
Personas en situación de calle: una emergencia que puede ser mortal
Las bajas temperaturas, la humedad permanente, la pérdida de ropa seca y la exposición prolongada al agua aumentan el riesgo de hipotermia, enfermedades respiratorias, infecciones y agravamiento de patologías preexistentes entre quienes viven en la calle. A esto se suma la posibilidad de quedar atrapados en riberas, pasos bajo nivel, quebradas u otros sectores inundables.
“Las personas en situación de calle no siempre cuentan con un espacio donde protegerse, secar su ropa, alimentarse o recibir información oportuna. En una emergencia como esta, acercarse, preguntar si necesitan ayuda y alertar a los equipos correspondientes puede marcar una diferencia e incluso salvar una vida”, señala Teresa Winter, directora del Área Calle de Fundación Cristo Vive.
La organización recomienda no exponerse a un rescate improvisado si existe riesgo de inundación o derrumbe, sino comunicarse con los equipos de emergencia. Para alertar sobre una persona que necesite apoyo se puede llamar al Fono Calle 800 104 777, opción 0, además del municipio correspondiente, Carabineros o el 131 ante una urgencia médica.

Cortes de luz y evacuaciones: el riesgo para personas con discapacidad y electrodependientes
Para las personas electrodependientes, una interrupción prolongada del suministro puede comprometer el funcionamiento de respiradores, concentradores de oxígeno y otros dispositivos médicos. Las personas con discapacidad, en tanto, pueden enfrentar barreras para recibir alertas, desplazarse, comunicarse o ingresar a albergues y medios de transporte.
“Una evacuación no puede diseñarse pensando que todas las personas escuchan una alarma, comprenden las instrucciones o pueden desplazarse de manera autónoma. Los planes de emergencia deben considerar a todas las personas, identificando previamente a quienes por ejemplo, requieren asistencia y asegurar apoyos, información accesible y continuidad eléctrica para los equipos médicos. Por Ley, personas con discapacidad y/o en situación de dependencia, personas mayores, cuidadoras, niños, niñas y jóvenes debiesen ser prioridad en una emergencia.”, explica María José Escudero, directora de Incidencia y Desarrollo de Fundación Ronda.
La fundación aconseja mantener cargados los dispositivos de comunicación, verificar el funcionamiento de baterías o fuentes de respaldo, informar inmediatamente el corte a la empresa distribuidora y no separar a la persona de sus medicamentos, ayudas técnicas, documentos ni cuidador. También resulta fundamental que vecinos y administraciones conozcan previamente dónde viven personas que necesitarán apoyo para evacuar.

Angustia, miedo e incertidumbre: el temporal también afecta la salud mental
El impacto emocional no se limita a quienes perdieron sus viviendas o debieron evacuar. La exposición permanente a imágenes de destrucción, alertas y noticias sobre personas fallecidas o desaparecidas también puede generar ansiedad, problemas para dormir, irritabilidad, tristeza y sensación de descontrol, especialmente en niños, personas mayores y quienes han vivido emergencias anteriores.
“Sentir miedo o angustia frente a una situación de esta magnitud es una reacción esperable. Lo importante es recuperar cierta sensación de seguridad: informarse por canales oficiales, mantener rutinas básicas cuando sea posible y permitir que niños y adultos expresen lo que sienten, sin minimizarlo ni aumentar innecesariamente la alarma”, sostiene Jennifer Verdugo, jefa de la sede Valparaíso de Fundación CENFA.
CENFA recomienda limitar la exposición repetitiva a imágenes de la emergencia, evitar entregar detalles innecesarios a los niños y explicar lo ocurrido con palabras adecuadas para su edad. Si la angustia impide dormir, alimentarse o realizar actividades cotidianas, se intensifica con los días o aparecen crisis graves, es importante solicitar ayuda profesional. Salud Responde atiende las 24 horas en el 600 360 7777.
Niñez afectada y pérdida de entornos protectores
Las inundaciones y daños en viviendas también pueden destruir los espacios que brindan seguridad y estabilidad a niños, niñas y adolescentes. La pérdida de una casa, pertenencias, escuelas o redes cercanas puede profundizar situaciones de vulnerabilidad y dejar a muchas familias sin condiciones adecuadas para su cuidado.
“Cuando una emergencia destruye una vivienda o interrumpe las redes de apoyo, los niños y niñas no solo pierden un espacio físico: también pueden perder las rutinas, vínculos y entornos que les entregan seguridad. La respuesta debe garantizar su protección, evitar separaciones familiares y asegurar que cuenten con espacios seguros, cuidado estable y acompañamiento emocional durante todo el proceso”, afirma Osvaldo Salazar, director nacional de Aldeas Infantiles SOS Chile.
La organización, presente en distintas regiones del país, trabaja por la protección de niños, niñas y adolescentes que han perdido el cuidado familiar o están en riesgo de perderlo, fortaleciendo a las familias y promoviendo entornos seguros, afectivos y protectores.

En paralelo, impulsa su Colecta Nacional 2026 “Dona Futuro”, que busca reunir recursos y voluntarios para fortalecer el acompañamiento a niños, niñas, adolescentes y familias. La campaña tendrá voluntariado digital entre el 31 de julio y el 15 de agosto, mientras que la colecta presencial se realizará el 14 y 15 de agosto. Las personas mayores de 18 años pueden participar presencialmente o ayudar difundiendo la iniciativa en sus redes.
Las cuatro organizaciones coincidieron en que la emergencia exige una respuesta comunitaria que identifique a quienes pueden quedar invisibilizados. Conocer a los vecinos, ofrecer ayuda sin imponerla, respetar las instrucciones oficiales y activar oportunamente las redes de emergencia puede evitar que las consecuencias del temporal sigan cobrando vidas.