El dólar continúa operando en niveles elevados en el mercado cambiario local y se ubica en torno a los $928, manteniéndose por sobre los valores registrados durante el mes anterior. El comportamiento del tipo de cambio responde a un escenario marcado por la volatilidad de los mercados internacionales, la evolución del dólar global y los movimientos en los precios de las principales materias primas.
En el plano internacional, la inflación de junio en Estados Unidos sorprendió al ubicarse por debajo de las expectativas del mercado. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una caída mensual de 0,4%, mientras que la variación anual se situó en 3,5%. En tanto, la inflación subyacente alcanzó el 2,6%.
Estas cifras redujeron las expectativas de una política monetaria más restrictiva por parte de la Reserva Federal (Fed), debilitando al dólar frente a otras monedas a nivel global.
No obstante, ese efecto ha sido parcialmente compensado por el fuerte repunte del petróleo. El Brent llegó a superar los US$87 por barril y el WTI se acercó a los US$80, impulsados por una nueva escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Para Chile, este escenario representa un desafío adicional. Al ser un importador neto de combustibles, el alza del petróleo encarece las importaciones energéticas, aumenta la demanda de dólares para financiar esas compras y presiona al alza el tipo de cambio. Además, un mayor precio del crudo puede generar presiones inflacionarias y elevar la percepción de riesgo en los mercados internacionales.
En contraste, el elevado precio del cobre continúa entregando soporte al peso chileno. El principal producto de exportación del país se mantiene en torno a los US$6 por libra, un nivel históricamente alto que fortalece los ingresos por exportaciones y mejora los términos de intercambio, compensando parcialmente las presiones provenientes del mercado energético y del escenario geopolítico.
Según explicó Vicente Corona, analista senior de Deal Advisory de BDO, "el tipo de cambio está siendo influenciado por fuerzas contrapuestas. Por un lado, una inflación más moderada en Estados Unidos debilita al dólar global, pero, por otro, el alza del petróleo y la incertidumbre geopolítica fortalecen la demanda por activos refugio y generan presión sobre monedas emergentes como el peso chileno".
El especialista agrega que "el alto precio del cobre ha permitido amortiguar parte de estas presiones, evitando un deterioro mayor del peso. Sin embargo, mientras persista la incertidumbre en Medio Oriente, la volatilidad cambiaria seguirá siendo elevada".
De cara a las próximas jornadas, el mercado permanecerá atento a las nuevas señales de la Reserva Federal, a los próximos indicadores de actividad e inflación en Estados Unidos y, especialmente, a la evolución del conflicto en Medio Oriente. Una disminución de las tensiones, junto con un dólar global más débil y un cobre fortalecido, podría favorecer una caída del tipo de cambio. En cambio, una prolongación del conflicto o nuevas disrupciones en el mercado petrolero podrían impulsar nuevamente al dólar y mantener la volatilidad en el mercado cambiario.