Un joven Jorge Mario Bergoglio llegó a nuestro país en el año 1960 para cursar humanidades durante dos años en la Casa Loyola de los Padres Jesuítas, en la comuna de Padre Hurtado.
En aquella oportunidad el actual Papa Francisco cultivó amistad con sus compañeros chilenos que lo recuerdan como un joven sencillo y humilde.
El sacerdote Gerardo Schmidt lo recuerda como alguién entregado a la oración y muy estudioso. "Él participaba en todas las actividades, sea clases, recreo vacaciones era un hombre jovial , sereno y tranquilio", cuenta el sacerdote.
Quién también conoce muy bien al nuevo Sumo Pontífice es el padre Fernando Montes, quien, además de ser compañero de generación del Papa, ha forjado una amistad con el sacerdote argentino.
Ambos fueron superiores de los Jesuítas, Montes en Chile y Bergoglio en Argentina, funciones que cada cierto tiempo los juntaba y les daba tiempo para algo más que lo religioso.
"Me convidó a almorzar a la casa de los Jesuítas y él me preparó un asado como sólo los argentinos saben prepararlo (…) Él genera cierta atracción, muchas personas quedan ligadas a él por su atracción personal", manifiesta Fernando Montes.
Jorge Mario Bergoglio el joven que formó parte de su vida religiosa en nuestro país, un papado lleno de expectativas y que sorprendió a quienes lo conocieron en su paso por Chile.