Humala parte

Humala parte "segundo tiempo" más solo y menos popular

Falta de apoyo político complica su agenda reformista, en medio de críticas porque, a pesar del fuerte crecimiento económico, un tercio de los peruanos vive en la pobreza.

24Horas.cl Tvn
11.02.2014

Cuatro meses antes de participar por primera vez en unas elecciones presidenciales, el peruano Ollanta Humala no había esbozado ni siquiera un plan de gobierno.

"No tengo todavía una plancha (equipo) presidencial", confesó en diciembre del 2005 al empresario Salomón Lerner, que cinco años y medio después se convirtió en su primer ministro.

"Necesitaríamos buscar un grupo de políticos que ya esté inscrito", relató Lerner a Reuters sobre ese primer encuentro con Humala.

Para algunos, la anécdota ilustra la determinación del militar retirado que llegó al poder en el 2011 con la promesa de repartir mejor la bonanza económica de Perú, un país que ha venido creciendo a tasas chinas en la última década pero donde un tercio de la población vive en la pobreza.

Pero para otros, demuestra la improvisación e inexperiencia que han dejado al mandatario nacionalista más aislado y menos popular que nunca al comenzar la segunda mitad de su mandato.

Nadie parece conforme. Los empresarios reclaman por la falta de reformas y muchos de los que lo llevaron al poder dicen sentirse defraudados por la moderación de sus políticas sociales.

Las dificultades para tejer alianzas con la oposición y la falta de cuadros políticos fuertes ponen además en riesgo la ambiciosa agenda de reformas de Humala, cruciales para atraer inversiones cuando la economía peruana es golpeada por una menor demanda por sus minerales.

La segunda mitad de su período será un acto de equilibrio para el mandatario de 51 años, que deberá recuperar la confianza de los empresarios y mejorar la calidad de vida de los más pobres cuando se avecinan comicios locales que amenazan con reavivar latentes conflictos sociales.

"Sin partido y articulación políticas, esto puede ser complicado", advirtió el analista de la Universidad Católica del Perú, Eduardo Dargent.

REFORMAS EN PELIGRO

Quienes trabajaron con Humala dicen que sus idas y venidas pueden ser desconcertantes.

Poco después de asumir la presidencia, por ejemplo, decidió mejorar las jubilaciones de las fuerzas de seguridad. Como las negociaciones se dilataban, ordenó a sus ministros de Economía, Defensa e Interior que se encerraran con policías y militares un fin de semana entero para llegar a un acuerdo. Aún así no hubo manera. Humala terminó con dos proyectos diferentes sobre su escritorio.

¿Qué hizo? Anunció que había escogido uno, pero finalmente terminó promulgando el otro, contó a Reuters uno ex colaborador.

Humala tuvo que resignarse a no poder terminar algunos de sus planes más ambiciosos. La creación de un polo petroquímico en la costa del Pacífico se quedará a medias por una serie de retrasos en la construcción del gasoducto que lo abastecerá.

Los analistas dicen que Humala ha perdido su capacidad de articulación política. Desde su llegada al poder, le ha costado convivir con la oposición liderada por el ex presidente Alan García y por Keiko Fujimori, hija del encarcelado ex mandatario Alberto Fujimori.

Y eso limita por ejemplo su capacidad de modernizar las débiles instituciones peruanas, que las agencias calificadoras consideradas una señal de alerta para los inversores.

También compromete sus promesas electorales de mejorar la calidad de la salud y la educación públicas.

"Si la debilidad política de Humala limita su capacidad de hacer daño, también limita su capacidad de promover reformas sustanciales", escribió Steven Levitsky, un politólogo de la Universidad de Harvard, en la revista local Poder.

Sus ex colaboradores dicen que Humala no ha sabido explotar bien sus logros.

"El talón de Aquiles del Gobierno siempre lo fue la comunicación. No hay comunicación", dijo a Reuters el empresario y militar retirado Oscar Valdés, otro ex jefe de gabinete de Humala.

Esa carencia le ha jugado en contra al presidente a la hora de defender, por ejemplo, los programas sociales que suele llamar "la niña de mis ojos" como subsidios de alimentos, pensiones para los ancianos y becas de estudio.

"Hay un déficit de actores políticos que lo comuniquen y defiendan", dijo Dargent, de la Universidad Católica del Perú.

GRANDES EXPECTATIVAS

Al bautizarlo Ollanta, que en lengua quechua significa "el guerrero que todo lo ve", su padre confiaba en que el tercero de sus siete hijos estaba destinado a cosas grandes.

"Una vez se accidentó y estuvo en cama. Apenas se levantó, corrió y se estrelló con un poste", recuerda Isaac Humala, un abogado que inculcó a su hijo desde pequeño los valores del nacionalismo indígena, en una entrevista con Reuters en el patio de la casa donde desde niños sentaba a Ollanta y a sus hermanos a leer y debatir de política.

