Con cada vez menos esperanzas de encontrar vivos a sus familiares, los deudos del doble sismo de Venezuela exigieron este viernes rapidez para recuperar los cuerpos, en medio de la incertidumbre sobre el número total de víctimas de la tragedia, mientras muchos se aferran a la búsqueda de los desaparecidos.
Hasta ahora, las autoridades actualizaron a 2.954 el saldo de muertos por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el país el 24 de junio, la mayoría en el balneario de La Guaira, vecino a la también golpeada Caracas.
Cumplidos nueve días desde los seísmos, las brigadas de rescate comienzan a cerrar operaciones de búsqueda de sobrevivientes, aunque muchos se aferran a cualquier señal que pueda ser interpretada como vida entre los escombros.
La ventana en este tipo de eventos cierra a las 72 horas.
Búsqueda en derruido hotel Eduard's Suite en Macuto
En Macuto, el exgrandeliga Eliézer Alfonzo busca entre una enorme montaña de escombros a su esposa y su hija atrapadas en los restos de un hotel. Su esperanza se mantiene intacta tras nueve días de los terremotos.
El exbeisbolista busca con maquinaria que él mismo gestionó entre las ruinas del hotel Eduard's Suite en Macuto, en el costero estado La Guaira, una de las zonas más afectadas por los sismos a unos 40 km de Caracas.
A través de la embajada de Estados Unidos coordinó que rescatistas de ese país se sumaran a la búsqueda que hasta hace unos días efectuaban familiares, amigos y voluntarios sin la intervención del gobierno venezolano.
Su hija Eliana Patricia, de 16 años, es ciudadana venezolana-estadounidense. Estaba junto a su madre, Patricia Alejandra en la habitación 407.
Hacia la tarde de este viernes encontraron con vida a Mila, la perra de tres meses de su familia. Sus ladridos les advirtieron a los "americanos" y los "topos" locales que había vida.
"Si apareció la perrita de mi hija yo pienso que ellas dos están ahí porque yo sé que son bastante guerreras", se consuela Alfonzo, de 47 años, ante la AFP.
Este hotel, ubicado cerca de una línea de costa con vistas idílicas del mar Caribe, es una de las casi 200 estructuras que colapsaron por completo luego de los potentes terremotos, según cifras oficiales.
"Señales de vida"
El día de los terremotos, ambas se alistaban para encontrarse con el exgrandeliga y acompañarlo a un partido de Delfines de La Guaira, equipo de la Liga Mayor de Béisbol Profesional (LMBP) de Venezuela que conduce como entrenador.
Antes que se sumaran los socorristas estadounidenses, veinte mineros de Tumeremo, una población del estado Bolívar (sur) rica en oro, trabajaban sin descanso entre inaccesibles vericuetos formados por los escombros del hotel de ocho pisos. Mila "está bastante débil pero gracias a Dios ya se le hicieron los primeros auxilios", relata.
En las últimas horas se han hecho pruebas para detectar vida entre el amasijo de concreto y metales. "Los caninos dan señales de vida", afirma el pelotero que intenta mantenerse firme, aunque a ratos sus lágrimas afloran.
La lenta recuperación de cadáveres
En La Guaira y todos los lugares afectados por los sismos, la frustración crece desde el momento en que la tierra tembló. Primero por la falta de ayuda para buscar sobrevivientes, ahora por la falta de apoyo en la extracción de los cadáveres que se descomponen.
Algunos familiares, cuando pueden, colocan cal sobre los cuerpos para "amortiguar" el proceso de descomposición.
"Nos dicen que no, que están buscando a los vivos, pero ¿y los muertos? ¿No son seres humanos también?", dijo a la AFP Dalimer Díaz, de 43 años, frente a los escombros de un edificio donde están atrapados los cuerpos de su madre, hermanos y sobrinos. "Nadie quiere sacar a los muertos, tenemos que sacar los cuerpos nosotros mismos, necesitamos una maquinaria que nos ayude".
"Es una indignación, es antihumano", expresó por su parte José Vieira, de 40. "Lo que quieren es que todo el mundo se termine de morir para pasar la maquinaria y que se olvide esto. No puede ser".
El gobierno interino evita hablar de desaparecidos, estimados en 50.000 por Naciones Unidas. Los damnificados se calculan en millones. Muchos están en la calle o en precarios refugios instalados en parques sin un futuro claro en el horizonte.