Nuevo estándar del mercado: sostenibilidad pasa de ser reputación a un factor clave para financiamiento en Chile
La emisión de bonos sostenibles creció un 132% en el país durante el último año. Expertos advierten que las empresas sin métricas ESG claras arriesgan quedar fuera del mercado de capitales ante las nuevas exigencias regulatorias de 2026.
Sábado 30 de mayo de 2026
El mercado financiero chileno está experimentando un cambio estructural irreversible. La sostenibilidad ha dejado de ser un mero elemento de relaciones públicas y reputación corporativa para convertirse en un factor decisivo y estratégico para acceder a financiamiento, captar inversiones y mantener la competitividad.
Hoy, la presión ya no proviene únicamente de tratados internacionales o regulaciones estatales, sino del propio mercado de capitales y de las entidades bancarias, las cuales han comenzado a privilegiar de forma explícita a aquellas compañías que demuestran altos estándares ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés).
Cifras e hitos de un mercado en expansión
Este giro hacia las finanzas verdes se refleja en datos contundentes. Durante el año 2025, la emisión de bonos etiquetados (verdes, sociales o vinculados a la sostenibilidad) en Chile experimentó un impresionante crecimiento del 132% en comparación con el periodo anterior, alcanzando los $1,38 billones y representando el 14,34% del total de emisiones en el país.
Asimismo, la tendencia viene consolidándose con fuerza en el mediano plazo: desde 2016 a la fecha, grandes corporaciones como Arauco, BancoEstado, Bci, CMPC y Engie han colocado de forma conjunta más de US$5.130 millones en bonos sostenibles, posicionando a Chile como uno de los referentes indiscutidos en la materia a nivel latinoamericano.
El nuevo rayado de cancha regulatorio
A este dinamismo comercial se suma un ecosistema normativo cada vez más estricto. Tras el lanzamiento en 2025 de la Taxonomía de Actividades Económicas Medioambientalmente Sostenibles (T-MAS) —que fijó criterios técnicos comunes para sectores clave como minería, energía, construcción y transporte—, este 2026 marca un punto de inflexión.
Con la entrada en vigencia de la Norma de Carácter General 519 y la adopción obligatoria de las normas internacionales NIIF S1 y S2, el mercado chileno exigirá que los reportes de información ESG cuenten con el mismo nivel de rigurosidad, trazabilidad y auditoría externa que los estados financieros tradicionales.
Sin embargo, la preparación del sector privado local todavía muestra rezagos: un reciente análisis sectorial reveló que solo el 35% de las compañías chilenas cuenta actualmente con sistemas de datos ESG robustos, mientras que a nivel regional la brecha es aún mayor, con un 57% de empresas latinoamericanas no preparadas para cumplir con los nuevos estándares internacionales.
De la filantropía al flujo de caja
Para Maximiliano Fontecilla, socio cofundador y gerente de Oportunidades de Proyecta Impacto —consultora especializada en estrategia y gestión ASG en la región—, el escenario actual no tiene vuelta atrás.
“Hace algunos años la sostenibilidad era vista como un tema reputacional; hoy influye directamente en decisiones de inversión y financiamiento. Los mercados financieros ya incorporan criterios ESG para evaluar riesgos, resiliencia y capacidad de adaptación de las empresas”, explica el ejecutivo.
Fontecilla advierte que la banca está elevando su vara de entrada y que los discursos corporativos ya no son suficientes si no vienen respaldados por evidencia técnica. “Los bancos están desarrollando instrumentos financieros sostenibles e incorporando criterios ESG como requisito mínimo. Las empresas deben demostrar cómo gestionan sus riesgos y oportunidades con datos trazables, comparables y auditables”, sostiene.
El riesgo de quedarse fuera
El impacto de esta transformación ya traza una línea divisoria en el empresariado. Las firmas que integraron la sostenibilidad en su ADN financiero y operativo ya disfrutan de mejores condiciones crediticias y mayor resiliencia. En la otra vereda, quienes insisten en abordar estos tópicos solo desde el área de comunicaciones enfrentan serios peligros.
“Las empresas sin métricas claras y gobernanza robusta empiezan a quedar fuera, porque las entidades financieras y los inversionistas internacionales exigen coherencia entre estrategia, operaciones y métricas. Quienes no integren la sostenibilidad enfrentarán menor acceso a capital, mayores costos financieros y dificultades para adaptarse a las nuevas regulaciones”, concluye Fontecilla.
Con un mercado de bonos verdes en auge, una banca restrictiva y un marco regulatorio de estándar global, Chile se consolida como el principal laboratorio de finanzas sostenibles de la región, un entorno donde ser sostenible pasó de ser una opción preferencial a una condición obligatoria para la supervivencia del negocio.