Irak vuelve a un Mundial tras 40 años de ausencias. El elenco asiático eliminó a Bolivia en la final del repechaje intercontinental y se quedó con el último boleto a la cita planetaria. ¿El héroe de la jornada? Aymen Hussein.
El delantero, de 30 años, convirtió a los 53 minutos el gol que le dio la clasificación a su país, esa misma nación en la que tanto sufrió durante toda su vida.
Y es que Hussein carga con una historia marcada por el dolor. Nació en Hawija, una de las zonas más castigadas por la guerra y donde el fútbol surgió como un refugio para tanto horror.
Las tragedias que marcaron a Aymen Hussein
La primera tragedia personal lo golpeó cuando apenas tenía 12 años, momento en que su padre, oficial del ejército, fue asesinado en un ataque terrorista de Al Qaeda.
Seis años más tarde, el ISIS se tomó su pueblo, destruyó su hogar y secuestró a su hermano, quien se desempeñaba como policía local, y nunca más volvió. Hasta el día de hoy, Aymen continúa sin conocer su paradero.
En 2014 debió huir junto a su madre y se convirtieron en desplazados internos, debiendo empezar de nuevo en Kirkuk.
En 2015 llegó su debut con la selección de Irak y fue parte del plantel que consiguió la clasificación a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.
Hoy es una de las grandes estrellas de su selección, a la que devolvió a un Mundial con un gol inolvidable.