"La Paz Ahora", la postura oficial de la UDI sobre DD.HH.

Revisa lo que expresó el gremialismo, en 2003, respecto al golpe de Estado y los "graves excesos" que se cometieron durante la dictadura de Augusto Pinochet.

José Morgado
02.09.2013

Hace 10 años, cuando se conmemoraban 30 años del golpe de Estado de 1973, el escenario político también estaba marcado por lo que sucedió en dictadura, las violaciones a los Derechos Humanos y el debate sobre las eventuales responsabilidades de dirigentes actuales.

Ahí, a diferencia de ahora, la Unión Demócrata Independiente (UDI), partido "oficialista" del régimen militar, realizó un importante gesto en materia de reconciliación y firmó el documento "La Paz Ahora, propuesta de la UDI sobre Derechos Humanos".

El timonel gremialista, Patricio Melero, tras participar del comité político en La Moneda, recordó que la postura de su tienda está en dicho texto, instancia donde además presentaron una "propuesta concreta en materia de reparación de DD.HH.", asegurando además que "hemos votado todos los proyectos de ley en esa misma dirección".

Pero, ¿qué decía el documento publicado el 20 de junio de 2003? Revisa sus principales puntos en 24Horas.cl

- "Es una realidad que en los últimos 40 años, Chile ha atravesado un período de grandes conmociones, muchas de ellas con muy dolorosas manifestaciones. Es una realidad que, durante ellas, muchas veces se cometieron excesos graves. Todos los chilenos nos dolemos de eso y quisiéramos que nunca volviera a repetirse nada semejante. Pero no basta con desearlo. Hay que actuar eficaz y conducentemente para lograrlo, en toda la medida de nuestras capacidades".

- "No podemos borrar el dolor del pasado, que nosotros queremos hacer nuestro, en señal de solidaridad, pero sí podemos actuar para reducir el dolor del presente y para prevenir el del futuro, en cuanto nos sea posible".

- "Sabemos que algunos nos criticarán por plantear una vía de reparación para las familias de aquellos cuyos derechos básicos fueron vulnerados durante el Gobierno Militar. No nos sorprende, porque igualmente se nos criticaría por no plantearla. Hacemos nuestras las palabras de Jaime Guzmán: 'No me importa mi imagen, sino mi conciencia'".          

- "Tales graves excesos tuvieron lugar, es una evidencia: causaron y causan un dolor que también nosotros sentimos, y ellos no deben repetirse nunca. Sus consecuencias deben repararse y son responsabilidad de todos los chilenos; la UDI lo cree una necesidad moral, histórica y nacional, actualmente impostergable".

- "No son justificables, pero no hay registro histórico de que una conmoción de esa magnitud tenga lugar sin que deban lamentarse situaciones trágicas e injustas. Los odios y los miedos despertados en millones de chilenos por los propósitos expresos y por los métodos de la Unidad Popular mientras ella ocupó el gobierno, originaron uno de esos cuadros sociales en que toda la mentalidad colectiva está alterada, y al desaparecer el poder de quien despertó tales odiosidades, se desatan reacciones que quiebran todos los patrones normales de comportamiento".          

- "El problema de los derechos humanos vulnerados, con toda su gravedad moral y su justa carga emocional, no afecta la legitimidad intrínseca del paso que entonces dieron las Fuerzas Armadas y de Orden, a petición de la mayoría ciudadana, tras el quebrantamiento de todas las vías institucionales por la Unidad Popular. Y no es justo silenciar que muchos uniformados, así como muchos civiles, murieron o sufrieron lesiones irreparables a manos de la Unidad Popular y sus partidarios, antes, durante y después del 11 de septiembre de 1973. También ellos vieron sus derechos humanos vulnerados. Millones de chilenos se sintieron amenazados por la violencia física, moral y política que estaban ejerciendo sobre ellos grupos ideologizados que, mediante la ruptura institucional, pretendieron establecer un régimen totalitario, como ha ocurrido y sigue ocurriendo en Cuba por casi medio siglo, y como, expresamente, se quería entonces que sucediera también en Chile".

- "Mirando hacia atrás, todos los sectores, sin excepción, deberíamos admitir que, antes y después del 11 de septiembre de 1973, habríamos podido hacer más por resguardar los derechos humanos fundamentales, que no son patrimonio exclusivo de nadie. Pero eso es algo que cabe pensar con los antecedentes hoy disponibles y con la visión que ahora es posible: otra era la situación real entre el fragor de los odios, los peligros y las luchas de entonces".

Cabe destacar que en todo el texto recuerda los asesinatos de sus históricos dirigentes: Simón Yévenes (1986) y Jaime Guzmán (1991).

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