Una mosca nativa del Ártico fue observada por primera vez formando colonias en cuevas de la península antártica, una expansión que amenaza a las especies nativas del continente blanco.
Ejemplares de la especie Trichocera maculipennis y sus larvas fueron hallados en cavernas cerca de pingüineras entre diciembre y marzo pasado, durante una expedición científica del Centro Internacional Cabo de Hornos.
El calentamiento global abre las puertas de la Antártida
Los investigadores de esta travesía aseguran que el aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático favorece la llegada de especies invasoras a la Antártida.
Según la ONU, la península antártica es una de las regiones del planeta que más se ha calentado en el último medio siglo, registrando un incremento de casi 3°.
En los últimos cinco años se había reportado la presencia del insecto en las alcantarillas de bases científicas y militares. Sin embargo, el escenario ha cambiado: "Ahora están haciendo su ciclo de vida en ambiente natural", advierte el biólogo Hugo Benítez, líder del equipo de investigación.
"El cambio climático aumenta las probabilidades de dar un ambiente propicio a especies que no vivían en este lugar", agrega.
Traídos por embarcaciones turísticas, científicas y militares
Se presume que el insecto llegó a bordo de barcos turísticos, científicos y militares, logrando establecerse en el territorio helado debido a los cambios térmicos, como también había advertido un estudio de la revista PeerJ en 2018.
Benítez, quien investiga a las especies invasoras desde hace una década, ya había alertado en un estudio publicado en la revista Zoologischer Anzeiger que esta mosca se estaba adaptando a la Antártida tras su larga odisea desde el Polo Norte.
En ese trabajo, realizado sobre 294 especímenes recolectados en cuatro estaciones antárticas, comprobó que las alas del insecto se acortaron a la mitad y adoptaron una forma triangular en lugar de redonda.
Un calor casi imperceptible que amenaza ecosistemas
La verdadera amenaza radica bajo tierra. Según el científico, la actividad de las larvas en el suelo provoca un aumento de temperatura que, aunque imperceptible a simple vista, puede generar "una desestabilización ecosistémica del ambiente".
"Los ecosistemas terrestres antárticos cuentan con pocas especies. La incorporación de un nuevo actor a estos ecosistemas podría tener un impacto significativo y es motivo de gran preocupación", comenta Arlie McCarthy, investigadora del Instituto Helmholtz de Biodiversidad Marina Funcional de Alemania, ajena al estudio.
Una amenaza para las colonias de pingüinos
Una de las hipótesis de la investigación en desarrollo es que la alteración del suelo y del microambiente a causa de las larvas podría afectar a las colonias de pingüinos, amenazando su estabilidad en las próximas dos décadas.
La mosca "llegó para quedarse", pero "tenemos que buscar estrategias en conjunto con la ciencia para evitar que genere este daño ecosistémico", afirma Benítez.
Como primera medida de contención, el equipo de científicos ya elabora trampas con feromonas para atraer a los ejemplares y mitigar su expansión en el territorio.