"Le dije: tú antes de hacer cosas frénate, piensa y haz", dijo el hombre que siempre soñó que alguno de sus hijos llegara a presidente, aunque fuese empuñando las armas.

Pero fue la perseverancia la que terminó llevando lejos a Ollanta. No se desanimó, por ejemplo, cuando su carrera militar encalló tras liderar en el 2000 una revuelta en contra del presidente Fujimori y para alejarlo lo enviaron como agregado militar a Corea del Sur.

Y su determinación fue lo que hace una década convenció a empresarios de izquierda como Lerner a acompañarlo en lo que entonces parecía una improbable aventura presidencial.

"Es una personalidad que no le gusta estar mucho en la mesa discutiendo. Le gusta estar haciendo", dijo el empresario.

Su capacidad de trabajo es uno de sus principales sellos. Colaboradores cuentan que Humala duerme poco y despacha con sus ministros en la madrugada, en ocasiones a punta de galletas con pasas. "Es un tractor", dijo Juan Jiménez, el tercero de los cuatro jefes de Gabinete que ha tenido hasta ahora.

"NADINE, NADINE, NADINE"

Humala tampoco se desanimó cuando perdió las presidenciales del 2006. Cuentan que dedicó los años siguientes a estudiar temas económicos que desconocía y a entrevistarse con expertos, políticos y empresarios que desconfiaban del ex teniente coronel metido ahora a político.

Pese a los tropezones de los primeros dos años, Humala arrancó el 2013 con una aprobación del 53 por ciento, según una encuesta de Ipsos Perú. Y sin embargo, terminó el año con menos de la mitad.

Descrito por ex colaboradores como un hombre introvertido al que "le costaba mucho ponerse la corbata", Humala se fue apartando poco a poco del juego político. Tal vez demasiado.

Asesores y legisladores de izquierda se sintieron dejados de lado cuando Humala adoptó posiciones pragmáticas para convencer a los empresarios de que respetaría las inversiones en una de las economías más vibrantes de Latinoamérica.

Humala compensó en parte el aislamiento rodeándose de personas que conocía muy bien. "Tomó la decisión de que sus asesores políticos y militares sean los mismos", dijo a Reuters una fuente de inteligencia.

Pero la deserción de sus aliados también lo hizo apoyarse aún más en su esposa Nadine. La telegénica primera dama de 37 años representa a Humala en muchos actos públicos y hace poco fue designada presidenta interina del Partido Nacionalista.

Su protagonismo es tan grande que muchos especulan que podría postularse en las elecciones del 2016, en lo que el ex presidente García ha descrito como una "reelección conyugal".

Ella ha dicho que no tiene ambiciones presidenciales. Pero para muchos peruanos es evidente que es su mano derecha.

Consultado sobre quiénes son las tres personas en las que más se apoya el mandatario, el ex primer ministro Lerner respondió sin vacilar: "Nadine, Nadine, Nadine".

RECLAMOS DE EMPRESARIOS

Si bien Humala mantuvo firme el curso que hizo despegar a Perú y retuvo a expertos ortodoxos al mando de la economía, las relaciones con el sector privado se fueron desgastando durante la primera mitad de su mandato.

Mucho tuvo que ver la engorrosa burocracia que ha demorado la entrega de permisos y minado la confianza de los inversores.

"Uno siempre quiere que las cosas vayan más rápidas y lo que hemos encontrado es un ritmo del Estado muy lento a nuestro querer, a nuestros deseos", reconoció Humala en una entrevista con el diario español El País el año pasado.

Pero también con problemas de organización al interior de su gobierno. Cuentan que al inicio de su mandato un empresario debió deambular de un ministerio a otro para que le aprobaran una inversión de casi 1.000 millones de dólares en el sector petroquímico.

Esa situación, sin embargo, está cambiando. Consciente de los problemas, Humala aceleró el año pasado la concesión de proyectos por un récord de casi 10.000 millones de dólares. Y para el 2014, espera alcanzar un monto similar.

Aunque en el 2013 la economía creció un 5 por ciento -por debajo de su potencial según los expertos- y Perú reportó su primer déficit comercial en una década, el Gobierno ha pedido a los empresarios que no vean solo "nubarrones". La expansión, aseguran, debe acelerarse este año a un 6 por ciento.

En el frente político, Humala podría aprovechar el fallo de una corte internacional que concedió el mes pasado a Perú parte de una porción de mar que peleaba con Chile para relanzar su popularidad.

El día del anuncio bajó a los jardines del patio del Palacio de Gobierno con Nadine y sus ministros y mandó a abrir las puertas para que decenas de personas que estaban tras las vallas pudieran escucharlo.

Humala está intentando además agilizar proyectos y reformas claves para el crecimiento a largo plazo de Perú, aunque muchos verían la luz recién después de su mandato en el 2016.

Si no lo logra, advirtió su ex primer ministro Valdés, "los dos años y medio que faltan (...) van a ser bastante áridos en lo que son resultados".

Fuente: Reuters


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