El último estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), publicado a inicios de este 2026, reveló que en Chile existen 3,8 millones de personas que viven inseguridad alimentaria moderada o grave; es decir, un 19,2% de la población nacional.
Dicho ítem, entre 2022-2024, aumentó en 400 mil personas en comparación con la última medición registrada en el periodo 2019-2021. En efecto, el indicador viene en ascenso constante desde hace 10 años.
Por definición, la inseguridad alimentaria es el acceso limitado a los alimentos a nivel individual o del hogar, debido a la falta de dinero o recursos.
De acuerdo con la FAO, existen dos niveles de severidad en el fenómeno: en la inseguridad alimentaria moderada, las personas enfrentan incertidumbre respecto de la capacidad para acceder a alimentos, y —en ciertos momentos del año— se ven obligadas a reducir la calidad o la cantidad de estos. En tanto, la inseguridad alimentaria grave es aquella en que las personas pasan por situaciones en las que se han quedado sin alimentos, han pasado hambre, o incluso han pasado días sin comer.
De 13 países con datos disponibles en América Latina y el Caribe para los periodos 2014-1016 y 2022-2024, solo tres (Honduras, México y República Dominicana) lograron reducir la inseguridad alimentaria moderada o grave.
En todas las otras naciones se presentó un aumento, incluyendo Chile.
"Fenómeno urgente"
El Director de la Oficina Chile de Rimisp - Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, Rodrigo Yáñez Rojas, afirma que tiende a malinterpretarse la idea de la inseguridad alimentaria. "Se entiende que si una persona come, no tiene inseguridad alimentaria, porque no tiene hambre, pero salir de la inseguridad alimentaria requiere tomar en consideración el aspecto nutricional. Comiendo solo pan y tomando té no se alcanzan los requerimientos nutricionales necesarios, o comiendo fideos con salchicha 5 veces a la semana. Puede que no se experimente “hambre”, tal como conocemos el concepto, pero se está en inseguridad alimentaria".
Así, la inseguridad alimentaria la pueden experimentar tanto quienes padecen desnutrición, como aquellos que están malnutridos por ingesta desequilibrada de alimentos poco diversos, ultraprocesados o poco saludables. Una persona obesa entonces también puede estar considerada en la inseguridad alimentaria.
El experto explica a Informe Especial que el aumento de la cifra es "un fenómeno de alta complejidad y urgente", puesto que el porcentaje de inseguridad alimentaria moderada o grave indica que "1 de cada 5 personas en Chile se saltan comidas o no pueden acceder a los alimentos que necesita un hogar para alimentarse de manera correcta durante un mes".
"Bajo presiones alimentarias, ¿cómo se trabaja? ¿cómo se estudia? ¿qué impresión tienen esas personas de la propia sociedad chilena? ¿qué sentido tiene para ellos la meritocracia, la democracia y otros conceptos que nos hablan de una vida colectiva en igualdad de condiciones?", sentencia Yáñez.
El doctor en sociología es optimista y sostiene que hay ejemplos de políticas públicas exitosas en otros países que han ayudado a disminuir estas cifras. También advierte que la inseguridad alimentaria se ve conjugada con diversos factores que provocan su permanencia, por ejemplo los empleos precarios.
"La inseguridad alimentaria golpea más fuertemente a los hogares cuando se vinculan con carencias en las dimensiones de trabajo (empleo precario, falta de seguridad social), vivienda (hacinamiento, carencia de servicios básicos) y redes sociales (discriminación, falta de apoyo comunitario); justamente las dimensiones donde no existen políticas públicas orientadas a reducir el problema del hambre. Este podría ser un camino para explorar e innovar una estrategia integral para atacar un problema urgente", dice, y advierte que eventuales medidas que hagan subir los precios de los alimentos impactan directamente en la inseguridad alimentaria en el largo y corto plazo.
Hambre crónica
En el estudio de la FAO también se analizaron las cifras de subalimentación o hambre crónica, la cual mide el acceso a la energía alimentaria, no el acceso a los alimentos como lo hace la inseguridad alimentaria.
Este indicador muestra una mejora a nivel mundial por primera vez desde 2017. En efecto, en 2024, 8,2% de la población de todo el planeta sufrió hambre crónica, lo que equivale a 673 millones de personas que no pudieron alimentarse según sus necesidades básicas. Lo anterior significa 15 millones menos de personas en comparación con el año anterior.
Para América Latina y el Caribe el informe de la FAO apunta que el hambre disminuyó por cuarto año consecutivo, situándose en 33,6 millones de personas.
Sin embargo, según el reporte, en Chile 2,5% de la población sufre de hambre a diario, lo que corresponde a unas 500 mil personas aproximadamente. La cifra se ha mantenido en el mismo nivel desde 2018.