En el recuerdo de todo un país quedará el disparo de Mauricio Pinilla que bien pudo cambiar el destino.
El nacional sacó un misíl terrible que tenía batido a Julio César pero el travesaño, ese maldito travesaño, devolvió con la misma fuerza. Un arco que no quiso teñirse de rojo, pues sería el mismo que después privaría el disparo de Jara.